Desde una parcela árida y sin vegetación en La Pelada, Carlos Rodríguez, de 53 años, observa con orgullo la tierra que ha cuidado durante décadas y que ahora es verde. Donde antes solo había un secarral, hoy se levanta un bosque denso de cedros, pinos criollos y cipreses.
Es el resultado de 15 años de trabajo persistente de Dulce María Fabián y Yakaira Rodríguez, quienes decidieron revertir la degradación de estas tierras. Hace apenas dos décadas, estas montañas eran un ejemplo más del deterioro ambiental que azotaba a República Dominicana.
El "tumba y quema", el crecimiento poblacional descontrolado y la expansión turística habían dejado casi la mitad del territorio nacional degradado en 2015. Hoy, el panorama comienza a cambiar.
Plan Yaque: una respuesta colectiva
En 2009, Humberto Checo y un grupo de organizaciones lanzaron el Plan para el Desarrollo de la Cuenca del Río Yaque del Norte (Plan Yaque), una iniciativa que reúne a unas 30 entidades públicas y de la sociedad civil. Su objetivo: proteger la cuenca del río más largo del país, de 298 kilómetros, vital para el abastecimiento de agua.
A través de asambleas comunitarias y un ejército de casi 280 líderes locales, el proyecto convenció a propietarios de fincas de reforestar sus tierras. "Somos como curas evangelizando", dice Checo con una sonrisa. El argumento más convincente: la seguridad hídrica. Los árboles actúan como esponjas que retienen el agua y regulan su flujo.
Líderes de la reforestación
Dulce María Fabián y Yakaira Rodríguez lideraron la reforestación de la finca de don Franklin. En pocos años plantaron 50.000 árboles. Hoy, el terreno rebosa vida: riachuelos de agua limpia, cotorras, colibríes y mayor humedad en el suelo.
En 2019, tras una década de trabajo, República Dominicana logró restaurar el 18% de sus tierras degradadas, convirtiéndose en el segundo país de América Latina con mayor recuperación (después de Haití), según la Convención de Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD).
Éxito ambiental
Entre 2010 y 2019, mientras restauraba sus suelos, el PIB dominicano creció de 54.000 millones a 89.000 millones de dólares. Andrea Meza, secretaria Ejecutiva Adjunta de la CNULD, califica el logro como "impresionante" y demuestra que es posible revertir la degradación sin sacrificar el desarrollo económico.
Sin embargo, el éxito enfrenta riesgos serios. La gentrificación avanza: turistas y dominicanos de clase alta compran tierras en zonas de montaña para construir segundas residencias y complejos similares a Punta Cana. "Quieren seguir haciendo Punta Canas de todo el país", advierte Checo.
Cambio climático
Además, el cambio climático agrava el problema: mayor variabilidad en el caudal del río (hasta 80% entre épocas de lluvia y sequía) y eventos extremos más frecuentes. Para proteger los avances, los técnicos del Plan Yaque priorizan zonas en pendiente, difíciles de urbanizar, y promueven los Pagos por Servicios Ambientales.
Una vez reforestada, una finca se vuelve más difícil de convertir en ganadería intensiva o desarrollos turísticos."Una vez se reforesta, no se vuelve a ver desnudo", afirma Josefina Beltré. Es una forma de blindar el territorio y elegir el tipo de desarrollo que se desea para el futuro.
