La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomiendan no ofrecer agua a bebés menores de seis meses. Esto se debe a que su organismo no está preparado para procesarla y puede poner en riesgo su salud. Según los expertos, los lactantes obtienen toda la hidratación necesaria a través de la leche materna o de fórmula. Cualquier otro líquido puede alterar su equilibrio nutricional y electrolítico.

Riesgos de dar agua a bebés menores de seis meses

Los bebés recién nacidos tienen un sistema digestivo y renal inmaduro, lo que les impide procesar adecuadamente el agua. Su consumo puede provocar intoxicación hídrica. Este es un trastorno que ocurre cuando el exceso de líquido diluye los niveles de sodio en la sangre. Esto afecta las funciones cerebrales y provoca síntomas como somnolencia, irritabilidad, convulsiones o, en casos extremos, coma.

De acuerdo con la OMS, incluso pequeñas cantidades pueden ser peligrosas. Un bebé que recibe agua puede llenar su estómago rápidamente, reduciendo su apetito. Por ende, su ingesta de leche, que es su principal fuente de nutrientes y defensas, disminuye. Esto puede derivar en desnutrición o retraso en el crecimiento.

Además, ofrecer agua a un bebé menor de seis meses incrementa el riesgo de infecciones. Esto es especialmente cierto en zonas donde la calidad del agua no está garantizada. El sistema inmunológico del lactante aún no está completamente desarrollado, por lo que una simple contaminación puede causar diarrea, fiebre o infecciones intestinales graves.

Lo que sí necesitan: leche materna o de fórmula

La leche materna contiene más de 85 % de agua, además de nutrientes esenciales como proteínas, grasas, lactosa y anticuerpos. Estos nutrientes protegen al bebé de enfermedades. Por esta razón, los especialistas en neonatología coinciden en que no es necesario ningún otro líquido durante los primeros seis meses de vida.

En caso de que la madre no pueda amamantar, la fórmula infantil está diseñada para cubrir las mismas necesidades nutricionales e hídricas. En ambos casos, los lactantes reciben la cantidad exacta de agua que su cuerpo requiere para mantener la hidratación y el equilibrio de sales minerales.

Situaciones especiales y excepciones médicas

En climas extremadamente calurosos o en casos de fiebre leve, muchos padres creen que es necesario ofrecer agua al bebé. Sin embargo, los expertos aclaran que aumentar la frecuencia de las tomas de leche es suficiente para evitar la deshidratación.

Solo en casos médicos específicos —como trastornos renales, fiebre alta persistente o diarreas prolongadas— un profesional de la salud puede indicar la administración controlada de agua o soluciones de rehidratación oral. Estas decisiones deben tomarse exclusivamente bajo supervisión pediátrica.

Asimismo, la OMS advierte que los bebés alimentados con leche de fórmula tampoco deben recibir agua adicional. Esto puede modificar la concentración del preparado y disminuir la ingesta calórica necesaria para su crecimiento.

Qué pasa después de los seis meses

A partir de los seis meses de edad, los bebés comienzan el proceso de alimentación complementaria. En este momento, sí pueden consumir pequeñas cantidades de agua, preferiblemente potable, hervida o filtrada, para acompañar sus nuevas comidas.

Sin embargo, la leche materna o de fórmula sigue siendo su principal fuente de hidratación al menos durante el primer año de vida. Según las guías de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el agua debe introducirse gradualmente. Nunca debe sustituir la leche, que continúa siendo el alimento más completo durante la primera infancia.

Recomendaciones finales para padres y cuidadores

  • No ofrecer agua, jugos ni infusiones a bebés menores de seis meses.
  • Asegurarse de que las tomas de leche materna o fórmula sean frecuentes y suficientes.
  • Consultar siempre con un pediatra antes de introducir cualquier nuevo alimento o líquido.
  • Mantener una higiene adecuada en la preparación de la leche de fórmula y los utensilios de alimentación.
  • Recordar que la leche materna sigue siendo el alimento más seguro, completo y protector durante los primeros meses de vida.

La OMS y la AAP coinciden en que la hidratación natural del bebé proviene exclusivamente de la leche, y que dar agua antes de tiempo no aporta beneficios y sí conlleva riesgos.