Una tragedia sucumbió en 1987 en la Amazonía ecuatoriana cuando el obispo Alejandro Labaka y la religiosa Inés Arango fueron asesinados por miembros del pueblo Tagaeri en una zona remota del sector Tigüino. Todo se dio cuando ambos religiosos intentaban establecer contacto pacífico para proteger a este grupo indígena en aislamiento voluntario del avance de las operaciones petroleras.

Alejandro Labaka Ugarte (nacido el 19 de abril de 1920 en Beizama, España) llegó como misionero capuchino a Ecuador tras una experiencia previa en China. Nombrado primer vicario apostólico de Aguarico en 1984, se centró en la defensa de los pueblos indígenas waorani y tagaeri.

Inés Arango Velásquez (nacida el 6 de abril de 1937 en Medellín, Colombia) se incorporó a la misión amazónica ecuatoriana en 1977 y colaboraba estrechamente con Labaka en tareas de evangelización y acompañamiento. En los días previos al 21 de julio de 1987, ambos prepararon un encuentro con los Tagaeri ante el creciente riesgo de intrusiones petroleras y colonización.

El obispo y la religiosa presentaban múltiples heridas

El 21 de julio, un helicóptero los trasladó al lugar acordado en Tigüino. Fueron recibidos inicialmente por mujeres y niños, pero al regresar los cazadores adultos se produjo el ataque con lanzas de chonta. Sus cuerpos fueron localizados al día siguiente y trasladados a Coca. La autopsia reveló múltiples heridas provocadas por armas indígenas.

El suceso ocurrió en medio de tensiones por la expansión extractiva en la Amazonía. Labaka había manifestado su preocupación por la supervivencia de los Tagaeri. Tras los hechos, el gobierno ecuatoriano ordenó el cese temporal de operaciones en zonas habitadas por huaorani y tagaeri. En 1999 se creó la Zona Intangible Tagaeri Taromenane (ZITT), que prohíbe actividades extractivas para proteger a pueblos en aislamiento voluntario.

38 años después, en mayo de 2025, el papa León XIV declaró venerables a Alejandro Labaka e Inés Arango, reconociendo su "ofrenda de la vida". Este paso, impulsado por el motu proprio (locución latina que significa "por iniciativa propia") del papa Francisco sobre el ofrecimiento de la vida, avanza su causa de santidad, aunque no se clasificó estrictamente como martirio.

Monumentos y escuelas llevan sus nombres en la región

Sus reliquias ya habían sido incorporadas en 2008 al Templo de los Mártires del siglo XX en Roma. Su legado persiste en la labor misionera, la defensa de derechos indígenas y la protección ambiental en la Amazonía ecuatoriana.

Comunidades y organizaciones eclesiales continúan recordando su testimonio en actos conmemorativos, y su historia se cita como referencia en la promoción de un modelo de Iglesia encarnada en la realidad amazónica. Monumentos y centros educativos llevan sus nombres en la región.

El caso del obispo Labaka y la monja Arango destaca las complejas interacciones entre misiones religiosas, pueblos originarios y desarrollo económico en la Amazonía durante finales del siglo XX, y sigue inspirando iniciativas de conservación y diálogo intercultural en la actualidad.