Desde hace tres semanas, la vida de Mario Mero Delgado, de 60 años, se ha complicado por una nueva y costosa rutina. Tres días a la semana, Mario viaja desde San Juan de Manta hasta Colorado de Montecristi para realizarse sus diálisis, un tratamiento que es la diferencia entre la vida y la muerte. Antes, su tratamiento se desarrollaba en la clínica de diálisis ubicada estratégicamente en Manta, en la Calle 12 y transversal 17B, junto al hospital Rodríguez Zambrano y la Cruz Roja de la ciudad. Sin embargo, ese centro médico está cerrando sus puertas lentamente, obligando a los pacientes a dirigirse hasta la clínica de diálisis DaVita, en Colorado, Montecristi, frente a la gasolinera Primax.
Mario, quien escuchó el rumor del cierre durante meses, lamenta que esta realidad se haya concretado y lo obliga a asumir más gastos en su movilización. Anteriormente, el costo de transporte para sus tres sesiones semanales en Manta ascendía a 15 dólares. Hoy, el cambio de destino a Montecristi lo obliga a destinar 42 dólares para el mismo servicio. Esta diferencia de 27 dólares semanales se traduce en una preocupación constante para la economía familiar.
La situación de Mario refleja el drama de decenas de pacientes renales de Manta y sus alrededores. Algunos pacientes han mencionado la posibilidad de que se les reconozca algún tipo de ayuda para la movilización, para cubrir los gastos de traslado hacia Colorado. No obstante, el testimonio de Mero sobre el aumento de sus costos sugiere que, o esta ayuda no se ha materializado en su caso, o es insuficiente para cubrir la totalidad del nuevo gasto que implica el traslado constante a un destino más lejano.
La espera incierta y la batalla por el tiempo
El impacto de esta reubicación no solo es económico, sino también logístico y humano. La mañana de este martes 31 de marzo de 2026, Ángel Molina, residente de El Palmar, esperaba en el exterior de la clínica de Manta a que su esposa, Mercedes Palma, de 65 años, terminara su sesión de diálisis. Su preocupación es palpable.
Molina contó que, aunque él posee un vehículo, el traslado hasta la clínica DaVita de Colorado impactará su presupuesto, pues debe viajar tres veces a la semana. Pero el mayor costo no es solo el combustible. Él debe esperar a su esposa, ya que cada sesión de diálisis toma en promedio tres horas. El trayecto de ida y vuelta a Montecristi, sumado al tiempo de espera, consume gran parte de su día. Este sacrificio de tiempo lo realizan tres veces por semana.
Para Ángel Molina y otros familiares, el cierre representa una doble carga: el manejo del estrés por la enfermedad y la necesidad de una logística de transporte que absorbe tiempo y recursos. La noticia del traslado a Colorado era un secreto a voces entre los pacientes, quienes presienten que a los pocos que aún quedan en Manta pronto les llegará la notificación de cambio. "Antes normalmente esto era lleno", expresó Molina sobre la incertidumbre que rodea el futuro de su esposa y el resto de los pacientes.
El silencio de un centro que cierra
El movimiento paulatino de pacientes es confirmado por los transportistas que prestaban sus servicios a la clínica de Manta. Un transportista, que prefirió omitir su nombre, certificó que el traslado se viene dando paulatinamente y afectando las rutas que cubrían, como Jaramijó, Los Bajos, San Mateo y San Juan.
El centro de diálisis de Manta, que antes era un punto de constante movimiento con carros que llegaban y salían, ahora luce semivacío. Los pisos superiores ya no se utilizan, los ascensores están inactivos, y la atención se concentra únicamente en la planta baja. Anteriormente, el centro tenía tres salas más en los pisos superiores.
La razón detrás del cierre progresivo es simple, pero con graves consecuencias para la comunidad: el lugar en Manta era alquilado, y el dueño está reubicando a la gente a un lugar de su propiedad, en Colorado. Gran parte del personal médico y administrativo ya ha sido trasladado a Portoviejo y Montecristi (Colorado).
Un Tratamiento Vital en la Balanza Nacional
La diálisis, especialmente la hemodiálisis, es un tratamiento crítico para la vida de miles de ecuatorianos con insuficiencia renal crónica (IRC), una enfermedad declarada catastrófica en Ecuador desde 2008. En Ecuador, el costo de la hemodiálisis en clínicas privadas oscila entre $1.200 y $1.456 dólares mensuales.
Este paquete de servicios es integral y se establece con base en el Tarifario de Prestaciones para el Sistema Nacional de Salud (SNS). El precio de $1.456 cubre típicamente entre 12 y 14 sesiones por mes, y está diseñado para ser un paquete de atención integral en la persona y su familia.
Afortunadamente para los pacientes como Mario Mero y Mercedes Palma, para quienes están afiliados al Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) o son usuarios del Ministerio de Salud Pública (MSP), este tratamiento es gratuito, ya que el Estado cubre el costo. "No obstante, el traslado a Montecristi demuestra que, aunque el tratamiento sea gratuito, el acceso a este no lo es, y los pacientes deben pagar el costo de la movilidad y el tiempo perdido", acotó Molina.