Los precios de la energía aumentarán un 23,6% este año, hasta alcanzar su nivel más alto desde la invasión rusa de Ucrania en 2022, como consecuencia del impacto de la guerra en Oriente Próximo sobre los mercados mundiales de productos básicos.
Las proyecciones de referencia se sustentan en la expectativa de que en mayo finalice la fase más crítica de las interrupciones del suministro, tras lo cual se prevé una recuperación del transporte marítimo a través del estrecho de Ormuz.
En este escenario, se estima que los precios del petróleo disminuirán en la segunda mitad de 2026, con un promedio del Brent de 86 dólares por barril, frente a los 69 dólares de 2025, antes de estabilizarse en 70 dólares en 2027.
A partir de esta hipótesis, los precios de los fertilizantes aumentarán un 31%, impulsados por un alza del 60% en la urea, lo que afectará la asequibilidad y los ingresos de los agricultores.
Impacto en alimentos y metales
El Programa Mundial de Alimentos advierte que, si el conflicto se prolonga, hasta 45 millones de personas podrían caer en una situación de inseguridad alimentaria aguda durante este año.
En paralelo, los metales básicos como el aluminio, cobre y estaño registrarán un encarecimiento promedio del 42%, alcanzando máximos históricos por la demanda de sectores tecnológicos y energéticos.
El aumento de la energía y fertilizantes será el principal factor del incremento del 15,5% en el coste de las commodities en 2026, aunque se proyecta una moderación del 12,3% en 2027.
Bajo este escenario, las economías en desarrollo registrarán una inflación promedio del 5,1%, superior a la prevista antes de la guerra y mayor al 4,7% del año anterior.
Riesgos por escalada del conflicto
El Banco Mundial advierte que, si la reapertura de Ormuz se retrasa o se intensifican las hostilidades, el precio del Brent podría ubicarse entre 95 y 115 dólares por barril en 2026.
Este escenario generaría un efecto en cadena sobre los fertilizantes y energías alternativas, elevando aún más los costos y presionando la inflación en los países en desarrollo.
En ese caso, la inflación podría alcanzar el 5,8%, un nivel que solo se ha superado en la última década durante el año 2022.
"La guerra está golpeando la economía mundial en oleadas acumulativas: primero con el aumento de los precios de la energía, luego de los alimentos y finalmente de la inflación", señaló Indermit Gill.
Efectos sobre economías y población
El economista advirtió que este proceso elevará las tasas de interés y encarecerá la deuda, afectando a las economías más vulnerables.
Añadió que las personas más pobres, que destinan gran parte de sus ingresos a alimentos y combustibles, serán las más perjudicadas por este contexto global.
Asimismo, señaló que las economías en desarrollo enfrentan una presión adicional debido a su carga de deuda, en medio del incremento de los costos internacionales.
"La guerra es el desarrollo a la inversa", concluyó, al referirse a los efectos acumulativos sobre la economía global.

