El estrés oxidativo es un proceso biológico que se produce cuando existe un desequilibrio entre la producción de radicales libres y la capacidad del cuerpo para neutralizarlos. Fue descrito por primera vez en la década de 1980 y actualmente se considera un factor clave en el envejecimiento celular y en el desarrollo de enfermedades crónicas, según informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Qué es el estrés oxidativo

En condiciones normales, el organismo produce radicales libres —moléculas inestables con electrones desapareados— durante funciones naturales como la respiración o la digestión. Sin embargo, cuando estos radicales se generan en exceso y las defensas antioxidantes no pueden neutralizarlos, se produce el llamado estrés oxidativo. Este fenómeno provoca daños en proteínas, lípidos y ADN, afectando la estructura y función de las células. A largo plazo, contribuye al deterioro de tejidos y al desarrollo de diversas patologías. De acuerdo con investigaciones publicadas en Nature Reviews Molecular Cell Biology, el estrés oxidativo está directamente relacionado con procesos inflamatorios, cáncer, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y neurodegenerativas como el Alzheimer y el Parkinson.

Cómo se genera el desequilibrio oxidativo

El cuerpo mantiene un equilibrio dinámico entre la producción de radicales libres y la acción de los antioxidantes, que son moléculas encargadas de neutralizarlos. Este balance puede alterarse por factores tanto internos como externos. Entre los factores internos se incluyen los procesos metabólicos naturales, el envejecimiento y ciertas enfermedades crónicas. En cambio, los factores externos que aumentan el estrés oxidativo son más controlables e incluyen:

  • Tabaquismo y consumo excesivo de alcohol.
  • Exposición prolongada a radiación ultravioleta o contaminación ambiental.
  • Dieta rica en grasas saturadas y baja en frutas y verduras.
  • Falta de sueño y sedentarismo.
  • Estrés psicológico sostenido.

Estos hábitos estimulan la producción de radicales libres, reducen los niveles de antioxidantes naturales y aceleran el daño celular.

Consecuencias del estrés oxidativo en el organismo

Cuando el daño oxidativo supera la capacidad del cuerpo para repararlo, las consecuencias pueden ser significativas. Entre las más comunes destacan:

  • Daño al ADN celular, que puede favorecer mutaciones genéticas.
  • Pérdida de elasticidad en la piel y aparición prematura de arrugas.
  • Alteraciones en el sistema inmunológico, reduciendo la respuesta ante infecciones.
  • Aceleración del envejecimiento celular.
  • Afectación del sistema nervioso, con impacto en la memoria y las funciones cognitivas.

Además, estudios recientes de la Universidad de Harvard señalan que el estrés oxidativo también puede contribuir al desarrollo de síndrome metabólico y resistencia a la insulina, condiciones que incrementan el riesgo de diabetes y enfermedades del corazón.

Cómo prevenir y reducir el estrés oxidativo

Aunque el estrés oxidativo no puede eliminarse completamente, mantener hábitos saludables ayuda a reducir su impacto. Los expertos recomiendan:

  1. Consumir alimentos ricos en antioxidantes, como frutas cítricas, bayas, espinacas, brócoli, nueces y té verde.
  2. Evitar el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol.
  3. Realizar actividad física moderada de forma regular, ya que el ejercicio mejora las defensas antioxidantes naturales del cuerpo.
  4. Dormir al menos 7 horas diarias para permitir la regeneración celular.
  5. Reducir el estrés emocional mediante técnicas de respiración, meditación o mindfulness.

También se ha comprobado que una dieta con adecuada presencia de vitaminas C y E, selenio, zinc y polifenoles contribuye a neutralizar radicales libres. Sin embargo, los especialistas advierten que el uso de suplementos debe ser orientado por un profesional, ya que el exceso de antioxidantes también puede alterar el equilibrio celular.

Investigaciones actuales y perspectivas médicas

La comunidad científica continúa investigando cómo el estrés oxidativo se relaciona con el envejecimiento y las enfermedades degenerativas. Estudios recientes exploran nuevas terapias antioxidantes y el papel de los nutracéuticos —alimentos con propiedades médicas— en la prevención del daño oxidativo. Asimismo, se desarrollan métodos de diagnóstico que miden los biomarcadores oxidativos en sangre, con el objetivo de identificar de forma temprana el riesgo de enfermedades asociadas. La OMS y otros organismos sanitarios promueven campañas para concienciar sobre la importancia de una alimentación equilibrada, ejercicio regular y control del estrés, pilares fundamentales para reducir los efectos del estrés oxidativo y mejorar la calidad de vida.