El estudio Re|Shaping Policies for Creativity, presentado en París, revela que la irrupción de la inteligencia artificial generativa provocará una crisis financiera sin precedentes en las industrias creativas hacia el año 2028. Según el documento, se estima una caída global de ingresos del 24% en el sector musical y del 21% en el ámbito audiovisual.

Esta transformación ocurre porque las plataformas digitales están siendo saturadas con contenidos sintéticos que compiten directamente con las obras producidas por humanos, afectando la propiedad intelectual y la estabilidad laboral de millones de artistas a nivel mundial.

El panorama actual muestra una saturación de los canales de distribución digital. Actualmente, se suben a plataformas como Deezer más de 50.000 canciones diarias generadas íntegramente por IA. El informe define estos productos como "contenidos sintéticos", creaciones realizadas a partir de comandos automatizados con una contribución humana mínima, señala un artículo de  Noticias ONU.

Estos contenidos suelen ser de calidad baja a media e imitan sistemáticamente estilos de obras protegidas por derechos de autor, lo que genera una competencia desleal para los creadores que alimentaron originalmente estos algoritmos con su talento.

Esta imitación constante conlleva un riesgo técnico conocido como "colapso del modelo". Este fenómeno ocurre cuando los conjuntos de datos de entrenamiento se saturan de contenido sintético en lugar de humano.

Al alimentarse de sus propios resultados en lugar de nuevas expresiones creativas reales, la IA entra en un ciclo de degeneración progresiva de la calidad y fiabilidad de los contenidos futuros. Este bucle no solo amenaza la economía del artista, sino la diversidad y la innovación del patrimonio cultural global.

Desigualdad económica y dependencia digital

La estructura del mercado ha cambiado drásticamente en los últimos seis años. Los ingresos por vías digitales representan hoy el 35% de las ganancias totales de los artistas, una cifra que se ha duplicado desde 2018. Sin embargo, esta dependencia del entorno digital ha incrementado la precariedad y la inestabilidad del sector.

Aunque el comercio mundial de bienes culturales alcanzó los 254.000 millones de dólares en 2023, el financiamiento público directo sigue siendo alarmantemente bajo, situándose por debajo del 0,6% del PIB mundial.

Existe, además, una brecha creciente entre el Norte y el Sur global. Si bien los países en desarrollo ya representan el 46% de las exportaciones de bienes culturales, su participación en el comercio de servicios culturales digitales apenas supera el 20%.

La falta de infraestructura tecnológica agrava la situación: mientras el 67% de la población en países desarrollados cuenta con habilidades digitales esenciales, en los países en desarrollo esta cifra cae al 28%, limitando su capacidad de competir en un mercado dominado por pantallas, indica Noticias ONU.

La concentración del mercado en un puñado de plataformas de streaming añade otra capa de complejidad. Los sistemas algorítmicos de recomendación suelen ser opacos y tienden a invisibilizar a los creadores de culturas periféricas o con menor presupuesto publicitario.

Esta opacidad algorítmica refuerza sesgos que favorecen el contenido genérico o altamente comercial, dejando en segundo plano las expresiones artísticas diversas que no logran descifrar la lógica del sistema.

Hacia una gobernanza ética de la creatividad

Ante este escenario, el informe de la UNESCO urge a los gobiernos a establecer marcos de gobernanza que garanticen un desarrollo ético, inclusivo y sostenible. Es fundamental que las políticas públicas protejan los derechos de propiedad intelectual de los creadores frente al uso no autorizado de sus obras para el entrenamiento de máquinas.

La innovación debe ir de la mano con la inversión en infraestructuras culturales que permitan a los artistas de todas las regiones acceder al mercado global en condiciones de equidad.

Finalmente, el documento alerta sobre la vulnerabilidad física y política de los profesionales de la cultura. Solo el 37% de los países dispone de mecanismos para proteger a los artistas en contextos de conflicto o inestabilidad política.

La vigilancia digital y la falta de marcos regulatorios para la IA no solo ponen en riesgo el bolsillo del creador, sino también su libertad de expresión y su integridad en un entorno digital cada vez más restrictivo y vigilado. (10).