Los corrales marinos de Ligüiqui compiten en los Premios Sacha 2025 con fotografías que buscan votos globales para visibilizar una técnica ancestral de pesca sostenible.

En Ligüiqui, una playa escondida de Manta, provincia de Manabí, se erigen silenciosos testigos de una ingeniería ancestral: los corrales marinos. Estas son estructuras de piedra construidas hace más de mil años por la cultura Manteña. Y funcionan como trampas naturales que aprovechan las mareas para capturar peces sin dañar el ecosistema marino.

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El Proyecto "Los Corrales de Ligüiqui" busca reconocimiento global en el Premio Sacha -

Corrales marinos de Ligüiqui.

El arqueólogo Juan Andrés Jijón Porras, investigador del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), impulsa esta postulación. El fin es llevar este legado al escenario global, no solo como curiosidad histórica, sino como lección viva de convivencia armónica entre humanos y naturaleza.

Que es el Premio Sacha

El Premio Sacha, una iniciativa de la Fundación Sacha que une a más de 30 países en la promoción de proyectos ambientales innovadores, representa el vehículo perfecto para esta misión. Cada año –o bianualmente–, la fundación convoca concursos que reconocen esfuerzos por la protección planetaria, desde reforestaciones hasta liderazgos ecológicos.

Este 2025, una novedad ilumina el panorama: la creación de una categoría dedicada a "saberes ancestrales" o "inteligencia de la naturaleza", que celebra cómo las comunidades indígenas y tradicionales han descifrado los ritmos del entorno para sobrevivir en equilibrio. "No se trata solo de admirar el pasado, sino de aprender de él para el presente y el futuro", explica Jijón. "Estos corrales demuestran que la técnica ancestral puede modernizarse y replicarse, ofreciendo una alternativa ecológica a prácticas destructivas como la pesca de arrastre o el uso de químicos".

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Los corrales de Ligüiqui, un legado milenario para proteger el océano.

En dos categorías postulan "Los corrales de Ligüiqui"

La postulación de Ligüiqui al Premio Sacha se desdobla en dos frentes estratégicos. El primero es un concurso de fotografía, donde Jijón, como autor, presenta una serie de cuatro imágenes impactantes que capturan la esencia de estos corrales. Las fotos, disponibles en la web del premio y en su cuenta de Instagram (con un enlace directo para votaciones), retratan la transformación de la playa rocosa –con sus farallones y barrancos– en un ecosistema productivo. Datados por dataciones radiocarbónicas en la época Manteña (siglos XI-XV), estos muros sumergidos actúan como embalses que se llenan con la marea alta y revelan su botín al bajar el agua. Lo extraordinario es su vigencia: "Hasta hoy, las familias de Ligüiqui continúan pescando en ellos, manteniendo viva una tradición que sustenta su alimentación sin agredir el mar", detalla el arqueólogo.

Esta continuidad milenaria encaja a la perfección en la categoría de saberes ancestrales, destacando cómo la infraestructura subacuática ancestral evita la contaminación y preserva la biodiversidad, en contraste con los estragos actuales de la sobreexplotación pesquera.

Postulación tiene el respaldo de la Uleam

El segundo eje es la postulación del proyecto integral "Museo y Parque Arqueológico de Ligüiqui " al premio principal. Este está impulsado por la empresa Arqueosapiens, con el respaldo de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí (ULEAM). "El proyecto une ciencia, diseño y participación local", puntualizó y el activista comunitario Leonardo Alonso.

La ULEAM, a través de profesores como Fernando Represa, ha contribuido con artículos publicados en revistas internacionales de Estados Unidos y Argentina, validando la relevancia científica de los corrales. "Hemos diseñado un museo que va más allá de vitrinas: simularemos el flujo de las mareas para que visitantes experimenten cómo funcionan estos corrales, incluso en horarios donde no son visibles en la playa", describe Jijón.

"No buscamos un turismo masivo que degrade el sitio, sino uno de calidad que eduque y empodere", enfatiza el investigador.

El premio Sacha no solo otorga reconocimiento, sino que abre puertas a "ruedas de negocio" y lobbies con empresas y ONGs para captar fondos. Ganadores acceden a una red que multiplica recursos, transformando ideas en realidades tangibles. La ceremonia de premiación está prevista en Brasil u otro país aliado.

Votaciones pueden hacerse en redes sociales como Instagram

Paralelamente, Jijón impulsa la nominación de los corrales marinos de Ligüiqui a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO. "No son un fenómeno aislado: similares estructuras en Cabo Pasado, al norte de Canoa, sugieren una red manteña más amplia", revela. Recientemente, un fondo del INPC financiará excavaciones en Cabo Pasado para comparar y datar estas tecnologías, confirmando si se limitan a estos dos sitios o se extienden por el litoral ecuatoriano. "Es una oportunidad para mapear un legado compartido, fortaleciendo la identidad manabita".

La postulación ya genera expectativas en redes, por lo que se pide a manteses y ecuatorianos votar en Instagram del Premio Sacha. "Lo más valioso no es el trofeo, sino la conciencia: un pueblo educado sobre su patrimonio está listo para protegerlo y multiplicarlo", concluye Jijón.