Puerto López, cantón costero de Manabí históricamente asociado al turismo y la pesca artesanal, atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia reciente. En medio de la ola de violencia registrada el último fin de semana de diciembre, los hechos dejaron una herida que va más allá de las cifras: una menor de edad se cuentan entre las víctimas fatales y colaterales de los ataques armados.

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Uno de los casos más conmocionantes ocurrió la mañana del domingo 28 de diciembre, cuando un ataque perpetrado por hombres armados en el barrio San Pedro terminó con la vida de seis personas, entre ellas una niña de apenas dos años, que se encontraba junto a adultos que realizaban actividades comerciales cotidianas.

Víctimas colaterales en escenarios cotidianos

Los hechos no ocurrieron en un enfrentamiento entre bandas ni en un operativo policial, sino en espacios abiertos, durante actividades habituales como la compra y venta de mariscos. Según información oficial, los atacantes se movilizaban en una camioneta y motocicletas, portando armas de grueso calibre, y dispararon indiscriminadamente contra quienes se encontraban en el lugar.

Este patrón —ataques en espacios públicos y a plena luz del día— ha incrementado el riesgo para niños, niñas y adolescentes que acompañan a sus familias en jornadas laborales o se encuentran en zonas comerciales y residenciales.

El impacto emocional que no siempre se ve

Más allá de las víctimas mortales, otros menores han quedado expuestos a escenas de extrema violencia. Psicólogos y especialistas en protección infantil advierten que la exposición a balaceras, cuerpos sin vida y evacuaciones forzadas puede generar secuelas emocionales profundas, incluso cuando los niños no resultan heridos físicamente.

El miedo persistente, la ansiedad, los trastornos del sueño y la normalización de la violencia son algunas de las consecuencias que podrían manifestarse a mediano y largo plazo en comunidades donde los hechos violentos se repiten.

Un llamado urgente a proteger a la infancia

Tras los acontecimientos, la Policía Nacional reforzó su presencia en Puerto López con unidades tácticas, investigativas y apoyo aéreo. Sin embargo, ciudadanos insisten en que la respuesta no puede ser únicamente policial, sino que debe incluir acciones de prevención, protección social y acompañamiento psicológico, especialmente para los menores afectados.

La violencia armada en Manabí no solo deja víctimas directas, sino que compromete el futuro de niños y adolescentes que crecen en entornos marcados por el temor y la inseguridad.

Puerto López y una alerta que trasciende lo local

De acuerdo con cifras oficiales, Manabí se encamina a cerrar 2025 como uno de los años más violentos de su historia, con múltiples ataques múltiples registrados en distintos cantones. Puerto López, pese a su tamaño y perfil turístico, no ha quedado al margen de esta realidad.

Los recientes hechos evidencian que la infancia se ha convertido en una de las poblaciones más vulnerables frente al avance del crimen organizado, un fenómeno que ya no distingue horarios, lugares ni edades.