En Santo Domingo la justicia sentenció a 29 años y cuatro meses de prisión a César Antonio Aveiga, hallado culpable de violar a una menor de edad y cortarle la lengua con un cuchillo.
El violento ataque ocurrió el pasado 28 de agosto de 2025 en una hacienda ubicada en la vía Santo Domingo-La Concordia, cuando la víctima caminaba hacia sus clases de la mañana. La captura del agresor se dio en flagrancia gracias a los vecinos y a que la propia niña logró engañarlo para salvar su vida.
Una trampa en el camino a la escuela
Eran las 06:30 de la mañana cuando la pequeña de 12 años cruzaba los terrenos de una propiedad agrícola. No se imaginaba que en ese trayecto habitual hacia su unidad educativa la acechaba Aveiga. El hombre la emboscó en mitad de la nada, le amarró una soga al cuello y la arrastró por la tierra hasta un potrero oculto entre matorrales.
La violencia no se detuvo en la agresión sexual, pues el criminal sacó un arma blanca y le rebanó parte de la lengua para callarla. Tras el brutal ensañamiento, el agresor pensó que la niña había muerto desangrada y la abandonó entre la maleza.
El engaño que le salvó la vida
La menor sobrevivió porque tuvo la astucia de fingir que no tenía signos vitales mientras duró el ataque. En cuanto el sospechoso se alejó, ella sacó fuerzas para desatarse las cuerdas de las manos y correr hacia la carretera principal.
Cerca de las 08:30, los choferes del kilómetro 21 divisaron a la niña ensangrentada pidiendo auxilio desesperadamente. Los moradores se agruparon de inmediato para protegerla, llamaron a las patrullas policiales y armaron un frente vecinal para rastrear al culpable en los alrededores.
Cacería y captura en una hacienda de Santo Domingo
La comunidad y la Policía montaron un operativo rápido por los potreros de la zona basándose en la ropa descrita por la víctima. A los pocos minutos acorralaron a Aveiga, quien todavía vestía botas de caucho y un pantalón jean celeste con manchas de sangre.
El sujeto presentaba rasguños en el rostro, marcas evidentes de los manotazos que la víctima le dio para defenderse en el suelo. Mientras los paramédicos la estabilizaban en una ambulancia, la menor miró fijamente al detenido por la ventana y lo identificó sin dudar.
Las pruebas científicas que lo hundieron
Aunque el atacante intentó negar los hechos, las pruebas técnicas de la Fiscalía General del Estado resultaron demoledoras en el juicio. Los peritos forenses confirmaron que el análisis de ADN de los fluidos y la sangre hallados en su ropa coincidían perfectamente con el perfil de la escolar.
Mientras el proceso judicial avanzaba, los médicos de Santo Domingo sometieron a la niña a una intervención quirúrgica de emergencia para reconstruir su lengua. Hoy, el agresor duerme tras las rejas de la cárcel Bellavista, pagando la condena penal más alta por este tipo de delitos.
