El Alzheimer a veces vive en nuestras casas. La familia de José Chávez comenzó a preocuparse por detalles que, al principio, parecían propios de la edad. A sus 72 años olvidaba algunas conversaciones, pero hubo un comportamiento que llamó especialmente la atención de sus hijos: contaba una historia y, apenas unos minutos después, la repetía exactamente igual, sin recordar que ya la había narrado.

Al principio pensaron que se trataba de un despiste pasajero. Sin embargo, la repetición se volvió cada vez más frecuente. Fue entonces cuando decidieron acudir a un neurólogo. El diagnóstico confirmó sus temores: enfermedad de Alzheimer.

Como José, miles de familias enfrentan la incertidumbre de distinguir entre los olvidos normales del envejecimiento y los primeros síntomas de una enfermedad que afecta progresivamente la memoria, el pensamiento y la autonomía de quienes la padecen.

Pero mientras los casos aumentan en el país, una investigación internacional liderada en Ecuador ofrece un mensaje esperanzador: es posible retrasar el deterioro cognitivo mediante cambios sencillos en el estilo de vida.

¿Cuándo un olvido deja de ser normal?

Los especialistas coinciden en que olvidar ocasionalmente el nombre de una persona o dónde se dejaron las llaves forma parte del envejecimiento natural. La diferencia aparece cuando esos olvidos comienzan a repetirse con frecuencia y afectan la vida cotidiana.

Uno de los signos más característicos del Alzheimer es precisamente el que presentó José Chávez: repetir una conversación o una historia pocos minutos después, convencido de que nunca la había contado.

A diferencia de una persona sana, quien suele darse cuenta de su olvido o incluso preguntar si ya comentó determinado tema, quien desarrolla esta enfermedad pierde esa capacidad de reconocer la repetición.

Otros síntomas iniciales incluyen dificultad para recordar acontecimientos recientes, desorientación en lugares conocidos, problemas para seguir instrucciones sencillas, olvidar citas importantes o perder objetos de manera constante.

En América Latina, distintas organizaciones estiman que el 8,5% de las personas mayores de 60 años presenta algún tipo de deterioro cognitivo o Alzheimer. En Ecuador, donde el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) calcula que viven cerca de 1,7 millones de adultos mayores, el desafío es aún mayor debido a la limitada infraestructura pública especializada.

Actualmente, el sistema de salud pública ecuatoriano no cuenta con clínicas de memoria dedicadas al diagnóstico temprano y seguimiento especializado de estos pacientes.

Un estudio demuestra que prevenir sí es posible

Frente a este escenario, un estudio científico desarrollado simultáneamente en 11 países latinoamericanos ha marcado un antes y un después en la prevención del deterioro cognitivo.

La investigación LatAm-FINGERS, financiada por la Asociación de Alzheimer de Estados Unidos y liderada en Ecuador por la neuróloga y neurogeriatra Lissette Duque, directora de Neuromedicenter, siguió durante dos años a 100 adultos mayores sanos de Quito, con edades entre 60 y 77 años.

Los participantes fueron divididos en dos grupos. El primero siguió un programa intensivo basado en cuatro pilares fundamentales: actividad física cuatro veces por semana, entrenamiento cognitivo digital, socialización permanente y alimentación supervisada. El segundo recibió únicamente recomendaciones generales sobre hábitos saludables y talleres de cocina, señala una publicación de diario La Hora.

Los resultados sorprendieron incluso a los investigadores. El grupo que siguió estrictamente el protocolo mejoró su función cognitiva en un 55%, una cifra que supera los resultados obtenidos en investigaciones similares realizadas en otros países.

Para la doctora Duque, este hallazgo demuestra que prevenir el deterioro cognitivo no depende exclusivamente de medicamentos costosos, sino de intervenciones accesibles que pueden implementarse desde la atención primaria.

El estudio también constituye un hito para Ecuador porque permitió construir la primera base científica nacional sobre adultos mayores sanos y su evolución cognitiva, información que podría servir para diseñar futuras políticas públicas de prevención.

Los resultados fueron presentados durante el Congreso Mundial de Alzheimer realizado en Londres y han despertado el interés de la comunidad científica internacional.

Los hábitos que protegen al cerebro

Uno de los aspectos más innovadores del estudio fue adaptar las recomendaciones a la realidad ecuatoriana. En lugar de replicar la dieta mediterránea utilizada en Europa, los nutricionistas incorporaron alimentos locales de bajo costo y alto valor nutricional como la quinua, los chochos, frutas y verduras de temporada.

Además, organizaron talleres prácticos para enseñar nuevas formas de preparar estos alimentos y facilitar su incorporación a la dieta diaria. La investigación también confirmó que la prevención del Alzheimer empieza mucho antes de la vejez.

Los especialistas identifican factores modificables que pueden reducir significativamente el riesgo de desarrollar demencia: mantener actividad física regular, controlar enfermedades cardiovasculares, dormir adecuadamente, evitar el sedentarismo, mantener una alimentación equilibrada y estimular constantemente el cerebro mediante la lectura, los juegos de memoria o el aprendizaje de nuevas habilidades.

La socialización también desempeña un papel determinante. Conversar, participar en actividades comunitarias o mantener vínculos familiares activos estimula múltiples áreas del cerebro y reduce el riesgo de deterioro cognitivo.

Duque advierte que incluso factores sociales, como la inseguridad que limita las reuniones o actividades fuera del hogar, pueden afectar indirectamente la salud cerebral al favorecer el aislamiento, señala la publicación de La Hora.

Otro aspecto clave es la educación desde edades tempranas. Estudios internacionales muestran que un mayor nivel educativo fortalece la denominada "reserva cognitiva", una capacidad del cerebro para compensar el daño provocado por enfermedades neurodegenerativas.

Los investigadores insisten en que el Alzheimer no siempre puede prevenirse, ya que existen factores como la edad y la genética que no pueden modificarse. Sin embargo, adoptar hábitos saludables durante toda la vida puede retrasar significativamente su aparición o disminuir su impacto.