Mario Álava abre un capítulo de su vida marcado por la disciplina y la reinvención. Capitán de la histórica selección ecuatoriana que clasificó al Mundial de Beach Soccer 2017, Álava dejó el deporte profesional para sumarse al municipio de Manta, donde actualmente ejerce como Coordinador de Inclusión Económica y Social. En esta conversación, el exjugador y ahora funcionario de 40 años, reflexiona sobre la dura lección que lo llevó a estudiar, la amistad que lo vinculó al alcalde Agustín Intriago, y el lanzamiento de su proyecto, una iniciativa de mentoría que busca profesionalizar el acompañamiento integral de los futuros deportistas del país.

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Es Ingeniero en Marketing y posee una maestría en Gestión Deportiva. Tuvo una carrera como deportista de alto rendimiento en fútbol de campo y fútbol playa. Jugó en el Manta Fútbol Club por más de diez años, desde las categorías inferiores hasta el equipo de primera. Fue el capitán de la Selección Ecuatoriana de Fútbol Playa que clasificó al Mundial de 2017, el único que ha disputado Ecuador en esa disciplina. Actualmente es Coordinador de Inclusión Económica y Social del municipio de Manta.

Su experiencia en la función pública inicia en 2019. ¿Esto coincidió con el final de su carrera deportiva de alto rendimiento?

 Así es. Jugué fútbol playa y fútbol de campo de alto rendimiento toda mi vida. Pero me retiré en 2019 y empecé en la función pública como Director de Deportes municipal.

¿Por qué decidió retirarse?

 Clasificamos a un mundial en 2017, el único que ha jugado Ecuador en fútbol playa, y eso nos permitió tener mucha imagen. Yo fui el capitán de esa selección. A Agustín lo conocí en la universidad y generamos una buena amistad; él desde el liderazgo estudiantil y yo en la parte deportiva. En 2019 yo seguía jugando fútbol playa, estaba en Brasil en un campeonato, y recibí una llamada de él para que sea el Director de Deportes. Eso me llevó a tomar la decisión de retirarme.

¿Dónde nació ese gusto por el deporte, especialmente, por el fútbol playa?

 Nació en una cancha de tierra. Mis padres tuvieron un restaurante en la playa El Murciélago. Crecí en la playa y por eso el gusto por el fútbol playa justamente.

Cada uno escoge el camino que quiere y los sueños se construyen con disciplina, esfuerzo y sacrificio.

Mario Álava Rosario

¿Cómo fue su formación inicial?

 Empecé en una escuelita de barrio en una cancha de tierra llamada El Sol. Luego, el gerente de Arpro Industrial sacó un equipo con niños del barrio y yo colaboraba. De ahí pasé al Manta Fútbol Club, que en su momento era una de las mejores escuelas de la ciudad. Estuve en todas las categorías inferiores, desde la Sub 10 hasta el equipo de primera, más de diez años.

Su salida del fútbol fue a una edad temprana. ¿Qué pasó?

 Llegó un entrenador que me dijo que yo no servía para el fútbol, que me retire. A veces uno no madura tan pronto como debe y le creí. Tenía 19 años y me dediqué a estudiar.

Otra faceta suya ha sido la de escribir. ¿Qué quiere transmitir con su libro? 

 No es una faceta que me guste demasiado, porque es complicado. Fue una idea, un sueño que me ha tomado casi ocho años. Se necesita disciplina. 

¿Qué otras metas se vienen ahora? 

Estamos creando una empresa (MAR4) de acompañamiento deportivo y mentoría de alto rendimiento. Es un conjunto de profesionales que acompaña a las familias que quieren que sus hijos sean deportistas. No solo basta el entrenamiento físico; a medida que crecen, se necesita acompañamiento psicológico, nutricional, mental, legal y económico. En las crisis, muchos no saben cómo manejar la fama, el dinero o las emociones ante una rotura familiar, y se puede perder una carrera con gran proyección. Queremos colaborar con quienes quieren convertir el deporte en una profesión.