El Registro de la Propiedad de Guayaquil conserva un archivo histórico con documentos manuscritos que datan de 1826 y que registran compraventas, hipotecas y otros actos jurídicos realizados en Guayaquil, Daule, Babahoyo, Machala, Manta y otras localidades. Los registros forman parte del patrimonio documental de la institución, que en octubre de 2026 cumplirá 200 años de funcionamiento. Su conservación permite conocer la evolución del sistema registral ecuatoriano y de las transacciones patrimoniales desde el siglo XIX.
Los libros registrales fueron elaborados completamente a mano y contienen escrituras con caligrafía de la época. Cada documento constituye un respaldo legal de operaciones que involucraban bienes inmuebles, embarcaciones, terrenos y otros activos que debían inscribirse para otorgar seguridad jurídica.
Entre los registros figura la venta de una huerta realizada en 1826 por 4.100 pesos, una cantidad que, según cálculos basados en el valor equivalente de la plata, representaría actualmente más de USD 200.000. Este tipo de documentos permite dimensionar el valor económico de las propiedades y las operaciones comerciales de la época.
Hipotecas y registros que reflejan otra época
El archivo también conserva hipotecas que hoy resultan inusuales. Entre ellas consta la inscripción de una mujer esclavizada por 100 pesos en 1826, un registro que evidencia el marco legal vigente durante ese periodo histórico.
Los libros incluyen además la hipoteca de la isla Santay, registrada en 1831; la de un buque en 1836; la de la mitad de una vivienda en 1839; la de 80 yeguas en 1844; y la de una canoa por 250 pesos en 1850.
Otra operación registrada corresponde a una carta dotal inscrita en 1846 por 35.485 pesos, monto que equivaldría aproximadamente a USD 1,8 millones, de acuerdo con estimaciones realizadas sobre el valor de la plata. Este tipo de escrituras refleja las prácticas patrimoniales y civiles que se formalizaban mediante inscripción registral.
Dos siglos de evolución registral
El Registro de la Propiedad de Guayaquil ha evolucionado desde los libros manuscritos hasta plataformas digitales, manteniendo la función de otorgar seguridad jurídica a los actos relacionados con bienes inmuebles y otros derechos inscribibles.
El registrador encargado, Ricardo Alvear Zenck, explicó que el sistema registral ha experimentado importantes transformaciones tecnológicas durante estos dos siglos. Señaló que las primeras inscripciones se realizaban con pluma, posteriormente se incorporó la máquina de escribir y actualmente gran parte de los procesos se ejecutan mediante herramientas digitales.
Según Alvear, cuando la información de los bienes se encuentra actualizada, las certificaciones pueden emitirse automáticamente en pocos minutos, reduciendo significativamente los tiempos de atención respecto a los procedimientos tradicionales.
Conservación documental y seguridad tecnológica
La protección del archivo histórico constituye uno de los principales objetivos de la institución. Los documentos originales permanecen bajo condiciones específicas destinadas a preservar su estado de conservación y garantizar su disponibilidad para futuras generaciones.
El gerente general de la empresa pública municipal de Guayaquil, Roberto Saltos Román, informó que el Registro de la Propiedad ha fortalecido sus sistemas de protección mediante protocolos de climatización para los archivos, controles de ingreso a las instalaciones y la implementación de un nuevo data center destinado a resguardar la información digital.
Saltos indicó que estas inversiones han sido financiadas con los recursos generados por la autonomía financiera de la entidad. Las medidas buscan proteger tanto el patrimonio documental histórico como la información correspondiente a los trámites actuales.
Con casi dos siglos de funcionamiento, el Registro de la Propiedad de Guayaquil mantiene bajo resguardo miles de documentos que forman parte de la memoria jurídica de la ciudad. Los libros manuscritos permiten conocer cómo se registraban las transacciones patrimoniales desde el inicio de la institución, mientras que los sistemas tecnológicos actuales garantizan la continuidad de ese servicio con procesos digitalizados y mecanismos de seguridad documental.