Una mujer británica dio a luz en diciembre a un niño llamado Hugo Powell, de 3,1 kilos, tras haber recibido un trasplante de útero de una donante fallecida, en el marco de un programa de investigación desarrollado en el Reino Unido.
La madre, Grace Bell, residente en el sur de Inglaterra junto a su pareja Steve Powell, nació sin útero y fue sometida al procedimiento como parte de un estudio clínico aprobado.
El parto se realizó por cesárea en el Hospital Queen Charlotte and Chelsea, en Londres. Tanto la madre como el recién nacido se encuentran en buen estado de salud tras la intervención.
Este es el primer nacimiento registrado dentro del programa de investigación de trasplantes de útero de donante fallecida impulsado y financiado por la organización benéfica Womb Transplant UK, que contempla la realización de diez trasplantes.
Un programa pionero en Europa
El equipo médico considera que Hugo es el tercer bebé nacido en Europa tras un trasplante de útero procedente de una donante fallecida.
Grace Bell manifestó públicamente su agradecimiento a la donante y a su familia por haber autorizado la donación. En un mensaje difundido tras el nacimiento, expresó que la generosidad de la familia permitió cumplir su deseo de ser madre.
El segundo nombre del bebé, Richard, fue elegido en honor al profesor Richard Smith, fundador del programa de trasplantes de útero en el Reino Unido.
Avances médicos y antecedentes
El nacimiento de Hugo se produce diez meses después de que otra mujer, Grace Davidson, se convirtiera en la primera en el Reino Unido en dar a luz tras recibir un trasplante de útero de donante viva, en ese caso su hermana.
Según la Oxford University Hospitals NHS Foundation Trust, estos avances son resultado de más de 25 años de investigación e innovación médica, en la que han participado múltiples especialistas, hospitales y organizaciones.
Los trasplantes de útero forman parte de tratamientos dirigidos a mujeres con factor uterino absoluto, una condición que impide gestar debido a la ausencia o disfunción del útero.
El caso representa un hito dentro del programa británico de investigación, que continuará desarrollándose bajo protocolos clínicos y supervisión especializada.
