El sonido de las sierras eléctricas y los martillazos se ha ido apagando en los talleres de ebanistería, donde con el paso de los años el oficio también se desvanece.

Durante 35 años, José Mera fabricó puertas, camas y roperos en su taller de la calle Los Tulipanes, en la ciudadela Villas 15 de Abril. Allí, junto a su hermano, levantaron una tradición familiar que parecía eterna. “Las puertas eran lo que más mandaban a fabricar. Los roperos, las cajoneras, también había bastante pedidos”, recuerda con cierta nostalgia mientras permanecen sentado en los exteriores del taller.

Las puertas eran las de mayor demanda

En sus mejores tiempos, Mera fabricaba entre cuatro y seis puertas a la semana de manera particular. Además, los programas de viviendas impulsados por el Gobierno multiplicaban el trabajo de los ebanistas. “Entregábamos cualquier cantidad de puertas cada mes, dependiendo de las casas que se entregaban”, comenta.

Eran días de abundancia y de pedidos constantes, rememora el artesano. Sus clientes también llegaban por camas y al mes tenía al menos dos pedidos. Cada pieza era un encargo personalizado, adaptado al gusto y necesidad de quien confiaba en el talento del artesano.

Un oficio que se desvanece

Hace ocho años, Mera dejó el oficio. Menciona que el gobierno ya no los considera para fabricar las puertas. Además, las personas empezaron a comprar puertas de melamina y laminados industriales que desplazaron a la madera de calidad como laurel, teca y caoba. Así, la ebanistería, que alguna vez fue símbolo de elegancia y durabilidad, por los productos de alta calidad que fabricaban, se convirtió en un oficio en riesgo de extinción.

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Algunos artesanos optan por utilizar otro material como MDF para reducir los costos.

Pese a eso, su hijo José Mera Pincay, continúa con el oficio heredando las herramientas y la paciencia de su padre, pero no la misma suerte. “Con suerte, recibo un cliente al mes. A veces, cada dos meses”, comenta mientras arreglaba la puerta de una cajonera. Es que la mayoría de trabajos que recibe son de reparación o retoque.

Alberto Macías, otro ebanista del sector, confiesa que hay días que el taller pasa cerrado por falta de trabajo. “Antes de Navidad es cuando más se mueve el trabajo. El resto del año es casi nada”, lamenta. En estos meses, los talleres permanecen en silencio, esperando que alguien vuelva a tocar la puerta.

Entre el recuerdo y la esperanza

La historia se repite en otros talleres, pero algunos artesanos prefieren utilizar otro tipo de material. Arturo Silva, fabrica ataúdes y menciona que los cofres ya no los elabora con madera, sino con tableros de fibras de densidad media (MDF) que es más económico. "Los de madera son muy caros y la gente no tiene plata", menciona.

Dice que así como hay temporadas que son bajas, también hay meses que hay más trabajo. "Cuando hay más pedidos, aquí tengo entre ocho a diez trabajadores, cuando no hay, son pocos", indica Silva.