El Banco Central del Ecuador (BCE) anunció este 15 de abril de 2026 un ajuste positivo en sus proyecciones macroeconómicas, situando el crecimiento de la economía nacional en un 2,5 % para el presente año. Esta cifra representa un incremento del 0,7 % respecto a la previsión anterior de septiembre de 2025, que estimaba apenas un 1,8 %. La mejora en la perspectiva se fundamenta en el dinamismo de la demanda interna y una base favorable heredada de 2025, año en el que el Producto Interno Bruto (PIB) creció un 3,7 %.

Según el reporte oficial, este desempeño se verá reforzado en el periodo 2027-2029 con un crecimiento promedio proyectado del 2,8 %. El ajuste del organismo rector ecuatoriano coincide con la última actualización del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicada el pasado 14 de abril, donde también se elevó la previsión para el país del 2 % al 2,5 % en el marco de sus reuniones de primavera.

Estabilidad externa e indicadores monetarios de Ecuador

El sector externo de Ecuador se mantendrá como un pilar estratégico, proyectándose un superávit de USD 6.420 millones para finales de 2026. Este resultado será impulsado por las exportaciones no petroleras, el crecimiento del sector minero y los flujos de remesas que permanecen en niveles históricamente altos. El BCE estima que la balanza externa se estabilizará en el mediano plazo gracias a la normalización de los precios internacionales y un comercio moderado.

En cuanto al costo de vida, la inflación se perfila baja y estable, acorde al sistema de dolarización, con un promedio estimado de 1,8 % para 2026. Por otro lado, el sistema financiero nacional operará con alta liquidez, lo que facilitará una expansión del crédito al sector privado del 10,0 %. Este flujo crediticio será apuntalado por políticas de acceso y programas específicos como Miti-Miti, fomentando la inversión productiva en el país.

Riesgos y factores de impulso al alza

A pesar del optimismo, el reporte advierte sobre riesgos que podrían afectar la trayectoria de crecimiento, destacando la crisis energética, la volatilidad de los precios de los commodities y los posibles efectos climáticos derivados del fenómeno de El Niño. También se mencionan las condiciones de seguridad y la incertidumbre geopolítica internacional, especialmente en Medio Oriente, como factores de riesgo para economías abiertas como la de Ecuador.

No obstante, existen catalizadores que podrían mejorar aún más el panorama, tales como la implementación de nuevos acuerdos comerciales y la reintegración del país a los mercados internacionales de capitales. Estos elementos, sumados a una posible estabilidad interna de precios y la recuperación de la inversión, configuran un escenario de resiliencia para el desarrollo económico ecuatoriano en el mediano y largo plazo.