La venta de monigotes en la vía pública vuelve a generar malestar ciudadano en Portoviejo. Sobre todo, en zonas de alto flujo vehicular, donde peatones y conductores advierten incomodidad y riesgos por la ocupación de veredas y la reducción del espacio vial en plena temporada de fin de año. Faltando un día para el cierre del año, la presencia de puestos informales instalados en avenidas estratégicas reaviva el debate entre orden, tradición y necesidad económica.
La circulación peatonal y vehicular en arterias de alto flujo como la calle América presenta complicaciones debido a la instalación de puestos de venta informal de monigotes sobre aceras, parterres y zonas destinadas al tránsito. Conductores como Byron Vera, señalan que esta práctica genera congestión, maniobras riesgosas y posibles accidentes, sobre todo en horas pico.
Neil Zambrano, ciudadano, sostuvo que el problema no es la actividad comercial, sino la falta de organización. “Todo tiene que ser organizado; esas ventas causan accidentes, aglomeración y dificultades. Si existe un espacio para vender monigotes (exaeropuerto), debería aprovecharse”, afirmó.
Entre los efectos colaterales, peatones reportan que la ocupación de veredas los obliga a caminar por la calzada en varios tramos, aumentando el riesgo de atropellamientos en días de alto movimiento previo al 31 de diciembre.
Comercio formal de monigotes y competencia desigual
Mientras ciudadanos denuncian incomodidad y peligro, comerciantes ubicados en la Navifest reclaman competencia desigual. La feria funciona en el ex aeropuerto Reales Tamarindos, donde vendedores pagan USD 150 por un puesto para la comercialización de monigotes, pirotecnia y otros artículos de fin de año. Desde este espacio, vendedores formales aseguran que el orden beneficia tanto al comercio como a la movilidad.
Jordán Molina, comerciante autorizado, explicó que pagar por un puesto brinda seguridad y tranquilidad. “Aquí uno paga por trabajar tranquilo, Viene la gente, compra, disfruta y no hay riesgo de sanción. Es injusto que otros vendan en la calle, competimos con quienes no pagan nada y se instalan en plena calle”, señaló.
A su criterio, la concentración de la oferta en un solo punto permite compras familiares más ágiles y reduce el caos vehicular en zonas céntricas. Un efecto que no se logra cuando la actividad se dispersa en distintos sectores de la ciudad.
Para Juan Carlos Sánchez, otro comerciante formal, el orden debió ser absoluto. “Si el municipio quería orden, debió concentrar todo aquí. La mitad en feria y la mitad en calles no ordena nada”, expresó.
Tradición, costos y control municipal
Del otro lado están los comerciantes informales, algunos de ellos ubicados en la calle América, una zona donde hasta antes de la administración de Agustín Casanova, era considerada un punto histórico de venta. Allí Roberto Carlos Ramírez defendió la actividad como una práctica heredada. “Esto es tradición... aquí lo hace todo el barrio desde hace años”, dijo mientras acomodaba monigotes con figuras populares.
Sobre la alternativa municipal, su postura fue directa: “El puesto es caro. Si pago USD 150, ¿qué me queda? Aquí al menos vendemos lo que se puede”. Reconoció que en esta ocasión el control ha sido menor, al señalar que en temporadas anteriores se realizaron desalojos.
Desde el Municipio, el coordinador de Control Territorial, Patricio Puga, explicó que ejecutan operativos desde inicios de diciembre en sectores como la calle América, avenida Manabí y Universitaria. “Hemos sido un poco flexibles. Diciembre es un mes donde se mueve la economía”, indicó, al precisar que no se han realizado decomisos, sino procesos de diálogo y reubicación.
Puga detalló que los controles se desarrollan junto a Portocomercio, el Cuerpo de Bomberos y la Intendencia, con énfasis en evitar la ocupación de veredas y parterres. El procedimiento contempla actas de compromiso y sanciones progresivas en caso de reincidencia.
Antecedente de ordenamiento urbano
No es la primera vez que Portoviejo enfrenta este escenario. Durante la administración del exalcalde Agustín Casanova, el municipio impulsó un proceso de ordenamiento que logró concentrar la venta de monigotes y artículos de fin de año en un solo espacio: el ex aeropuerto Reales Tamarindos.
Ciudadanos como Lucía Peña, recuerdan que la medida permitió reducir el comercio improvisado en calles principales, mejorar la movilidad y brindar condiciones más seguras tanto para comerciantes como para compradores. Peña también recordó que la regulación no fue, en esa época, del agrado de la mayoría de comerciantes.
La ordenanza municipal vigente prohíbe la ocupación del espacio público sin autorización. El Art. 461 establece sanciones del 10 % del Salario Básico Unificado (47 dólares) por la infracción. La multa se duplica en caso de reincidencia y, a partir de la tercera falta, se aplica la clausura temporal (cuando se trata de locales). El Art. 462 prohíbe vitrinas o estructuras comerciales sobre el espacio público, con sanciones similares. (36)

