Ecuador reportó 7 459 desapariciones en 2025, de las cuales 854 personas no fueron localizadas, según datos del Ministerio del Interior. La cifra, difundida en informes oficiales y espacios internacionales, refleja un aumento sostenido en los casos sin resolver en la última década y evidencia una tendencia creciente en el país.

Las estadísticas oficiales muestran un cambio claro en la evolución de este fenómeno. En 2023 se registraron 7 857 desapariciones, con 447 casos sin resolver. En 2024, las denuncias bajaron a 7 081, aunque los casos sin localizar subieron a 527. Para 2025, el número total fue menor que en 2023, pero el volumen de personas no encontradas creció de forma marcada.

Este incremento rompe con la tendencia de años previos. Entre 2017 y 2019, menos del 1 % de las denuncias terminaba sin resolución. En menos de diez años, esa proporción aumentó más de diez veces, según los registros oficiales disponibles. Las cifras fueron expuestas también en el examen internacional del país. Durante la evaluación ante la ONU, realizada el 12 y 13 de marzo, autoridades informaron que desde 2022 se han reportado 30 000 desapariciones en Ecuador.

Aumento en población joven

Del total acumulado, 16 000 casos corresponden a niños, niñas y adolescentes. El grupo más afectado se ubica entre los 13 y 17 años, lo que evidencia una concentración en población joven, de acuerdo con los datos presentados en el informe estatal.

Este patrón refuerza la preocupación sobre el impacto en sectores vulnerables. Las cifras oficiales no detallan causas específicas en todos los casos. Sin embargo, muestran una concentración clara por edades y un crecimiento sostenido en el tiempo. El Ministerio del Interior mantiene registros anuales que permiten comparar la evolución del fenómeno. En ese contexto, la tendencia al alza en los casos sin resolver destaca como uno de los principales cambios recientes.

Casos que permanecen sin respuesta

Entre los casos sin resolver consta el de Cristian Pérez Cevallos, desaparecido el 3 de diciembre de 2024. Según reportes, viajó a Santo Domingo de los Tsáchilas tras aceptar un trabajo como soldador en un centro comercial. En ese mismo lugar también desapareció William Casa Toapanta, lo que ha generado atención sobre ese punto específico. Ambos casos continúan sin resolución hasta la fecha, según la información disponible.

Las desapariciones sin localizar mantienen a varias familias en espera de respuestas. Organizaciones de derechos humanos han señalado la necesidad de revisar los mecanismos de búsqueda y seguimiento, ante el aumento sostenido de estos casos en el país.

Contexto y seguimiento institucional

Las cifras reflejan un escenario en evolución. Aunque el número total de denuncias no siempre aumenta cada año, el crecimiento de los casos sin resolver marca una diferencia clave en el análisis del fenómeno. Las autoridades han presentado estos datos en espacios nacionales e internacionales. En esos informes se evidencia la magnitud del problema y su progresión en el tiempo.

El registro continuo de desapariciones y su resolución parcial muestran la necesidad de seguimiento constante. La información oficial permite observar tendencias y comparar periodos, lo que aporta elementos para evaluar la respuesta institucional.