El fenómeno de los "therian", jóvenes que aseguran sentirse animales y adoptan comportamientos salvajes, ha pasado de las pantallas de TikTok a las calles de Sudamérica. En Argentina, el clima de tensión creció tras la denuncia de una madre en Jesús María, Córdova, quien aseguró que un grupo de estos adolescentes olió y mordió a su hija.
"Me contó que con unas máscaras la empezaron a olfatear y a corretear, y ella se reía, pero después le mordieron el tobillo", relató la mujer afectada.
Madre de joven mordida
Este comportamiento también se ha manifestado con fuerza en Uruguay, donde un centenar de jóvenes se concentraron en la céntrica Plaza Independencia para compartir sus experiencias. Manuela, la impulsora del encuentro, decidió replicar la tendencia internacional tras observar cómo sus videos se volvieron virales en plataformas digitales debido a la curiosidad del público.
"Yo soy un humano normal, me comporto como humano, pero es espiritualmente que yo me siento conectada", explicó Francesca, una joven asistente a la cita therian.
Los primeros Therian en Ecuador
En el contexto ecuatoriano, la manifestación de esta subcultura therian se mantiene actualmente en el ecosistema digital mediante etiquetas específicas como #therians_ecu en la popular aplicación TikTok.
Aunque todavía no se reportan incidentes públicos en plazas o calles nacionales, existen grupos de WhatsApp que buscan reclutar adolescentes locales interesados en explorar esta identidad.
Los videos muestran especialmente a un promotor compartiendo contenidos que explican su conexión espiritual con diversas especies animales mientras comporte siluetas de animales e invita a participar de esta tendencia en grupos cerrados.
Marketing y psicología detrás de la máscara
Desde la perspectiva del marketing digital, Higgor Araújo el therianismo es una tendencia amplificada deliberadamente por algoritmos que buscan monetizar el contenido emocional. "Los influencers usan este fenómeno para atraer engagement, confundiendo a veces el autodescubrimiento adolescente con una moda impulsada por la viralidad extrema", señala Araújo en sus análisis. Esta visibilidad masiva en redes sociales atrae a millones de usuarios curiosos, aunque también propaga ciertos mitos que afectan la percepción real de esta comunidad.
Por otro lado, la psicología ofrece una mirada científica sobre este comportamiento therian, que suele vincularse con la neurodivergencia y el bienestar autónomo de los individuos participantes. Helen Clegg, Rosalyn M. Collings, Elizabeth C. Roxburgh, investigadoras de la Universidad de Northampton, determinaron en un estudio reciente que el setenta y cinco por ciento de estos sujetos muestra rasgos autistas.
"La therianthropía podría ser una forma de neurodivergencia adaptativa más que una patología mental", sugiere Elizabeth Cleland en su investigación publicada en la revista Society & Animals.
Identidad digital y convivencia social
Desde la sociología, investigadores como Devin Proctor examinan cómo estas comunidades negocian sus narrativas de no-humanidad en foros virtuales para combatir la soledad y el aislamiento contemporáneo. Estas subculturas construyen una identidad colectiva mediada digitalmente que desafía directamente la dicotomía tradicional entre lo humano y lo animal en la estructura de la modernidad. Sin embargo, la convivencia en el mundo real impone límites claros que los propios integrantes deben reconocer para evitar conflictos legales o problemas de salubridad.
"No podemos hacer nuestras necesidades en la calle ni tener sexo en la calle como haría un gorila salvaje", aclaró con pragmatismo uno de los jóvenes uruguayos entrevistados. Esta distinción es fundamental para entender que, para la mayoría, se trata de una vestimenta y comportamiento reservado estrictamente para sus ratos libres y espacios privados. A pesar de estas precauciones, la difusión de videos de personas caminando en "cuatro patas" sigue generando un intenso debate sobre los límites de la conducta humana.
Mientras en Ecuador la comunidad therian crece en las sombras de los grupos de mensajería, las autoridades y padres de familia observan con cautela este nuevo fenómeno cultural emergente que para muchos es insólito. El futuro de esta tendencia dependerá de las redes, de la evolución del pensamiento y la psicología juvenil y de cómo se gestione la estigmatización.

