Una investigación basada en el racionamiento de azúcar en el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial sugiere que reducir su consumo desde la gestación hasta los dos años de edad puede disminuir en hasta un 30 % el riesgo de enfermedades cardiovasculares en la vida adulta.

Los primeros 1.000 días, una ventana decisiva

Los primeros años de vida representan una etapa crucial para la salud futura. Desde el embarazo hasta los dos años, cada elección alimentaria influye en el desarrollo físico y metabólico. Así lo confirma un estudio publicado por The BMJ, elaborado por científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong. Este estudio analizó el impacto de restringir el azúcar durante los primeros 1.000 días de vida.

Los investigadores usaron como referencia el fin del racionamiento de azúcar impuesto en el Reino Unido tras la Segunda Guerra Mundial, que se levantó en septiembre de 1953. En ese período, las familias —incluidas mujeres embarazadas y niños pequeños— recibían menos de 40 gramos diarios de azúcar. Además, los bebés menores de dos años no consumían azúcar añadida.

El equipo analizó los datos de 63.433 personas del Biobanco del Reino Unido nacidas entre 1951 y 1956. Compararon a quienes estuvieron expuestos al racionamiento con aquellos que no. Los resultados fueron reveladores. Aquellos con menor exposición al azúcar desde la gestación mostraron riesgos cardiovasculares hasta un 30 % más bajos en la adultez.

Menor riesgo y retraso en enfermedades cardíacas

El estudio demostró que las personas expuestas al racionamiento “en el útero” y durante sus primeros años tuvieron un 20% menos de riesgo de enfermedad cardiovascular. Además, hubo un 25% menos de probabilidad de sufrir un infarto. También, se observó una reducción del 31% en el riesgo de accidente cerebrovascular. También se presentó un retraso promedio de hasta dos años y medio en la aparición de enfermedades cardíacas. Esto, comparado con quienes crecieron sin restricciones de azúcar.

“Este hallazgo muestra que limitar la exposición temprana al azúcar puede tener efectos protectores que duran toda la vida”, explicó el equipo de investigación en The BMJ. Según los autores, el menor riesgo se asocia también con niveles más bajos de diabetes y presión arterial alta en la adultez.

Aunque se trata de un estudio observacional —lo que impide establecer una relación de causa y efecto—, los científicos consideran que los datos son sólidos y consistentes con las recomendaciones actuales de salud pública. “Nuestros resultados subrayan el beneficio cardíaco de las políticas de reducción de azúcar en la infancia temprana”, concluyeron.

Hacia políticas más saludables

Los expertos coinciden en que la investigación refuerza la importancia de limitar las bebidas azucaradas y los alimentos ultraprocesados desde las primeras etapas de la vida. Tal como afirman organismos internacionales como la OMS y la FAO, la nutrición temprana puede determinar el riesgo de desarrollar enfermedades crónicas décadas después.

En palabras de los autores, “entender cómo influyen la dieta infantil, los factores genéticos y el entorno permitirá crear estrategias de prevención más personalizadas para fortalecer la salud del corazón desde la cuna”.