Cada 31 de diciembre, habitantes de diversos países alrededor del mundo ejecutan rituales ancestrales y contemporáneos en sus espacios públicos y hogares para despedir el año viejo. Estas prácticas, que varían desde la destrucción de objetos hasta el consumo de alimentos específicos, tienen como objetivo común simbolizar la renovación y atraer la prosperidad ante el inicio de un nuevo calendario gregoriano.

Fin de año en Ecuador: El fuego purificador

En Ecuador, la tradición más representativa es la quema de los monigotes o "años viejos". Esta práctica consiste en la elaboración de figuras hechas de cartón, aserrín o papel periódico que representan personajes públicos, políticos o vivencias del año que termina.

Al llegar la medianoche, las familias sacan estos muñecos a las calles para prenderles fuego, un acto que simboliza la destrucción de lo negativo ocurrido en los últimos doce meses.

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Esta costumbre ecuatoriana se complementa con el salto sobre las llamas y el testamento del "viejo", un texto satírico que repasa los eventos del año.

En ciudades como Guayaquil, la exhibición de monigotes gigantes atrae a miles de turistas antes de su incineración programada en los primeros días de enero. Mientras que en Portoviejo, cada año se realiza un concurso de años viejos, donde barrios enteros trabajan en la elaboración de tarimas con monigotes.

Rituales de abundancia en Europa y Asia

En España, la tradición dicta el consumo de doce uvas al compás de las campanadas del reloj de la Puerta del Sol en Madrid. Esta práctica, extendida a varios países de América Latina, busca garantizar la fortuna en cada uno de los meses del año entrante.

Por su parte, en Dinamarca, los ciudadanos mantienen la costumbre de saltar desde una silla justo a medianoche para "caer" simbólicamente en el nuevo año. Además, rompen platos viejos contra las puertas de amigos y familiares como muestra de afecto.

En el continente asiático, específicamente en Japón, los templos budistas realizan el Joya no Kane, un ritual donde se hacen sonar las campanas 108 veces. Según la creencia religiosa, cada campanada elimina uno de los pecados o deseos mundanos que causan el sufrimiento humano. Así se comienza el ciclo con un espíritu limpio.

Color y simbología en el hemisferio sur

La vestimenta juega un rol crucial en las festividades por Fin de Año en Brasil. Millones de personas acuden a las playas, como la de Copacabana, vestidos íntegramente de blanco para pedir paz. Además, es común que los asistentes salten siete olas en el mar; por cada ola superada, se pide un deseo para el futuro.

En países como Ecuador, Colombia y Venezuela, el uso de ropa interior amarilla es una de las cábalas más difundidas, asociada directamente con la búsqueda de riqueza y prosperidad económica. En la actualidad, varias personas también apuestan al uso de ropa interior roja, para hallar el amor.

Estas manifestaciones demuestran que, aunque los métodos difieran, el deseo de renovación es un denominador común en la transición global hacia un nuevo periodo.