Un tribunal de Härnösand, en Suecia, condenó a un hombre de 61 años a cuatro años y cinco meses de cárcel por prostituir a su esposa con alrededor de 120 hombres durante tres años. El acusado fue declarado culpable de proxenetismo agravado, intento de violación, agresión, amenazas y un delito menor de drogas.
Según el comunicado emitido por la corte, el hombre introdujo a su esposa en la prostitución y gestionó la mayor parte de la operación. Publicitaba los servicios sexuales en internet, organizaba las citas y vigilaba a la víctima, a quien obligaba a realizar actos sexuales, incluso en transmisiones en línea para atraer más clientes.
La fiscal Ida Annerstedt había solicitado una pena de diez años de prisión. Durante el juicio, que se desarrolló mayoritariamente a puerta cerrada entre el 10 de abril y el 26 de mayo, se detalló que la mujer vivía con "un miedo profundo" a su marido, quien la amenazaba con "liberar al monstruo" si se negaba a obedecer.
Cobraba a hombres por acostarse con su esposa
Alrededor de 120 hombres que pagaron por mantener relaciones sexuales con la víctima fueron identificados por la fiscalía. El tribunal desestimó ocho cargos de violación contra el acusado, al considerar que en siete casos no quedó claro si la mujer participó voluntariamente y en otro no se pudo determinar cómo ocurrieron los hechos.
Este caso ha sido comparado con el de la francesa Gisèle Pelicot, cuyo marido fue condenado en 2024 a 20 años de cárcel por drogarla y permitir que decenas de hombres abusaran de ella mientras estaba inconsciente. En Suecia, la legislación no penaliza a las personas que ofrecen servicios sexuales, pero sí castiga la compra de sexo y el proxenetismo, es decir, facilitar o aprovecharse de la prostitución de terceros.
El juicio ha puesto de relieve las dinámicas de control y violencia en este tipo de delitos. La fiscalía presentó pruebas de que el condenado gestionaba directamente los encuentros y ejercía coerción sistemática sobre su esposa.
El fallo aún puede ser apelado ante instancias superiores
Las autoridades suecas han enfatizado que este tipo de condenas buscan proteger a las víctimas de explotación sexual y enviar un mensaje claro contra el proxenetismo. El fallo aún puede ser apelado ante instancias superiores.
Este caso se suma a otros de alta repercusión internacional relacionados con violencia de género y explotación sexual dentro del ámbito familiar, generando debate sobre la efectividad de las leyes suecas en la protección de las víctimas de trata y proxenetismo interno.
