Las historias que Renán Álava Castro escuchó desde niño en el campo hoy cruzan fronteras y suman millones de reproducciones en redes sociales. Desde Pimpiguasí, una comunidad rural de Portoviejo ubicada en la vía a Junín, este periodista manabita revive leyendas, costumbres campesinas y recuerdos de su infancia en el cantón 24 de Mayo, tierra donde nació y aprendió muchas de las vivencias que ahora comparte con una enorme audiencia digital.
Aunque ahora su imagen es reconocida por miles de usuarios en TikTok, Facebook, Instagram y YouTube, asegura que nunca imaginó terminar vinculado al mundo digital de esta manera. Durante décadas trabajó en radio y televisión, pero el giro hacia las plataformas sociales llegó recién en abril de 2025, cuando su hijo menor, José Manuel Álava López, le propuso convertir sus anécdotas cotidianas en videos para internet.
"Yo siempre hablaba en la mesa sobre cómo era la vida en el campo, cómo curábamos el ganado, cómo hacíamos queso o cómo eran esas jornadas largas trabajando desde la madrugada. Mi hijo me decía que todo eso podía interesarle a mucha gente", recordó Álava. Al principio, confesó que tuvo dudas sobre el alcance que podría tener el contenido. "Yo le respondía que no creía que mis anécdotas fueran a llamar mucho la atención", comentó.
Sin embargo, el primer video cambió completamente esa percepción. Mientras realizaban el tratamiento de unos cerditos que criaban en casa, Renán comenzó a explicar el procedimiento y a contar experiencias relacionadas con la vida rural. La publicación alcanzó cerca de dos millones de reproducciones en apenas dos semanas. "Ahí entendí que las redes sociales tienen un alcance gigantesco y que la gente sí se conecta con estas vivencias", afirmó.
El crecimiento que sorprendió a toda la familia
A partir de ese momento, el proyecto comenzó a crecer de manera acelerada. La página "El campo es vida" ya reúne 2.3 millones de seguidores en TikTok y algunos de sus contenidos han superado los 50 millones de reproducciones, con más de 85 mil comentarios de personas que se sienten identificadas con la vida del campo.
En YouTube, el canal suma 198 mil suscriptores y mantiene una audiencia constante que consume este contenido desde distintos países. Según contó Álava, la primera placa de reconocimiento de la plataforma llegó apenas seis meses después de haber iniciado el proyecto. "Cuando nos enviaron la placa por los 100 mil suscriptores, ya teníamos más de 150 mil. Todo fue bastante rápido y honestamente no lo esperábamos", señaló.
El crecimiento también se refleja en Instagram, donde la cuenta supera los 92 mil seguidores y continúa aumentando. Parte importante de esa expansión, explicó, está relacionada con el trabajo de su hijo José Manuel, quien se encarga de la producción audiovisual y de la estrategia digital para cada plataforma. "Él es quien maneja la parte tecnológica y entiende mucho mejor cómo funcionan las redes. Yo aporto con las experiencias y los relatos", indicó.
Además de "El campo es vida" e "Historias de mi tierra", páginas administradas por el hijo de Renán Álava, el protagonista de esta historia recordó que inició en redes sociales colaborando con la página "Hermosa vida de campo", donde todavía comparte contenidos relacionados con tradiciones rurales. Para él, todo este trabajo tiene un valor especial porque nació desde el entorno familiar y se mantiene de la misma manera. "Esto no es un proyecto individual. Todos aportamos en casa para que funcione", comentó.
@elcampoesvidaok La noche que algo imitó la voz de mi mamá #campo
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Relatos que reviven la memoria rural
Con el paso de los meses, el contenido dejó de enfocarse únicamente en actividades agropecuarias y comenzó a incorporar relatos tradicionales que forman parte de la memoria colectiva de muchas comunidades rurales. Las historias sobre duendes, apariciones y personajes populares empezaron a captar todavía más atención entre los seguidores.
Álava explicó que gran parte de esos relatos fueron escuchados durante su infancia, cuando las familias se reunían alrededor del horno de leña para conversar durante las noches. "En aquella época no había electricidad ni distracciones como las actuales. Uno crecía escuchando a los abuelos contar relatos que daban miedo, pero que también dejaban enseñanzas", dijo a El Diario.
Según comentó, muchas de esas narraciones tienen coincidencias con leyendas populares de otros países latinoamericanos. Usuarios de República Dominicana, Puerto Rico, Panamá, Colombia, México, Argentina, Venezuela y Perú le escriben frecuentemente para compartir experiencias similares ocurridas en sus comunidades.
"Hay personajes que prácticamente son los mismos. Aquí hablamos de La Llorona y en otros países existen figuras muy parecidas. Cambia el nombre, pero la esencia de los relatos es casi idéntica", sostuvo. Además, aseguró que muchas personas le envían testimonios y experiencias familiares para que sean revisadas y eventualmente convertidas en nuevos videos.
El creador de contenido explicó que, antes de publicar cualquier relato, todo es revisado junto a su familia. "La gente nos escribe diciendo que cierta historia le ocurrió a sus abuelos o a sus padres. Nosotros analizamos el material y vemos si puede transformarse en contenido para las plataformas", señaló.
Jóvenes conectados con las tradiciones del campo
Uno de los aspectos que más ha llamado la atención de Renán Álava es el tipo de audiencia que sigue sus publicaciones. Aunque inicialmente pensó que el contenido tendría mayor acogida entre personas adultas que vivieron esas experiencias rurales, terminó ocurriendo lo contrario.
"El público que más nos sigue tiene entre 18 y 24 años. Eso me sorprendió muchísimo porque pensé que el mayor impacto iba a estar en personas de mi generación", comentó. Para él, ese interés demuestra que las nuevas generaciones buscan reconectarse con costumbres y conocimientos que poco a poco se han ido perdiendo.
Hasta el momento calcula que han producido cerca de 500 videos relacionados con la vida campesina, los oficios ancestrales y las leyendas populares. Muchos muestran actividades tradicionales como el ordeño, la elaboración artesanal de queso o el manejo del ganado, tareas que Álava aprendió desde niño en el campo manabita.
Paralelamente al crecimiento en redes sociales, el periodista confirmó que actualmente trabaja en un libro digital que reunirá varias de las historias ya publicadas y otras que todavía no han sido difundidas. El objetivo, explicó, es dejar documentada parte de esa memoria rural que considera valiosa para las futuras generaciones.
Más allá de la fama en redes sociales
Aunque las páginas generan ingresos por monetización, Renán Álava insiste en que el propósito principal del proyecto no es económico. Para él, lo más importante es contribuir a mantener vivas tradiciones y expresiones culturales que forman parte de la identidad rural manabita.
Las historias sobre amorfinos, chigualos, labores del campo y antiguas formas de convivencia siguen despertando interés entre miles de personas que diariamente reaccionan a los videos publicados por la familia Álava. El creador de contenido considera que las redes sociales pueden convertirse en una herramienta importante para preservar conocimientos que antes solo se transmitían de manera oral.
"Yo no hablo de rescatar la memoria, sino de recuperarla. Hay muchas cosas que se están perdiendo y si logramos que permanezcan grabadas en este gran repositorio digital, entonces habremos hecho algo que realmente valió la pena", expresó.
Mientras las cifras continúan creciendo en cada plataforma, Renán Álava asegura que la mayor satisfacción sigue siendo ver cómo personas de distintas edades vuelven a interesarse por tradiciones y costumbres que parecían quedar en el olvido.