Ninguna provincia puede aspirar a mejorar los niveles de productividad mientras sus productores enfrenten deficiencias en infraestructura y una burocracia que consume tiempo y recursos. 

Hay que señalar que la competitividad no depende solo del esfuerzo empresarial. También requiere condiciones adecuadas para producir, transportar y comercializar bienes y servicios.

En Manabí se requiere mucho en este sentido. Al contar con carreteras en buen estado, sistemas de riego eficientes, conectividad digital y puertos competitivos se reducen costos y se facilita el crecimiento de la actividad económica. 

Cuando las condiciones fallan, los productores pierden oportunidades y se limita su capacidad para generar empleo e inversión. En el caso de Manabí, las carencias tienen un impacto directo en el desarrollo.

A esto se suma la tramitología excesiva. Emprendimientos y empresas destinan demasiado tiempo y dinero para cumplir complejos requisitos y en varias entidades.

Las instituciones deben acelerar la digitalización de servicios, consolidar ventanillas únicas y eliminar exigencias que no aportan valor. Hay que romper barreras que obstruyen la inversión y restan productividad.