Este 26 de marzo de 2026 se conmemora el Día Mundial de Prevención del Cáncer de Cuello Uterino, una iniciativa que busca sensibilizar a la población sobre una patología que, detectada a tiempo, es altamente  tratable.

El objetivo central de esta fecha es reducir las brechas de acceso a la salud y promover la vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), principal precursor de esta enfermedad que afecta a miles de mujeres en edad reproductiva y avanzada.

Un cáncer que cobra más de 300 mil vidas al año

A nivel mundial, el cáncer de cérvix se mantiene como el cuarto tipo de cáncer más común en las mujeres.

Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que anualmente se diagnostican más de 660.000 nuevos casos y se registran aproximadamente 350.000 defunciones.

El 90% de estas muertes ocurren en países de ingresos bajos y medianos, donde el acceso a programas de tamizaje y vacunación sigue siendo limitado, lo que subraya la urgencia de fortalecer las políticas de prevención primaria.

Causas y factores de riesgo 

La causa principal del cáncer de cuello uterino es la infección persistente por tipos de alto riesgo del Virus del Papiloma Humano (VPH), una infección de transmisión sexual muy común.

Si bien la mayoría de las infecciones por VPH desaparecen por sí solas, el virus puede causar cambios en las células del cuello uterino que derivan en lesiones precancerosas.

Otros factores que incrementan el riesgo incluyen el tabaquismo, un sistema inmunitario debilitado, el inicio temprano de la vida sexual y la falta de controles ginecológicos periódicos.

En sus etapas iniciales, esta patología suele ser asintomática, lo que dificulta su detección sin asistencia médica. Sin embargo, en estadios más avanzados, los síntomas pueden incluir sangrado vaginal anormal (después de las relaciones sexuales o entre periodos), flujo vaginal inusual con mal olor y dolor pélvico.

Los especialistas enfatizan que esperar a la aparición de síntomas suele reducir las probabilidades de un tratamiento exitoso, por lo que la prevención es la herramienta más eficaz.

Métodos de prevención y detección

La estrategia de prevención se divide en dos pilares fundamentales. Primero, la prevención primaria mediante la vacunación contra el VPH, recomendada para niñas y niños antes del inicio de su vida sexual.

Segundo, la prevención secundaria a través de pruebas de tamizaje como el Papanicolaou (citología vaginal) y las pruebas de detección de ADN del VPH. Estas herramientas permiten identificar cambios celulares o la presencia del virus antes de que se desarrolle un tumor maligno.

La comunidad médica internacional reitera que un diagnóstico oportuno puede revertir las cifras de mortalidad. El tratamiento temprano de las lesiones precancerosas evita la progresión al cáncer invasivo en casi el 100% de los casos.

Por ello, este 26 de marzo, las campañas de salud pública instan a las mujeres a acudir a sus centros de salud para actualizar sus chequeos y garantizar una protección integral contra una de las enfermedades con mayor impacto en la salud femenina contemporánea.