La guerra entre Irán y Estados Unidos ya empieza a generar efectos económicos fuera del Medio Oriente. Aunque Ecuador se encuentra a casi 13.000 kilómetros del estrecho de Ormuz, el conflicto presiona el precio internacional del petróleo, el diésel, los fertilizantes, los fletes marítimos y otros insumos claves para la producción y el comercio mundial.
En entrevista con Manavisión Plus, José Xavier Orellana Giler, asesor empresarial y experto en compra y venta de activos, explicó que el impacto ya se siente en sectores como la pesca atunera, el transporte, la agricultura y la producción de alimentos. También advirtió que el encarecimiento del diésel puede presionar la canasta básica familiar durante los próximos meses.
El analista abordó, además, la situación económica de Ecuador, el peso de los subsidios, la relación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el déficit fiscal, las tensiones comerciales con Colombia y la necesidad de atraer inversión privada.
¿Por qué un conflicto que ocurre a miles de kilómetros de Ecuador puede terminar afectando directamente la economía del país?
Para ser precisos, son casi 13.000 kilómetros de distancia entre Ecuador y el estrecho de Ormuz. Por ese estrecho sale cerca del 20 % del combustible mundial, es decir, petróleo y también derivados como el diésel y las gasolinas.
Además, desde esa zona salen productos vinculados al gas natural, como fertilizantes NPK, fosfatos y nitrogenados. La urea, por ejemplo, es uno de ellos. También suben productos como el ácido sulfúrico y los plásticos utilizados en embalajes.
Al mismo tiempo, esto empieza a generar problemas en distintas industrias. Aquí en Manta, por ejemplo, ya se ve una afectación en el aluminio y la hojalata que utiliza el sector atunero.
También está el alza del diésel. El diésel se encuentra a precios internacionales mucho más altos y ya es un tema que la flota pesquera está considerando seriamente. Hace unas semanas, 47 embarcaciones no salieron a marea en puertos del Ecuador.
¿Cómo puede trasladarse el incremento del diésel al costo de vida y a la canasta básica familiar?
Internamente ya estamos viendo el alza del diésel y nosotros pronosticamos que podría subir hasta 3,43 dólares para julio. Vemos incrementos durante los próximos meses y eso tendrá un impacto directo en la canasta familiar.
Además, ya se observan efectos en productos como el trigo y el maíz en Estados Unidos, donde se esperan malas cosechas debido al encarecimiento de la urea y otros fertilizantes nitrogenados. Eso probablemente afecte alimentos como el pan, los fideos y los embutidos, porque muchos de esos productos utilizan trigo en sus procesos.
¿Qué sectores productivos de Manabí ya empiezan a reflejar consecuencias por este escenario internacional?
Ya estamos viendo impactos en todo lo relacionado con el sector atunero y los procesos vinculados al atún. También existe presión en cultivos de ciclo corto. El comerciante de maíz dice: Yo tengo un precio de venta, pero también tengo que comprar.
Aunque el Gobierno sí ha proveído kits agrícolas para pequeños y medianos productores, igual hay preocupación porque los costos siguen aumentando.
Y luego está el tema del transporte. Los transportistas ya están hablando sobre la presión que ejercen los precios del diésel sobre los fletes locales. Poco a poco, eso también podría reflejarse en pasajes de buses urbanos e intercantonales.
Usted mencionó que Ecuador vende petróleo a mejores precios, pero importa combustibles caros. ¿Cómo interpreta esa situación?
Actualmente el crudo ecuatoriano se vende por encima de los 80 dólares. Sin embargo, el Estado había calculado en su presupuesto un precio de poco más de 54 dólares por barril.
Al mismo tiempo, observamos precios récord en productos como la palma africana y el cobre. Por eso existe tanto interés de empresas mineras chinas en extraer cobre en Ecuador.
Pero también ocurre algo importante: el bloqueo naval del estrecho de Ormuz ha incrementado el precio del diésel, de los fletes marítimos, de los fertilizantes, del azufre —que sirve para producir ácido sulfúrico—, además de productos como la hojalata, el aluminio y el plástico.
¿Qué impacto concreto podría registrarse en la canasta básica y en los alimentos?
Ya existe una mala cosecha pronosticada en Estados Unidos. El 12 de mayo, el Departamento de Agricultura de ese país anunció que habría un mínimo histórico en la producción de trigo.
Por eso ya estamos viendo un efecto directo sobre la canasta básica familiar. Nosotros calculamos que el impacto podría ir del 1 % al 4 % durante el resto del año, es decir, entre 8 y 30 dólares más, dependiendo de cómo evolucione la situación.
Hay que recordar que el 70 % de la carga que se mueve en Ecuador utiliza transporte a diésel. Entonces, cuando sube el diésel, se afecta todo lo relacionado con transporte y distribución.
Aquí las autoridades deben tomar decisiones para mantener una canasta básica accesible para las familias, porque el productor también enfrenta costos más altos. El pescador, por ejemplo, dice que el diésel y la hojalata subieron y que, por tanto, su rentabilidad disminuye. Entonces surge la pregunta: ¿cuánto más puede subir el precio del atún o incluso del pan?
Usted ha proyectado que el diésel seguirá subiendo. ¿Qué factores sostienen esa previsión?
El 11 de cada mes, al amanecer del día 12, hay incrementos en los precios de las gasolinas y del diésel. Nosotros ya observamos que, con los incrementos de mayo, junio y julio, el diésel podría llegar a 3,43 dólares. Para julio, incluso, se proyecta en 3,43 dólares.
Pero esa proyección llega hasta julio. Todavía no sabemos cómo estará el escenario en agosto. Hay que recordar que la banda para incrementar el diésel permite un 5 % al alza y 10 % a la baja. Nosotros sí esperamos crecimiento del precio del diésel hasta julio, aunque agosto todavía es incierto y dependerá de cómo evolucione el conflicto.
¿Qué tan complicada es actualmente la situación de Ecuador frente a la importación de diésel?
Actualmente, el subsidio del diésel es de $1,93. La gasolina Eco y la Extra también tienen subsidios de más de 50 centavos. La gasolina Premium no tiene subsidio, entonces es mucho más probable que aumente de precio más rápido que las otras.
Ahí se evidencia el gran problema de Ecuador: el precio del diésel en el mercado internacional es más del doble del precio de nuestro petróleo.
Eso demuestra el problema de no contar con una refinería con capacidad suficiente, como la de Talara, en Perú. Ecuador tiene muy poco control sobre la producción de combustibles refinados como gasolina, diésel, kerosene, combustible de avión o asfalto.
Además, la Refinería de Esmeraldas ha tenido problemas muy graves. Ha sufrido tres incendios y actualmente opera alrededor del 40 % de su capacidad.
¿Qué diferencia existe entre el petróleo que vende Ecuador y el diésel que importa?
Nuestro crudo se vendió en 81 dólares con 30 centavos el viernes 15 de mayo de 2026, mientras que el costo del diésel importado alcanzó los $169,20 por barril. Es decir, Ecuador necesitaba vender más de dos barriles de petróleo para justificar la compra de un barril de diésel.
Y ahí también se ve otra diferencia: mientras las gasolinas subían alrededor del 1 %, el diésel subía cerca del 3,5 %. Es decir, la brecha sigue ampliándose.
¿Este escenario podría mejorar en los próximos meses o mantenerse durante el resto del año?
Todavía no se puede saber, porque el conflicto entre Irán y Estados Unidos continúa. Nosotros hacemos la proyección hasta julio asumiendo que la situación podría mejorar durante las próximas semanas, pero no existe ninguna garantía de que eso ocurra.
Esta situación perfectamente puede mantenerse el resto del año y es muy probable que así suceda.
Con el incremento sostenido de los combustibles, ¿qué tan viable es que Ecuador avance hacia una transición más acelerada al uso de vehículos eléctricos?
Es muy complicado. En Ecuador existen casi dos millones y medio de vehículos entre camiones, tractomulas y vehículos privados. Además, el medio de transporte familiar más común sigue siendo la motocicleta.
Cambiar toda esa estructura hacia lo eléctrico no es algo sencillo. También hay que recordar que Ecuador tiene problemas eléctricos de vez en cuando. El problema no es solo el costo para las familias, sino también para el país. A medida que se consume más diésel caro y escaso, el escenario se vuelve más complicado.
Eso todavía no se siente completamente en Ecuador, pero ya se ve en países como India, donde el Gobierno pidió reducir el uso de combustibles. También ocurre en Filipinas y en otras economías. Todo esto puede agravarse rápidamente si no se llega a un acuerdo entre Irán y Estados Unidos.
¿El impacto de esta crisis también se refleja en otros países de América Latina?
Sí, esto es un problema global. En Perú, el diésel está tan alto que la flota pesquera prácticamente no está saliendo. En Colombia, el gobierno de Gustavo Petro también incrementó el precio de los combustibles. Y Bolivia enfrenta problemas similares con el alza de combustibles. Es decir, el impacto no es exclusivo del Ecuador.
Ecuador también enfrenta tensiones comerciales con Colombia. ¿Cuál es su análisis sobre esa situación?
Aquí existe un problema de seguridad con Colombia. En zonas como Nariño hay muchos cultivos de coca y problemas relacionados con eso. Pero, además, esto ya se convirtió en un problema político. Ecuador y Colombia están discutiendo en medio del contexto electoral colombiano.
Yo creo que esto no se va a solucionar hasta después de la segunda vuelta presidencial en Colombia, dependiendo del candidato que gane y de cómo quede la relación política.
También hay otro problema adicional: Ecuador no le está permitiendo el uso del oleoducto a Colombia y Colombia no está vendiendo energía eléctrica a Ecuador. Entonces, eso se suma a los problemas que Ecuador ya tiene con su propia generación eléctrica.
¿Quiénes terminan siendo los más afectados por esta disputa entre Ecuador y Colombia?
En cámaras industriales de ciudades como Cali y Medellín ya existen quejas, porque Colombia le vende mucho más a Ecuador de lo que Ecuador le compra. Sin embargo, ambos países están siendo afectados por esta situación.
Hay un dicho africano que dice: Cuando los elefantes pelean, las hormigas son las pisoteadas. Y aquí ocurre algo similar: los pequeños y medianos productores que exportan a Colombia, así como los productores colombianos que venden a Ecuador, terminan siendo los más perjudicados.
¿Qué medidas debería aplicar el Gobierno para reducir el impacto económico sobre las familias?
La focalización de los combustibles es necesaria. También se necesita mantener políticas de compra de fertilizantes para ayudar a pequeños y medianos productores y sostener los kits agrícolas. Porque un incremento del 60 % u 80 % en fertilizantes no es viable para pequeños productores.
También podría considerarse nuevamente una política relacionada con el IVA en productos alimenticios, aunque sea de forma temporal, porque esta crisis podría durar seis meses o incluso un año.
La expectativa inicial era que el petróleo ecuatoriano se vendiera en alrededor de 54 dólares y que el diésel bajara de precio. Pero ocurrió todo lo contrario. Entonces, cualquier medida también debe tener la capacidad de regresar al esquema anterior si el precio del diésel vuelve a bajar.
Y esto tendrá consecuencias. La inflación de Ecuador este año será más alta que la del año pasado y eso probablemente terminará influyendo incluso en el salario básico del próximo año.
¿Por qué esta guerra también puede afectar productos que parecen alejados del petróleo, como ropa, computadoras o medicinas?
Por ejemplo, las computadoras y memorias han subido de precio porque utilizan gases como el helio, que proviene del gas natural del Golfo Pérsico y se usa en industrias tecnológicas de países como Corea del Sur.
Entonces, muchos productos terminan encareciéndose aunque aparentemente no tengan relación directa con el petróleo. Tú puedes producir fundas plásticas y quizás el reciclaje local no subió, pero las materias primas internacionales sí, y eso obliga a incrementar precios. El petróleo es la sangre de la economía mundial.
¿Cómo interpreta la estrategia de las potencias involucradas en este conflicto y por qué termina afectando a economías como la ecuatoriana?
La estrategia de Estados Unidos e Israel ha sido demostrar que pueden imponerse militarmente. Pero la estrategia de Irán ha sido distinta: yo puedo agarrar del cuello a la economía mundial cerrando el estrecho de Ormuz, y ahora lidien con ese problema.
Porque, si bien Ecuador es un país de ingreso moderado, imagínate los efectos que esto está provocando en países de África o incluso de Asia, que dependen muchísimo de fertilizantes y de otros productos relacionados con esta zona.
Ahora, ¿cuál es el problema? Que esta ola de incremento de precios internacionales ya nos está llegando. Y esto no es culpa del Gobierno actual; simplemente es una situación externa que está ocurriendo en otros mercados, pero que inevitablemente termina afectándonos también.
¿Cómo evalúa el manejo económico del Gobierno frente al contexto actual?
Creo que ha habido muchos gastos extrapresupuestarios, especialmente relacionados con seguridad. Mantener estados de excepción y cierres de provincias es costoso, porque también se pierde actividad económica.
El Gobierno, especialmente el Ministerio de Finanzas, debería conversar con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y plantearle que el mundo atraviesa una situación internacional compleja que también está afectando a Ecuador.
El FMI debería reconsiderar ciertas políticas para países como Ecuador y dar más tiempo y espacio de negociación, sobre todo ahora que el riesgo país ha bajado. Estas circunstancias no son culpa del Ecuador. Nosotros no provocamos el conflicto en Medio Oriente, pero igual estamos recibiendo sus consecuencias económicas. Incluso el propio FMI ha publicado estudios durante las últimas semanas advirtiendo sobre problemas globales relacionados con el incremento de fertilizantes, posibles riesgos de recesión.
En Estados Unidos, por ejemplo, ya existe una expectativa de mayor recesión debido al incremento del precio de la gasolina y de los productos básicos para mediados o finales del próximo año. Y eso también terminará afectando a Ecuador, porque recibe cerca de 8 mil millones de dólares en remesas, de las cuales la gran mayoría proviene de ese país.

