El sector de la palma aceitera ecuatoriana presentó en 2025 una recuperación gradual en zonas productoras como Santo Domingo de los Tsáchilas y Esmeraldas, tras varios años de caída por factores sanitarios y económicos. 

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Un cultivo clave golpeado por factores sanitarios

La palma aceitera, uno de los principales cultivos del eje rural en Ecuador, atraviesa una etapa de recomposición luego de varios años de contracción. La expansión de la Pudrición del Cogollo (PC) alteró el rendimiento de las plantaciones y redujo de forma considerable la oferta de materia prima en el país. 

El impacto se reflejó en la pérdida de superficie productiva y en la caída de la producción nacional. Se estima que la afectación alcanzó alrededor de 120.000 hectáreas, equivalente a casi el 47% del área sembrada, lo que implicó dejar de producir cerca de 260.000 toneladas de aceite.

Este escenario modificó la dinámica de la cadena, afectando tanto a productores como a la industria de procesamiento.

El epicentro del retroceso de la palma aceitera 

En Santo Domingo de los Tsáchilas, uno de los territorios con mayor tradición palmicultora, la caída fue más pronunciada. Entre 2018 y 2023, el volumen de producción de la palma aceitera registró una reducción superior al 80%, con variaciones marcadas entre años.

El punto más alto del periodo reciente se registró en 2020, con 185.023 toneladas obtenidas en más de 13.600 hectáreas cosechadas. Sin embargo, dos años después, en 2022, el escenario cambió drásticamente: la producción de la palma aceitera descendió a 18.302 toneladas, con apenas 2.500 hectáreas activas, según cifras del mismo sector. 

La diferencia entre ambos años evidencia una contracción superior al 90%, una de las más severas registradas en la provincia.

En promedio, durante el periodo 2018-2023, la producción se ubicó en 109.524 toneladas, mientras que la superficie cosechada fue de 10.494 hectáreas, lo que confirma la inestabilidad del cultivo en la zona.

Indicadores nacionales muestran avance limitado

A escala nacional, el comportamiento del sector de la palma aceitera también refleja una mejora moderada, aunque insuficiente para alcanzar su nivel histórico.

Las exportaciones evidencian un crecimiento leve: pasaron de 138.559 toneladas en 2024 a 139.506 en 2025, según el Banco Central del Ecuador. Sin embargo, la comparación con años anteriores muestra la brecha existente. 

En 2016, Ecuador superó las 312.803 toneladas de palma aceitera, lo que ubica la producción actual en menos de la mitad de ese volumen.

Este desfase confirma que el proceso de recuperación continúa en marcha, pero aún sin consolidarse.

Cambios en el uso del suelo y decisiones productivas

La caída en la productividad llevó a una reorganización del territorio agrícola. En varias zonas, especialmente en Santo Domingo, productores optaron por reducir o abandonar la palma y migrar hacia otros cultivos.

Entre las alternativas más frecuentes se encuentran cacao, plátano, maíz y maracuyá, que presentan ciclos más cortos y menores requerimientos de inversión inicial.

El costo de establecer nuevas plantaciones de palma es uno de los factores determinantes. Se calcula que una hectárea requiere alrededor de 6.000 dólares durante los primeros cinco años, sin generar ingresos en ese periodo.

Capacidad industrial afectada

La menor disponibilidad de fruta impactó directamente en la operación de las extractoras, piezas clave en la cadena productiva.

Mientras en años anteriores se registraban más de 40 plantas activas, actualmente el número se ha reducido a cerca de 14, muchas de ellas operando por debajo de su capacidad, según un reportaje de Diario Expreso. 

En algunos casos, la actividad se mantiene con niveles de producción cercanos a un tercio de su potencial, lo que eleva costos y reduce la eficiencia del sistema.

El aceite de palma ecuatoriana continúa participando en el comercio internacional, aunque con un alto grado de concentración en ciertos destinos.

Colombia absorbe aproximadamente el 50% del excedente de producción, lo que convierte a ese país en un socio clave, pero también en un factor de riesgo ante posibles cambios en condiciones comerciales.

A nivel global, la palma aceitera mantiene competitividad. Los precios han mostrado incrementos, con variaciones de hasta 7% en el mercado local y superiores al 10% en referencias internacionales, impulsados por la demanda de aceites vegetales y biocombustibles.

Efecto combinado de crisis sanitaria y pandemia

El deterioro del sector no responde a un solo evento. La expansión de la Pudrición del Cogollo coincidió con el impacto de la pandemia, lo que intensificó la caída.

Las restricciones de movilidad, la disminución de la demanda y las dificultades logísticas afectaron la comercialización y la continuidad de la producción.

Aunque en 2020 se registraron niveles altos, los años posteriores reflejaron el impacto acumulado de ambas crisis.

En 2023, Santo Domingo mostró señales de recuperación, con una producción de 33.721 toneladas, lo que representa un crecimiento del 84,28% frente a 2022.

No obstante, esta cifra sigue muy por debajo de los registros previos a la crisis, cuando la provincia superaba las 120.000 toneladas anuales.

El repunte ha sido impulsado por la introducción de variedades híbridas más resistentes, que buscan mejorar la productividad y reducir el impacto de enfermedades.

Actualmente, la provincia cuenta con más de 1.000 hectáreas de palma híbrida, lo que marca una nueva etapa en el proceso productivo.

Un sector en proceso de ajuste

La palma aceitera mantiene su importancia en la economía rural ecuatoriana, aunque atraviesa una fase de transición.

El desafío principal es recuperar la capacidad productiva, fortalecer la estructura industrial y reducir la dependencia de mercados específicos.

En paralelo, el sector avanza en la incorporación de nuevas tecnologías y prácticas agrícolas, con el objetivo de estabilizar su crecimiento en el mediano plazo.