El calor que sienten los manabitas ya no es solo percepción. Un estudio realizado por la Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí Manuel Félix López (Espam MFL) confirma que la provincia atraviesa un escenario más cálido y seco en comparación con años anteriores, una tendencia que ya impacta en la vida cotidiana y en sectores productivos.
El calor aumentó y ahora tiene respaldo científico
La investigación analizó dos periodos: 2006-2015 y 2016-2025. Los resultados muestran un incremento sostenido de las temperaturas, con una subida de +0,46 °C en la temperatura máxima y +0,41 °C en la media.
Además, los eventos de calor extremo también aumentaron en +0,64 °C, lo que explica por qué las jornadas calurosas son ahora más intensas, especialmente en horas del mediodía y la tarde.
"Hemos visto que en estos últimos diez años ha habido un incremento de la temperatura máxima, que es la que sentimos en el día", explicó el investigador Cristhian Paliz.
Menos humedad y lluvias: un ambiente más seco
El estudio también detectó una disminución en la humedad relativa de -0,77 % y una caída de 109 milímetros en las lluvias anuales.
Esto significa que, aunque pueden registrarse precipitaciones intensas en cortos periodos, en general llueve menos que antes. El resultado es un ambiente más seco, con temporadas sin lluvia más prolongadas.
"Con un ambiente más seco, los cultivos necesitan más agua y eso afecta directamente la producción", advirtió Paliz.
¿Por qué está ocurriendo este cambio?
Uno de los factores clave es la circulación de Walker, un sistema que influye en la distribución de humedad y temperaturas y que se intensifica cada varias décadas.
"Al tener menos humedad, se forman menos nubes y la radiación solar incide directamente sobre la superficie", explicó el especialista.
A esto se suma el impacto del cambio climático global, que actúa como un factor adicional que impulsa el aumento de las temperaturas en la región.
El interior de Manabí siente más el calor
El impacto no es uniforme en toda la provincia. En ciudades costeras como Manta, la brisa marina ayuda a moderar la sensación térmica.
Sin embargo, en zonas del interior como Portoviejo, Calceta y Chone, el calor se intensifica debido a la menor ventilación.
En estos sectores, las temperaturas pueden superar los 35 °C, con sensaciones térmicas que alcanzan hasta los 38 o incluso 40 grados en momentos puntuales.
"En el interior se siente más calor porque no tenemos el efecto de la brisa marina", indicó el investigador.
Impacto en el agua, la agricultura y los ecosistemas
Las condiciones actuales generan mayor estrés térmico e hídrico. La reducción de lluvias y humedad incrementa la demanda de agua, especialmente en la agricultura.
Además, favorece la aparición de plagas y altera los ecosistemas, mientras ríos y esteros enfrentan una presión creciente por el uso del recurso hídrico.
El 2016 como punto de referencia, no como causa
El estudio utiliza el año 2016 como punto de corte para comparar dos décadas, aunque los investigadores aclaran que no existe relación entre el terremoto de ese año y los cambios climáticos.
"No hay ninguna conexión física entre el terremoto y estos cambios climáticos", precisó Paliz.
Según los expertos, los resultados responden a una combinación de variabilidad natural y cambio climático, una tendencia que podría mantenerse en el futuro.
Un escenario que obliga a adaptarse
El panorama que enfrenta Manabí plantea nuevos retos. Más calor, menos lluvias y cambios en los patrones climáticos obligan a replantear estrategias en sectores clave como la agricultura, el manejo del agua y la planificación urbana.
Aunque estas variaciones podrían cambiar en las próximas décadas, los especialistas advierten que el calentamiento global seguirá influyendo en el comportamiento del clima.
