La actividad comercial en Picoazá impulsó la generación de empleo, pero hoy registra una caída sostenida en las plazas de trabajo.

Tras el terremoto de 2016, el traslado del comercio hacia esta parroquia permitió la creación de plazas de trabajo y dinamizó la economía local. En su punto más alto, Picoazá llegó a concentrar más de 400 locales, lo que fortaleció la actividad comercial y generó empleo en distintos niveles.

Bárbara Vera, comerciante del sector, dijo que llegó a esta parroquia tras el terremoto, pues la calle Pedro Gual donde trabajaba se convirtió en zona cero. En ese entonces, recordó que el movimiento comercial era constante, con ventas diarias que permitían sostener y ampliar la generación de empleo.

Durante temporadas festivas, Vera llegó a contratar hasta tres personas de forma temporal, reflejando la alta demanda y el dinamismo del comercio. Sin embargo, en los últimos años, esa capacidad de generar trabajo temporal ha disminuido, y ahora atiende su negocio junto a su esposo.

Menos empleo y reducción de ingresos

En diciembre de 2025, las ventas fueron bajas y no contrató personal. "Se vendió cualquier cosa, pero no como otros años", señaló, al referirse a la caída en la actividad económica.

Alexandra Vera, otra comerciante, también generó empleo al contratar a dos personas para que le ayudar a atender su puesto de lencería, pero desde hace más de dos años que no contrata a nadie. 

"Las ventas han bajado, pero tenemos las esperanzas que vuelvan a ser como antes", sostuvo, en referencia a la reducción de ingresos.

Lorenzo Palma, presidente del consejo barrial, recordó que tras el terremoto llegaron comerciantes incluso desde Portoviejo, lo que convirtió el centro en una bahía comercial con importante generación de empleo.

Palma estimó que en temporadas de fiestas se generaban entre 200 y 300 plazas de trabajo, lo que dinamizó la economía en la parroquia. Según una excolaboradora de un local que solicitó no revelar su nombre, por cada jornada de trabajo le pagaban en promedio 10 dólares. 

Es decir, Picoazá movía entre 2 mil y 3 mil dólares diarios, sólo en el pago a los trabajadores que contrataban en temporadas altas, entre ellas el inicio de clases.

Locales cerrados y menos oportunidades

Actualmente, ese nivel de generación de empleo ha disminuido considerablemente. De hecho, hay locales que permanecen cerrados y otros fueron retirados tras la pandemia de 2020, lo que redujo la cantidad de espacios comerciales.

Esta situación incide directamente en la disminución de fuentes de trabajo en la zona.

Para los comerciantes, entre los factores que han influido en esta situación están las ventas digitales, especialmente en redes sociales y transmisiones en vivo, que han impactado en la dinámica del comercio físico.

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Después del terremoto en Picoazá se ubicaron módulos. Hoy varios de ellos lucen cerrados, mientras que otros ya no están. - El Diario

Diocles Valeriano, vicepresidente del Colegio de Economistas de Manabí, indicó que el comercio minorista es el más afectado en Picoazá, debido a la falta de circulante y a la inseguridad, factores que inciden en la reducción de ventas y empleo.

Sin embargo, recalcó que a pesar que existen menos puestos en el centro de la parroquia, a lo largo de la calle principal desde el redondel de los Apóstoles se han abierto distintos tipos de negocios.

"Se han abierto nuevos distribuidores de productos", señaló, al mencionar que otro de los factores de la disminución del comercio en Picoazá, es porque en Portoviejo se han abierto locales y distribuidores en distintos sectores.