Dos niños de ocho y diez años murieron y otras 17 personas resultaron heridas el miércoles, cuando Robin Westman, de 23 años, abrió fuego en la Escuela Católica Annunciation de Mineápolis, según confirmaron las autoridades. La sospechosa murió en el lugar tras dispararse con una de las armas que utilizó en el tiroteo.
Un tiroteo planeado con frialdad
El jefe de la Policía de Mineápolis, Brian O’Hara, informó que se encontraron cerca de 120 casquillos en la iglesia de la escuela donde se dio el tiroteo. La atacante disparó desde el lateral del edificio, apuntando hacia los bancos donde se encontraban los niños y sus familias. Según O’Hara, Westman usó un rifle, una escopeta y una pistola. Todas las armas habían sido adquiridas de manera legal y “recientemente compradas”.
La investigación preliminar reveló que Westman tenía una “fascinación por otros crímenes masivos” y buscaba notoriedad. El fiscal de distrito, Joseph Thompson, aseguró que la joven tenía una obsesión. “Quería ver sufrir a los niños”, subrayó, aunque evitó repetir otras frases que calificó como “horribles”.
Los mensajes de odio hallados en notas y en las armas apuntan a un trasfondo ideológico. Según el director del FBI, Kash Patel, el ataque fue “una acción terrorista motivada por una ideología de odio”, con referencias a religiones.
Víctimas y conmoción nacional por tiroteo
Las víctimas mortales del tiroteo fueron un niño de 8 años y otro de 10 años, alcanzados por los disparos a través de las ventanas de la iglesia. Otros 14 niños y tres adultos resultaron heridos, algunos de gravedad. La comunidad católica local quedó devastada.
La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, calificó a Westman como un “monstruo trastornado”. En un comunicado afirmó: “Este nivel de violencia es inimaginable. Nuestras más sinceras oraciones están con los niños, los padres, las familias, los educadores y los cristianos de todo el mundo. Lloramos con ellos, rezamos por su recuperación y nunca los olvidaremos”.
El tiroteo revivió el debate sobre la tenencia de armas en Estados Unidos. Organizaciones civiles reclamaron reformas urgentes, mientras líderes políticos pidieron unidad frente a la violencia armada.
La identidad de la atacante
Robin Westman había cambiado su nombre legalmente en 2020, cuando un tribunal aprobó su solicitud para identificarse como mujer. Había nacido hombre, pero se sentía mujer. A pesar de esto, el director del FBI se refirió “a la sospechosa” por su nombre de nacimiento, “Robert”, lo que ha generado polémica en la cobertura mediática.
La policía aseguró que Westman no tenía antecedentes penales extensos ni registros de violencia previos. “Todo indica que planeó este ataque con precisión y con un objetivo claro: hacer daño”, indicó O’Hara.
Westman murió en la misma escena por una herida de bala autoinfligida. Con ella terminó un episodio que dejó a Mineápolis sumida en el dolor y al país entero enfrentado una vez más al eterno dilema sobre el acceso a las armas.
El caso de la Escuela Católica Annunciation suma un nuevo capítulo a la larga lista de tragedias escolares por tiroteos en el país. La diferencia, según los investigadores, es la carga explícita de odio religioso y político que acompañó a esta masacre.