Macario Briones Menéndez nunca pasó desapercibido. En Manabí bastaba mencionar el nombre de "Don Maca" para despertar admiración, miedo o rechazo. Para unos fue un criminal que convirtió a la Universidad Técnica de Manabí en el centro de una estructura mafiosa. Para otros, un protector de los pobres que repartía dinero, resolvía conflictos y hacía una justicia que el Estado nunca llegó a ofrecer.

La verdad, como suele ocurrir con los personajes convertidos en leyenda, parece encontrarse en algún punto intermedio.

Su historia comenzó en la pobreza. Nació en una familia humilde y desde muy joven conoció la violencia y el delito. Fue acusado de un homicidio cuando aún era adolescente, emigró a Guayas, terminó en la Penitenciaría del Litoral y logró escapar de prisión tras recibir un disparo durante la fuga. La tradición oral cuenta que una familia campesina lo ocultó y curó sus heridas. Como agradecimiento, enseñó a leer a los niños del lugar. De allí habría nacido el apodo de "El Profe".

Del guardaespaldas al dueño de la Universidad

A finales de la década de 1970 llegó como guardaespaldas a la Universidad Técnica de Manabí, una institución atravesada por pugnas políticas, violencia estudiantil y autoridades incapaces de controlar la institución. Aquel empleado terminaría convirtiéndose en el verdadero hombre fuerte de la universidad.

Sin ocupar un cargo oficial, Don Maca comenzó a decidir quién entraba, quién salía y cómo se resolvían los conflictos. Su grupo de hombres armados le garantizaba obediencia, mientras profesores, dirigentes y funcionarios aceptaban, muchas veces en silencio, que el poder real ya no estaba en el rectorado.

En los barrios populares, sin embargo, la historia era distinta. Allí era visto como un benefactor. Ayudaba a familias necesitadas, financiaba obras sociales y entregaba dinero a quienes acudían en busca de apoyo. Muchos comerciantes y personas con recursos contribuían económicamente a esas ayudas, aunque pocos reconocían públicamente que aquellas "donaciones" no siempre eran voluntarias.

También resolvía disputas familiares, castigaba a quienes consideraba abusadores y se ganó fama de impartir una justicia paralela. Esa imagen alimentó el mito del Robin Hood tropical que quitaba a unos para favorecer a otros.

Pero sus detractores sostienen una versión muy distinta. Lo responsabilizan de asesinatos, robos, violaciones y de utilizar la universidad como refugio para delincuentes y como centro de actividades ilegales. Para ellos, las obras sociales eran simplemente una estrategia para comprar lealtades y construir una imagen de protector.

La política y la leyenda

Con el paso de los años, Don Maca comenzó a involucrarse cada vez más en política. Admirador del Che Guevara, adoptó un discurso de izquierda y llegó a impulsar un Frente Democrático Revolucionario de Chile en América, desde donde expresó su rechazo a la dictadura de Augusto Pinochet. En Ecuador apoyó abiertamente la candidatura presidencial de Rodrigo Borja frente a León Febres Cordero en las elecciones de 1984.

Ese giro político elevó el nivel de confrontación con el poder. Según el historiador Enrique Ayala Mora quien publicó un libro sobre Don Maca, Briones dejó de ser únicamente un delincuente con influencia local para convertirse en un personaje incómodo para militares y autoridades. Incluso llegó a hablar de organizar una guerrilla rural, aunque muchos consideran que aquello nunca habría sido viable.

El 11 de febrero de 1985 su historia terminó de forma violenta. Mientras caminaba por el campus universitario recibió varios disparos. Testigos hablaron de un ataque cuidadosamente planificado. Nunca hubo una investigación concluyente y las circunstancias de su asesinato permanecen envueltas en el misterio. La hipótesis de un crimen político persiste hasta hoy.

Su funeral fue multitudinario. Miles de personas acompañaron el cortejo fúnebre, convencidas de que había caído un hombre que protegía a los olvidados. Otros, en cambio, respiraron aliviados porque consideraban que desaparecía uno de los principales responsables de la violencia que marcó aquellos años en Manabí.

El expediente de su asesinato nunca cerró las preguntas que dejó abiertas su vida. Don Maca murió bajo las balas, pero nació una leyenda que aún divide a Manabí. Para unos fue un criminal; para otros, un protector. Entre ambas versiones quedó un personaje que convirtió el miedo en poder y la pobreza en un discurso que todavía encuentra eco. Su historia demuestra que, cuando el Estado desaparece, otros escriben las reglas.