Ecuador enfrenta el reto de prevenir y contener el avance del Moko y el Fusarium , plagas que, según la experiencia de Colombia y Perú, no se erradican, pero sí se pueden manejar .

El exlíder del programa de investigación del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias ( INIAP) en plátano y banano, Ignacio Sotomayor, explicó que el país debe asumir con realismo que estas enfermedades no tienen una solución definitiva. “Ningún país ha erradicado el Moko; entonces hay que convivir con él, aplicando estrictamente protocolos de bioseguridad y erradicación”, afirmó en entrevista con Manavisión Plus. Su criterio se sustenta en décadas de experiencia internacional.

La convivencia como estrategia regional

Colombia convive con el Moko, según reportes, desde antes de 1954 y lo maneja a través de programas de erradicación y control. Perú, desde 2021, enfrenta el avance del Fusarium Raza 4 Tropical (Foc R4T) con medidas de bioseguridad y capacitación a productores. Ambas experiencias confirman que si no se puede eliminar la enfermedad, se debe aplicar protocolos consistentes que reduzcan la incidencia en el tiempo, señaló el experto.

  • Colombia: protocolos de erradicación redujeron la incidencia del Moko, aunque un relajamiento inicial permitió que la plaga resurgiera.

  • Perú: reforzó controles desde 2021 para frenar la dispersión del Fusarium R4T en sus cultivos.

  • Ecuador: aún está a tiempo de fortalecer detección temprana, bioseguridad y capacitación en zonas productoras.

Señales de alerta del Fusarium y Moko

Sotomayor detalló que el Moko, una bacteria, se multiplica en pocas horas y se transmite por suelo, herramientas o material de siembra. Sus primeros síntomas se manifiestan en las hojas jóvenes, con amarillamiento progresivo. El Fusarium, en cambio, es un hongo capaz de permanecer hasta 30 años en el suelo, inutilizando la tierra para banano.

Entre los factores de dispersión más críticos se encuentran:

  • Herramientas de corte sin desinfección entre plantas.

  • Movimiento de suelos contaminados en zapatos, vehículos o animales.

  • Uso de material de siembra procedente de zonas afectadas.

  • Suelos con mal drenaje, pH ácido y deficiencia de nutrientes.

Bioseguridad: un escudo contra la propagación

La prevención comienza en el ingreso a la finca. “No cualquiera puede entrar; un visitante puede introducir suelo contaminado en sus zapatos”, advirtió Sotomayor. Por ello, en varios países se implementan medidas como:

  • Desinfección de calzado y herramientas planta por planta.

  • Restricción de ingreso de vehículos no esenciales.

  • Uso de microorganismos benéficos como trichoderma y bacilos para recuperar la salud del suelo.

En el caso de una planta infectada, Agrocalidad recomienda erradicarla junto con las que están en un radio de cinco metros mediante inyección de glifosato, creando una “zona roja” de contención, explicó.

Una amenaza que exige unión

El profesional fue enfático: “La lucha contra el Moko y el Fusarium no es individual, es nacional”. Propuso articular al Ministerio de Agricultura, Agrocalidad, universidades y productores en un gran proyecto para enfrentar la amenaza. Recordó que, así como ocurrió con la Sigatoka, la estrategia no es esperar la erradicación, sino aprender a convivir con la enfermedad aplicando disciplina y control.

Ecuador tiene aún la oportunidad de anticiparse al impacto devastador del Moko y el Fusarium, pero la experiencia de Colombia y Perú demuestra que la única salida no es eliminarlos, sino aprender a convivir con ellos bajo protocolos estrictos que aseguren la sostenibilidad del banano y el plátano, pilares de la economía y de la seguridad alimentaria del país.