El analista económico Oswaldo Landázuri presentó un diagnóstico crítico sobre la situación financiera de Ecuador, denunciando que el actual ajuste fiscal exigido por organismos internacionales no garantiza el crecimiento.
Según Landázuri, en entrevista en varios medios, el Estado atraviesa una crisis estructural debido a la ineficiencia del gasto público y la ausencia de una estrategia de desarrollo que trascienda la exportación de materias primas, lo que genera una presión desmedida sobre el sector privado y el bolsillo de los ciudadanos en un contexto de inflación importada.
El ajuste y la relación con el FMI
Uno de los pilares del análisis de Landázuri es la función que cumple el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la economía local. Para el experto, el organismo actúa primordialmente como un ente cobrador que prioriza el pago de la deuda externa sobre el bienestar social.
Aunque indicadores como el riesgo país han mostrado descensos recientes, Landázuri aclara que esto no refleja una mejora en la calidad de vida, sino la confianza de los mercados en que el Gobierno sacrificará el consumo interno para cumplir con sus acreedores.
A pesar de medidas impositivas severas, como el incremento del IVA al 15% y la eliminación de subsidios a los combustibles, las cifras no cuadran. El déficit fiscal se mantiene cerca de los 5.500 millones de dólares, evidenciando que la recaudación adicional no está saneando las cuentas del Estado, sostiene. El analista cuestiona que el sacrificio sea unilateral: mientras las empresas y ciudadanos pagan más, el aparato estatal no reduce su ineficiencia ni su clientelismo.
Esta situación ha generado un escenario donde productos básicos, como el pan y la leche, han visto incrementos en sus costos de producción. Landázuri enfatiza que "estrangular" al sector privado con cargas tributarias, sin una contraprestación en servicios públicos de calidad, es una receta que conduce al estancamiento económico a largo plazo.
Inconsistencias comerciales y la "bomba de tiempo" asiática
El modelo de desarrollo ecuatoriano, basado en la agroexportación de bajo valor agregado (frutas y minerales), es otro punto de fricción en el análisis. Landázuri sostiene que ningún país alcanza la prosperidad limitándose a ser proveedor de materias primas.
En este sentido, los acuerdos comerciales con potencias como China podrían convertirse en una "bomba de tiempo" para la balanza comercial si no se implementa una agenda que proteja e integre a la industria nacional en cadenas de valor globales.
La preocupación se extiende a la Sierra Central, una región cuya manufactura y pequeña industria quedan vulnerables ante la competencia tecnológica de Asia. El analista critica la postura reactiva del Gobierno, que firma tratados sin haber preparado previamente al sector productivo local para competir en igualdad de condiciones. La falta de planificación estratégica deja a los productores locales a merced de mercados mucho más eficientes.
A este complejo panorama se suma la reciente "guerra comercial" con Colombia. Landázuri califica la imposición de aranceles de hasta el 100% a productos colombianos como un error técnico motivado por intereses políticos. Esta medida debilita la integración regional y encarece materias primas esenciales, sumando presión a una inflación anual que podría superar el 4%, afectando directamente el poder adquisitivo de los hogares ecuatorianos.
Realidad social: Desempleo y servicios en precariedad
En cuanto al mercado laboral, el análisis desmitifica las estadísticas gubernamentales. Landázuri señala que las categorías de "empleo adecuado" a menudo maquillan una realidad donde la informalidad es la norma. Aproximadamente dos tercios de la población económicamente activa carecen de seguridad social y estabilidad económica, lo que invalida cualquier narrativa de recuperación económica exitosa por parte del Ejecutivo.
La crisis de los servicios públicos agrava el malestar social. Los ciudadanos enfrentan simultáneamente un aumento en la carga tributaria y una degradación de la infraestructura básica. La escasez de medicinas, los recurrentes apagones y la crisis de inseguridad son síntomas de un Estado que recauda eficientemente pero gasta de forma opaca. Para el analista, el dinero público parece caer en un "saco roto" o se desvía hacia bonos con fines netamente electorales.
Finalmente, Landázuri propone alternativas para un cambio de rumbo. Entre sus sugerencias destaca una reforma tributaria racional que desgrave la canasta básica y se enfoque en consumos de lujo, como los vehículos híbridos y eléctricos. Asimismo, insta a promover alianzas público-privadas para proyectos estratégicos como la vía Quito-Guayaquil, buscando dinamizar la economía mediante la inversión real y no solo a través del endeudamiento o la presión fiscal. (10).