El escenario político de Manabí empieza a dinamizarse de cara a los próximos comicios seccionales, y Portoviejo se perfila como uno de los cantones con mayores desafíos institucionales. En este contexto, Leonel Muñoz, precandidato a la alcaldía de la capital manabita por el movimiento Acción Democrática Nacional (ADN), presenta una propuesta fundamentada en sus más de dos décadas de experiencia dentro de la función pública local y zonal.

Con un diagnóstico crítico sobre el estado actual de la recolección de desechos, el mantenimiento de los espacios públicos y la percepción de desprotección ciudadana, Muñoz apuesta por un modelo de gestión integral. A través de su iniciativa "Portoviejo Seguro", el aspirante plantea una articulación directa entre la municipalidad, la comunidad y el Gobierno Nacional para mitigar los índices delictivos y reactivar la economía comercial del cantón. 

¿Qué motivó a Leonel Muñoz a buscar la Alcaldía de Portoviejo?

Tengo 20 años de experiencia en el sector público, y esa trayectoria me ha permitido conocer la realidad de nuestro querido cantón, de su gente y mantener un contacto cercano con ella. Yo creo que hay algo que siempre me marcó y que, probablemente por temas de la edad, todavía no había logrado entender, porque aún no había llegado a esa etapa de madurez necesaria.

Las personas con las que había venido trabajando constantemente en las diferentes instituciones siempre me decían dos cosas. La primera era: Cuando usted habla, habla con el corazón, y yo le creo. Esa era una de las frases que más escuchaba. La segunda era que había algo que yo hacía sin darme cuenta: transformar la vida de las personas.

Después de analizar mucho esa experiencia en el sector público comprendí que, con pequeñas acciones, realmente se pueden transformar vidas.

Usted asegura que esas experiencias marcaron su visión de servicio. ¿Qué proyectos recuerda como los más representativos?

Tengo varios ejemplos de las diferentes instituciones por las que he pasado. Cuando estuve en el IESS, que fue el primer cargo en el que estuve al frente de una institución con una responsabilidad mayor, tenía el control de todos los hospitales de Manabí y Santo Domingo porque era una dirección zonal.

Me di cuenta de que los jubilados no contaban con un área para rehabilitación ni con un espacio de esparcimiento. Entonces creamos dos. Una en el Hospital de Portoviejo, únicamente mediante gestión, sin gastar recursos; y otra en la Unidad Médica de Los Esteros, en Manta, donde también logramos construir un área con el aporte de la empresa privada y de los prestadores de servicios que trabajaban con el IESS.

Cada uno puso su granito de arena y conseguimos que los jubilados tuvieran un lugar para realizar actividad física y compartir. Eso también es transformar la vida de las personas con pequeñas acciones.

Uno de los proyectos que más menciona es Hermanas de Tierra del plan Triple AAA. ¿Cómo nació esa iniciativa y qué resultados obtuvo?

En el Triple AAA creamos el proyecto Hermanas de Tierra, que nació a partir de una iniciativa de la persona que colaboraba conmigo en el área social, porque necesitábamos levantar una línea base. Para mí, la mejor forma de hacerlo siempre iba a ser a través de la mujer, porque tiene la forma más fácil de entrar a la casa.

En ese proceso comenzaron a surgir comentarios y suspicacias, relacionados con temas de género y machismo. Decidimos trabajar sobre esa problemática y conseguimos el auspicio de ONG que financiaron varios programas; nosotros no tuvimos que asumir esos costos.

De ahí nació la propuesta de crear una obra de teatro con mujeres de la zona rural, que terminó convirtiéndose en el proyecto más emblemático del Triple AAA. Hermanas de Tierra se hizo conocida por esa obra, protagonizada por mujeres de la montaña, quienes llegaron a presentarse en Bolivia, Perú y, en tres ocasiones, en la Embajada de España.

Posteriormente desarrollamos programas de capacitación. Identifiqué que muchas de ellas no asistían porque no tenían cómo movilizarse, por lo que planteamos la creación de un restaurante. Ganamos un premio nacional con ese proyecto y actualmente ellas administran ese negocio.

Son más de 200 mujeres que hoy están consolidadas y transforman su vida día a día con su propio trabajo. Eso es lo que realmente me motiva. Creo que tengo esa fortaleza basada en la experiencia para plantear diferentes estrategias y proyectos con los cuales podemos transformar la vida de la gran mayoría de los portovejenses.

Más allá del discurso, ¿cómo se traduce esa experiencia en una propuesta técnica para el desarrollo de Portoviejo?

El primer punto es poner orden en el Municipio. Hay que organizar muchas cosas que hoy no están funcionando. También reconozco que existen áreas que sí han dado resultados. Por ejemplo, el deporte tenía iniciativas importantes como el Mundialito y otros proyectos que estaban funcionando muy bien.

Pero también hay servicios que se han deteriorado. La calidad de la recolección de basura ha disminuido; es un desastre y Portoviejo lo sabe. No es posible que el Municipio haya hecho un esfuerzo invirtiendo en vehículos y todavía veamos que la basura se recoge en camionetas desbaratadas. Esa es una realidad y ese modelo debe revisarse y corregirse.

También se han descuidado los parques. Portoparques tiene un enorme potencial porque puede desarrollar alianzas público-privadas que permitan generar ingresos, recuperar esos espacios y, sobre todo, devolverles vida y seguridad a los ciudadanos.

La seguridad es uno de los temas que más preocupa a la ciudadanía. ¿Cuál es su propuesta en esa materia?

Cuatro de cada diez portovejenses demandan seguridad. No estamos hablando del miedo, porque el miedo es una emoción; todos lo sentimos. El verdadero problema es la inseguridad.

Aunque la seguridad es competencia del Gobierno Nacional, el Municipio debe convertirse en un aliado para combatirla desde el territorio. Nadie puede decir que va a eliminar completamente la inseguridad, porque eso sería imposible mientras no cambien muchas leyes. Lo que sí podemos hacer es disminuir su impacto.

Para eso planteamos estrategias como renovar e incrementar las cámaras de videovigilancia, darles mantenimiento y actuar en más de 50 puntos identificados como zonas rojas, naranjas y amarillas. Allí deben ejecutarse proyectos comunitarios, mejorar los recorridos, fortalecer la vigilancia y recuperar esos espacios para la ciudadanía.

Nuestro objetivo no es eliminar la inseguridad, sino reducirla y hacer que los ciudadanos se sientan más seguros.

¿Por qué considera que la seguridad también incide directamente en la economía local?

Porque hoy muchos negocios tienen que cerrar a las seis, siete u ocho de la noche. Eso afecta no solamente al propietario, sino también a todas las familias que dependen de esos establecimientos.

Tenemos que pensar de manera integral. Por eso presentamos nuestro plan Portoviejo Seguro, que tiene tres ejes fundamentales. Si logramos un territorio más seguro, atraeremos inversión privada, fortaleceremos la actividad comercial y volveremos a dinamizar la economía en beneficio de todos los ciudadanos.

El primer eje se denomina Entorno Seguro y busca garantizar espacios adecuados para la ciudadanía. Cuando hablo de inseguridad no me refiero únicamente a la delincuencia organizada; también es inseguridad caminar por calles oscuras, encontrar parques abandonados o canchas sin iluminación que terminan siendo tomadas primero por el consumo de alcohol, luego por las drogas y finalmente por la delincuencia. Lo que debemos hacer es recuperar esos espacios y ofrecer un mejor entorno para todos.

También plantea reformas mediante ordenanzas municipales. ¿Qué cambios propone?

Actualmente, en muchos sectores de Portoviejo no sabemos quiénes son nuestros vecinos, porque no existe un mecanismo que permita conocer a quién se le está alquilando una vivienda.

Hace unos meses, en una urbanización privada cercana a donde vivo, encontraron una banda de siete personas que había comenzado a extorsionar en la calle 5 de Junio. Cuando fueron detenidos, terminaron las extorsiones.

Por eso propongo una ordenanza que incentive a quienes alquilan viviendas a registrar, mediante una plataforma digital, los números de cédula de las personas con las que celebran contratos de arrendamiento. Esa información podría cruzarse con bases de datos para verificar antecedentes y conocer quiénes residen en determinados sectores.

No sería una obligación, sino un incentivo. Por ejemplo, se podría otorgar un descuento en el pago del impuesto predial a quienes participen en ese sistema. De esa manera se fortalecería la seguridad y los ciudadanos podrían sentirse un poco más tranquilos.

Los proyectos MegaHidro y Triple AAA buscan ampliar la cobertura de servicios básicos. ¿Qué acciones impulsaría para atender los sectores urbanos que aún carecen de estas obras y qué retos identifica a futuro?

Primero hay que hacer un levantamiento. Hay que ver cuál es el alcance que están teniendo, hasta dónde están llegando. No conozco el detalle de los avances de los proyectos, pero estimo que nadie quiere hacer las cosas mal; imagino que se están haciendo bien para que el sistema funcione.

Obviamente, tenemos que pensar en lo que viene, porque al incrementarse la demanda de todos estos sectores que van a contribuir con sus aguas residuales, debemos pensar en la planta de tratamiento de aguas residuales. Esa planta ya dejó de cumplir su ciclo de vida útil hace muchos años. Cuando yo estaba en Portoaguas ya existía un estudio sobre ese tema y nosotros la seguimos repotenciando para que continuara funcionando.

Yo soy vecino de la planta de tratamiento de aguas residuales, vivo junto a ella y los malos olores los percibo con más frecuencia que antes. En su momento se hicieron inversiones, no una gran inversión, sino inversiones inteligentes para disminuir la emisión de gases.

El Municipio plantea construir una nueva planta de tratamiento de aguas residuales con financiamiento internacional. ¿Cómo observa esa propuesta y cuáles considera que son los principales desafíos para concretarla?

Lo que plantea el actual alcalde, me parece correcto. Sin embargo, lo que recuerdo, y la proyección que nosotros hicimos años atrás, era que para poder financiar la planta de tratamiento de aguas residuales había que convencer al Gobierno de que asumiera la mitad de la deuda del Triple AAA, que era de casi 60 millones de dólares.

Con eso, una vez que el Gobierno asumiera esa parte de la deuda, se podía plantear el financiamiento de la nueva planta de tratamiento de aguas residuales. El Municipio tiene un endeudamiento fuerte y esa inversión debe recuperarse mediante la contribución especial por mejoras y el cobro de los servicios.

No se trata solamente de dotar de agua potable a la zona rural y dejar las cosas ahí. A la ciudadanía hay que crearle una cultura de pago desde el inicio, porque si no se hace, lamentablemente el sistema se va a deteriorar.

Cuando llegué a Portoaguas, la empresa recaudaba 350 mil dólares después del terremoto. Llegamos a recaudar un millón de dólares. El primer reto era demostrar que sí se podía recaudar ese millón, pero eso fue el resultado de un proceso progresivo para crear una cultura y una conciencia ciudadana de que el agua debe medirse y pagarse de acuerdo con el consumo.

La movilidad es otra de las principales preocupaciones de los portovejenses. ¿Qué propuestas plantea para reducir la congestión vehicular y mejorar la circulación en la ciudad?

Sí, hay un plan y hay que ejecutarlo. Lo primero es revisar los estudios de movilidad que existen, porque las ciudades son dinámicas y van cambiando. Es necesario actualizarlos para conocer qué es lo que realmente se debe hacer.

Todavía está planteada la construcción del puente Bicentenario, que no se alcanzó a ejecutar y que estaría a la altura de la avenida del Periodista hasta conectar con la avenida del Ejército. Con esa obra se le daría mayor fluidez a la ciudad.

Sin embargo, todavía hay aspectos muy básicos que no han cambiado. Yo sigo viendo semáforos donde tienes luz roja en una intersección, avanzas y en la siguiente encuentras luz verde, pero más adelante vuelves a detenerte por otra luz roja. No existe una continuidad en el flujo vehicular.

Para lograr esa continuidad hay que programar mejor los tiempos de los semáforos y utilizar tecnología moderna, como sensores y semáforos inteligentes. También es necesario replantear el direccionamiento de algunas calles. Hay calles que, cuando uno las recorre, se da cuenta de que ya no responden a la realidad de la ciudad.

Existen intersecciones, por ejemplo en la avenida Manabí y en las conexiones con las vías transversales, donde todos los vehículos permanecen detenidos en rojo y podría habilitarse un giro o un avance con precaución mediante una adecuada señalética o un semáforo. Esas son las cosas que hay que analizar para mejorar la movilidad en Portoviejo.

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