Durante una entrevista con Manavisión Plus, la especialista Saskia Mendoza explicó que el cuidado femenino requiere controles ginecológicos permanentes y no debe limitarse únicamente a consultas cuando aparece alguna molestia. Añadió que una revisión anual permite detectar cambios a tiempo, orientar hábitos de autocuidado y definir exámenes según la edad y los antecedentes, con el fin de evitar complicaciones prevenibles.
Mendoza indicó que el primer acercamiento puede darse desde la niñez. Precisó que existe atención ginecológica infantojuvenil y que, desde los ocho años, es posible valorar signos de pubertad precoz. También recomendó una consulta antes de la primera menstruación para aprender sobre el cuerpo, entender el ciclo y reconocer señales de alerta.
En adolescentes y adultas jóvenes, la especialista remarcó que el dolor menstrual intenso no debe asumirse como normal. Alertó sobre sangrados muy abundantes, presencia de coágulos o períodos que impidan estudiar o trabajar.
Añadió que cambios en la frecuencia del ciclo, con intervalos mayores a 35 días o menores a 21, ameritan evaluación. En etapas cercanas a la menopausia, mencionó síntomas como sofocos, insomnio, palpitaciones o sensación de angustia. En la adultez madura, añadió que los controles siguen siendo necesarios aunque no exista actividad sexual, porque pueden aparecer problemas del sistema genitourinario en la zona pélvica.
Prevención y señales de alerta en cada etapa
La entrevista abordó condiciones que pueden estar detrás del dolor pélvico y del sangrado excesivo. Mendoza explicó que primero se busca descartar causas estructurales, como miomas y pólipos, que son crecimientos en el útero y pueden aumentar con el tiempo. Mencionó además la endometriosis, que puede causar dolor severo y no siempre se detecta con ecografía.
La ginecóloga añadió que también hay factores hormonales relacionados con alteraciones del ciclo. Señaló que trastornos de la tiroides pueden influir en el volumen del sangrado y el dolor, por lo que a veces se solicitan estudios complementarios. En quienes recién inician la menstruación, recordó que puede haber irregularidad durante los primeros dos años, pero que el dolor incapacitante o el flujo excesivo requieren consulta. Destacó que por eso son necesarios los controles ginecológicos.
Mendoza advirtió que postergar la evaluación puede traer consecuencias. En casos de miomas, el crecimiento puede llevar a tratamientos más complejos. En endometriosis, las adherencias en la pelvis pueden comprometer órganos cercanos, como intestino o vejiga, y aumentar la dificultad de una intervención. También señaló que la fertilidad puede afectarse si estas condiciones avanzan sin diagnóstico.
Salud sexual, tamizajes y vacunas como herramientas clave
Sobre la vida sexual, Mendoza planteó dos momentos relevantes: antes de iniciarla y después. Indicó que una consulta previa sirve para recibir orientación sobre anticoncepción y prevención de infecciones de transmisión sexual. Una vez iniciada, recomendó mantener controles anuales e incorporar tamizajes para reducir riesgos de cáncer de cuello uterino y de mama.
En ese contexto, resaltó la vacunación contra el virus del papiloma humano (VPH) como una medida preventiva. Explicó que lo ideal es aplicarla antes del inicio de relaciones sexuales, razón por la cual se prioriza a niñas de 9 y 10 años y, más recientemente, a varones. Para quienes no se vacunaron a esa edad, señaló que es posible iniciar el esquema posteriormente con dosis programadas.
La especialista se refirió a barreras culturales que dificultan controles ginecológicos y el diálogo sobre sexualidad. Señaló que persisten la vergüenza y el temor en familias y adolescentes, lo que empuja a buscar datos en fuentes poco confiables. Consideró que la educación en escuelas puede fortalecerse con talleres participativos y espacios seguros para preguntar, sin juicios.
Embarazo, controles ginecológicos y riesgos que pueden prevenirse
En la entrevista, Mendoza explicó que el control prenatal permite anticipar complicaciones y proteger a la madre y al bebé. Indicó que se recomienda un mínimo de cinco controles durante el embarazo y tres ecografías clave. En el primer trimestre, mencionó evaluaciones para identificar riesgos de preeclampsia y amenaza de parto prematuro, y así intervenir temprano.
En el segundo trimestre, detalló la importancia del "detalle anatómico", que revisa estructuras y órganos del feto. Añadió la evaluación para descartar diabetes gestacional, que puede aumentar el peso materno y el tamaño del bebé. En la etapa final, señaló que se vigila el crecimiento y se solicitan pruebas para descartar infecciones que deben estar negativas antes del nacimiento.
Finalmente, Mendoza advirtió sobre el uso inadecuado de la píldora anticonceptiva de emergencia. Explicó que no debe emplearse de forma repetida porque puede alterar el ciclo y no siempre evita un embarazo. Por ello, insistió en la asesoría profesional y en métodos regulares. Recomendó realizar tamizajes como papanicolau según indicación y, desde los 40 años, mamografía.

