La Organización Meteorológica Mundial (OMM), agencia especializada de las Naciones Unidas, emitió este viernes 24 de abril de 2026 una alerta global ante la alta probabilidad de que el fenómeno climático de El Niño se forme nuevamente entre los meses de mayo y julio del presente año, extendiéndose con efectos significativos en el territorio ecuatorial. Perú y Ecuador serían los más safectados.
Según los informes, los primeros indicadores meteorológicos apuntan a que el evento podría presentarse con una intensidad considerable. Aunque diversos sectores han especulado sobre la posibilidad de que este episodio alcance magnitudes extremas, categorizándolo bajo el término mediático de "Superniño", la OMM ha puntualizado que no utiliza dicha denominación al no pertenecer a sus clasificaciones científicas oficiales.
Fenómeno de El Niño duraría unos nueve meses
No obstante, Moufouma Okia, jefe de predicción climática de la institución, reconoció que las proyecciones actuales prevén un episodio de El Niño "fuerte". El fenómeno de El Niño es una oscilación climática natural caracterizada por el calentamiento de las temperaturas de la superficie del océano en el Pacífico ecuatorial central y oriental.
Este proceso altera los patrones globales de vientos, presión atmosférica y precipitaciones. Históricamente, estas condiciones oscilan entre El Niño y su contraparte, La Niña, con fases neutras intermedias; los episodios suelen ocurrir en intervalos de dos a siete años y poseen una duración media de nueve a doce meses.
El respaldo científico para esta advertencia se fundamenta en los datos recabados recientemente. Un reporte del Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), publicado el pasado 9 de abril de 2026, sostiene que existe un 61% de probabilidad de que el Fenómeno de El Niño se consolide entre mayo y julio de 2026, con una tendencia a persistir, al menos, hasta finales del año en curso.
Capacidad para modificar las temperaturas globales
El seguimiento de este fenómeno es prioritario debido a su capacidad para modificar las temperaturas globales. El último episodio registrado contribuyó significativamente a que 2023 se posicionara como el segundo año más caluroso de la historia, mientras que 2024 se consolidó como el más cálido registrado.
Ante este escenario, la comunidad científica internacional mantiene un monitoreo constante de las variables oceánicas y atmosféricas para proporcionar actualizaciones precisas que permitan a las naciones tomar medidas preventivas frente a las alteraciones climáticas que este evento podría generar en sus territorios.