No fue una ley ni una campaña nacional. Simplemente ocurrió. Las familias ecuatorianas comenzaron a tener menos hijos. Primero fueron cuatro, luego tres, después dos y, hoy, el promedio nacional ya cayó por debajo de los dos hijos por mujer. El cambio es tan profundo que Ecuador ha entrado en una nueva etapa demográfica.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), la tasa de fecundidad descendió a 1,79 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1 hijos. Es un cambio radical si se compara con 1950, cuando el promedio era de 6,8 hijos por mujer.
La reducción no responde a una sola causa. El mayor acceso a métodos anticonceptivos, el incremento del nivel educativo, la incorporación de las mujeres al mercado laboral y la postergación del matrimonio han cambiado la forma en que los ecuatorianos planifican su vida familiar. Hoy muchas parejas prefieren consolidar su estabilidad económica antes de tener hijos.
Criar un hijo cuesta ahora más
La caída de la natalidad también tiene una explicación económica. En la década de 1950 el costo de criar un hijo era mucho menor porque las necesidades también eran distintas.
Las familias gastaban principalmente en alimentación, ropa y vivienda. No existían internet, teléfonos inteligentes, guarderías, plataformas digitales ni una larga lista de servicios que hoy forman parte de la vida cotidiana, señala una nota del diario La Hora.
Además, muchas actividades que actualmente representan un gasto eran realizadas dentro del hogar sin costo monetario, como el cuidado infantil, la preparación de alimentos o pequeñas reparaciones.
El economista Carlos Romero explica que no se trataba de que antes se ganara más dinero, sino de que vivir costaba menos. Actualmente, según datos del INEC, apenas el 14 % de los hogares ecuatorianos supera ingresos mensuales de 1.500 dólares y la mitad de las familias vive con menos de 630 dólares al mes.
En ese contexto, mantener un hijo implica destinar una parte importante del presupuesto familiar a educación, transporte, salud, conectividad y vivienda.
La economista Carla Ramírez estima que, en familias de ingresos medios y altos, criar un hijo hasta los 18 años puede representar una inversión acumulada de entre 100.000 y 200.000 dólares, dependiendo del estilo de vida y del acceso a educación privada y servicios especializados.
Aunque para la mayoría de hogares el gasto total es menor, la carga económica resulta mucho más pesada que hace siete décadas. La disminución de los nacimientos ya está modificando la estructura de la población ecuatoriana.
Menos fecundidad y el aumento de los ancianos
Las provincias con menor fecundidad son Pichincha (1,3 hijos por mujer), Galápagos (1,5), Cotopaxi (1,6) e Imbabura (1,7). En contraste, la Amazonía mantiene tasas superiores al nivel de reemplazo. Morona Santiago lidera el país con 2,5 hijos por mujer, seguida de Orellana (2,4), Napo y Pastaza (2,2).
Mientras nacen menos niños, aumenta el número de adultos mayores. Provincias como Bolívar, Cañar y Chimborazo presentan los índices de envejecimiento más elevados, una tendencia que continuará durante las próximas décadas.
Las proyecciones del INEC indican que Ecuador alcanzará cerca de 21,1 millones de habitantes en 2050, pero el crecimiento será cada vez más lento y la población estará conformada por una mayor proporción de personas mayores.
Este nuevo escenario plantea importantes desafíos para el país. Habrá menos jóvenes ingresando al mercado laboral y una mayor demanda de pensiones, atención médica y servicios especializados para adultos mayores.
La familia numerosa que caracterizó al Ecuador del siglo pasado está dejando paso a hogares más pequeños. No porque los ecuatorianos hayan dejado de querer tener hijos, sino porque las condiciones económicas, sociales y culturales han cambiado profundamente.
La historia demográfica del país ya no se escribe con familias de seis o siete hijos, sino con una nueva generación que debe equilibrar sus deseos familiares con el alto costo de construir un proyecto de vida.
