Un adolescente venezolano de 12 años, identificado como Carlos Miguel Colmenares, fue rescatado con vida por brigadas internacionales tras permanecer atrapado durante cinco días bajo los escombros de un edificio de nueve plantas que colapsó en el estado costero de La Guaira, en Venezuela.
El rescate, calificado de exitoso por las autoridades médicas, ocurrió la noche del pasado lunes en la parroquia Macuto, una de las zonas más afectadas por el reciente doblete sísmico que azotó al país suramericano y que motivó la declaración de zona de desastre en la región costera. El menor se recupera de forma estable en el Hospital de Clínicas Caracas, en la capital venezolana.
El operativo de extracción fue liderado por especialistas de los equipos de búsqueda y salvamento de República Dominicana y Ecuador, quienes trabajaban en la remoción de estructuras colapsadas en el edificio La Estrella.
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Tras detectar señales sonoras provenientes del subsuelo de la edificación totalmente destruida, los rescatistas coordinaron las labores mecánicas y manuales para abrir un ducto de ventilación y evacuar al menor. La movilización finalizó entre aplausos del personal de emergencia y se viralizó en plataformas digitales debido al emotivo encuentro entre el sobreviviente y su padre en el sitio del suceso.
Desde su cama hospitalaria, el menorrelató que el evento comenzó con un violento movimiento telúrico que desestabilizó el sistema eléctrico de la estructura. Ante la inminencia del desplome, el menor se refugió debajo de una mesa, espacio que impidió que fuera aplastado directamente por las losas de hormigón.
Tras el colapso, el niño utilizó la linterna de su teléfono celular para realizar un reconocimiento visual rápido de la periferia inmediata antes de que la batería del celular se agotara, logrando memorizar la ubicación exacta de las paredes, muebles y electrodomésticos caídos para evitar movimientos lesivos.
Menor alternaba su cuerpo entre dos posiciones
Debido a la total ausencia de luz natural y la inmovilidad prolongada dentro del espacio confinado, el cuerpo del menor comenzó a manifestar dolores agudos. Para evitar el entumecimiento, alternó su postura entreboca arriba y de lado, utilizando un vaso de plástico hallado entre los restos materiales para proteger la zona de su nuca.
Ante el desabastecimiento de agua potable y con el fin de mitigar la deshidratación severa, el menor consumió pequeñas porciones de salsa picante que localizó al alcance de su mano durante el período de confinamiento.
La Comandancia de Policía y los servicios de emergencia señalaron que la disciplina del menor para administrar su energía y racionar el oxígeno fue determinante para su supervivencia en condiciones extremas. Tras experimentar fatiga severa luego de emitir constantes llamados de auxilio, sus gritos fueron finalmente percibidos por los sensores acústicos de las misiones internacionales de Ecuador y República Dominicana.
Los reportes clínicos emitidos por el Hospital de Clínicas Caracas confirman que el paciente se encuentra bajo estricta observación médica y apoyo psicológico para evaluar el síndrome de aplastamiento y monitorear su evolución física general.
