Manabí posee ventajas estratégicas para fortalecer su economía y convertirse en un referente de desarrollo productivo en el país. Sin embargo, según Carlos Lara Zavala, consultor en desarrollo productivo, la provincia no ha aprovechado plenamente los incentivos legales creados por el Estado para atraer inversiones, fomentar exportaciones y generar empleo.

En entrevista con Manavisión Plus, Lara sostuvo que herramientas como las zonas francas, los polos de desarrollo, los parques industriales y otros regímenes especiales representan una oportunidad para dinamizar la economía de Manabí, atraer inversiones y generar empleo, siempre que exista una mayor articulación entre las autoridades, el sector privado, la academia y la ciudadanía.

El especialista también destacó la necesidad de impulsar nuevos mercados para los productos agrícolas manabitas, fortalecer la promoción de inversiones y apostar por actividades vinculadas a la tecnología y los servicios digitales. Además, planteó que los jóvenes podían desempeñar un papel determinante en la transformación económica de la provincia y en la construcción de nuevas oportunidades de desarrollo.

¿Por qué considera que Manabí no ha aprovechado plenamente los incentivos para atraer inversiones y fomentar el desarrollo económico?

En Manabí, lamentablemente, no hemos utilizado adecuadamente todos los incentivos y las leyes que el Ecuador ha expedido para fomentar la inversión y fortalecer las ofertas exportables, pese a que somos una provincia con enorme potencial.

Eso no nos ha permitido posicionarnos en el mercado de inversionistas ni en el de las ofertas exportables. En consecuencia, únicamente nos ha tocado esperar y acompañar a quienes ya han recorrido ese camino que la legislación ecuatoriana sí permite transitar.

Cuando hablamos de polos de desarrollo, zonas francas, zonas especiales económicas, parques industriales y otros regímenes creados para atraer inversión, fomentar la economía y generar empleo, debemos reconocer que en Manabí no los hemos aprovechado.

Hemos tenido dos experiencias de zonas francas, una en Montecristi y otra en Manta, pero después de eso no se han impulsado nuevas iniciativas, aunque conozco que actualmente se promueve una tercera propuesta.

Es importante que quienes vivimos en este territorio sepamos que el país ha creado normas legales para incentivar la producción. Sin embargo, las entidades relacionadas con la administración y el fomento productivo han mirado hacia otro lado y no han profundizado realmente en estos temas.

Por eso considero que este es el momento oportuno para decirles a los nuevos dignatarios que llegarán después de las elecciones que miren hacia el fomento productivo y el desarrollo económico, porque allí está una de las principales soluciones a la tensión social que vivimos. Es ahí donde se genera empleo, se capacita a la gente y nuestros jóvenes pueden acceder a mejores oportunidades académicas y de aprendizaje, algo que lamentablemente no hemos aprovechado durante todo este tiempo.

Además del puerto de Manta, ¿qué otros sectores deberían impulsarse para dinamizar la economía de Manabí?

Yo siempre me hago una pregunta: ¿hemos conocido realmente en profundidad los convenios internacionales suscritos para fomentar las exportaciones de nuestros productos?

Muchos de los productos que genera la provincia están contemplados dentro de esos acuerdos internacionales. Sin embargo, no ha existido una estrategia ni un proceso de aprendizaje que permita a Manabí aprovechar esas oportunidades y convertirlas en una herramienta para impulsar las exportaciones de una provincia eminentemente agrícola.

La pesca, el puerto y el aeropuerto son instrumentos importantes para el desarrollo, pero también el sector agrícola exportador constituye una fuente inagotable de recursos y actividad económica que no debemos dejar de lado.

La idea es conocer bien esos mecanismos para trasladarlos a nuestros jóvenes y a nuestros campesinos, con el fin de iniciar una verdadera cultura de producción orientada a la exportación.

¿Qué productos agrícolas considera que podrían fortalecer la oferta exportable de la provincia?

Si nos detuviéramos a revisar cuáles son los productos con potencial, encontraríamos varios que son propios de nuestra tierra y que podrían cultivarse y exportarse con éxito, como los arándanos, la cebolla perla, el mango y muchos otros que forman parte de nuestra producción cotidiana.

Con planificación y un adecuado análisis de competitividad y de mercado, estos productos podrían convertirse en parte de una propuesta exportadora importante.

Definitivamente debemos avanzar hacia ese objetivo y las autoridades locales tienen la obligación de mirar al desarrollo económico como una alternativa para fortalecer la convivencia social y el progreso de la provincia.

¿El centralismo ha limitado el desarrollo económico de Manabí?

Siempre el centralismo resulta perturbador, agobia, molesta e interrumpe cualquier proceso. Sin embargo, considero que también existe una debilidad de nuestra parte, porque podríamos estar mejor preparados para romper esas barreras, especialmente fuera del ámbito del sector público.

El sector privado, el agropecuario, el exportador y el de servicios tienen hoy alternativas como las zonas francas tecnológicas y las zonas francas financieras.

Las leyes existen, pero hasta el momento no vemos propuestas concretas, incentivos suficientes ni grupos de inversionistas o promotores que impulsen todo lo que ya está previsto en la normativa.

Por eso creo que, aunque el centralismo ha generado incomodidades para Manabí, el mayor problema ha sido que no hemos salido al encuentro de estas nuevas realidades y oportunidades.

Usted mencionó las zonas francas tecnológicas. ¿En qué consisten y cómo podrían implementarse?

Son esquemas de enclaves cerrados que cumplen una función similar a la de una zona franca tradicional, pero enfocados en actividades tecnológicas como software, call centers y diversos servicios tecnológicos que hoy tienen gran demanda a nivel mundial.

Se trata de espacios desde donde pueden desarrollarse proyectos tecnológicos y exportarse servicios especializados. Podemos imaginar, por ejemplo, que una universidad de Portoviejo, como la Universidad San Gregorio, destine un espacio e infraestructura para desarrollar software, call centers y otras actividades relacionadas con la tecnología.

Esto también permitiría capacitar a los estudiantes dentro de un ambiente con incentivos y promoción, facilitando posteriormente que empresas y usuarios operen desde esas zonas francas.

¿Cómo deberían actuar el Estado y los gobiernos locales para impulsar estos proyectos?

El Estado es quien autoriza, controla y determina qué zonas pueden convertirse en polos de desarrollo, mientras que los gobiernos locales tienen un papel fundamental porque el uso del suelo depende de ellos y porque pueden respaldar estos proyectos mediante incentivos locales.

Además, los polos de desarrollo cuentan con exoneraciones tanto locales como nacionales y las zonas francas tienen una legislación específica que ofrece numerosas ventajas.

A mi criterio, el Estado debería agilizar los procesos de calificación y autorización de estos esquemas y promover herramientas similares a las que ya existen en Quito, Guayaquil y Cuenca, donde funcionan oficinas de promoción de inversiones y de exportaciones.

En Manabí no contamos con esas estructuras y considero que esa es una gran debilidad. Si existieran oficinas de promoción de inversiones, inteligencia de mercados y promoción de ofertas exportables, estoy seguro de que tendríamos un amplio catálogo de productos y servicios listos para llegar a mercados internacionales.

Además, nuestras universidades ya forman profesionales en ciencias tecnológicas e informática, por lo que contamos con una base importante para asumir estos retos.

¿Por qué considera que la provincia aún no da ese paso hacia esos nuevos modelos de desarrollo?

No damos ese paso y no sé si se debe a la indiferencia. Por eso hago un llamado a los jóvenes que hoy se están formando para que sean los pioneros y los motivadores del cambio. En ellos radica gran parte de la posibilidad de avanzar hacia estos nuevos modelos.

Si ellos no están decididos, no lograremos contar con profesionales preparados en áreas como la ingeniería de la nube, que hoy requieren empresas como Google y que demanda el mercado mundial.

De lo contrario, quienes quieran invertir encontrarán deficiencias y terminarán trasladándose a otros lugares donde las condiciones sí les permitan desarrollar sus proyectos.

¿Cómo observa el avance de estos modelos de desarrollo en otros países de Sudamérica?

Los polos de desarrollo son una figura de carácter nacional y no trascienden las fronteras del país. En cambio, el modelo de zonas francas registra un importante avance en gran parte de Latinoamérica.

Además, existen convenios y acuerdos comerciales con países como Brasil, que representa un mercado importante y con el que tenemos grandes oportunidades gracias a nuestra infraestructura aeroportuaria y su interés por acceder al Pacífico.

Sin embargo, no nos hemos despertado para organizar misiones comerciales o estudios de mercado, pese a que estos esfuerzos no implican costos excesivos.

Hace algunos años impulsamos una propuesta para exportar siete productos del valle del río Portoviejo hacia Brasil y logramos incluso las autorizaciones para los análisis de riesgo y plagas, pero posteriormente esa iniciativa no recibió el seguimiento necesario.

Por eso considero que debemos actualizarnos, buscar nuevos acuerdos y aprovechar los existentes con países como Uruguay, Perú y Colombia, superando las dificultades políticas que puedan existir para que nuestros productos crucen las fronteras y se inserten en esos mercados.