Un consorcio internacional liderado por la ONU y la Unión Europea presentó la semana anterior un informe global que detalla cómo la inseguridad alimentaria aguda alcanzó a 266 millones de personas en 47 países durante el año 2025. El hambre no para en el mundo.

El documento destaca un hecho sin precedentes: la declaración de dos hambrunas totales simultáneas en Gaza y regiones de Sudán, impulsadas principalmente por conflictos armados y restricciones al acceso humanitario.

Según el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, la crisis actual es el resultado de una década donde el hambre se ha duplicado, concentrándose la mayor gravedad en diez naciones específicas que albergan a dos tercios de los afectados.

Desarrollo: Un panorama de emergencia global

Por séptimo año consecutivo, la crisis alimentaria y la malnutrición han mantenido niveles dramáticos. El Sistema de Clasificación de la Seguridad Alimentaria (IPC) ha sido tajante al identificar que la gravedad del hambre se encuentra en su segundo nivel más alto de la historia.

Actualmente, el número de personas en situación de hambre catastrófica (fase 5 del IPC) es nueve veces superior al registrado en 2016, lo que evidencia un deterioro acelerado de los sistemas de protección social y alimentaria en zonas de guerra, señala la web Noticias ONU.

La concentración del problema es evidente. Solo diez países —Afganistán, Bangladés, República Democrática del Congo, Myanmar, Nigeria, Pakistán, Sudán del Sur, Sudán, Siria y Yemen— representan el núcleo del sufrimiento global. De este grupo, naciones como Sudán y Yemen presentan las estadísticas más alarmantes tanto en proporción de habitantes afectados como en números absolutos, debido al colapso total de sus servicios esenciales y la persistencia de las hostilidades.

En términos demográficos, el sector más vulnerable sigue siendo la infancia. El informe técnico señala que 35,5 millones de niños padecieron malnutrición aguda en 2025, de los cuales casi 10 millones sufrían malnutrición grave, una condición que pone en riesgo inminente su vida y su desarrollo cognitivo a largo plazo.

La directora de UNICEF, Catherine Russell, enfatizó que esta tragedia no se debe a una escasez de recursos físicos, sino a una profunda falta de voluntad política.

Conflictos y el colapso de la financiación

El informe es claro al señalar que los conflictos siguen siendo la principal causa de la inseguridad alimentaria. En regiones como Gaza y Myanmar, el desplazamiento forzado y las restricciones logísticas han impedido que la ayuda llegue a quienes más la necesitan. A esto se suma que casi la mitad de las crisis alimentarias actuales están acompañadas de crisis nutricionales sistémicas, donde el colapso de los sistemas de salud potencia la mortalidad por enfermedades prevenibles.

Un factor crítico que agrava la situación en este 2026 es la disminución drástica de la financiación. Los recursos destinados a combatir las crisis alimentarias han caído a mínimos no vistos en casi diez años. Esta falta de capital limita la capacidad de respuesta de los gobiernos y las ONG, dejando a los actores humanitarios con herramientas insuficientes para intervenir en zonas donde el hambre ya es una realidad cotidiana y no solo un riesgo.

Dato Clave: Casi el 23% de la población analizada en el informe sufrió inseguridad alimentaria aguda el año pasado, una proporción que es casi el doble de la registrada en el año 2016.

Perspectivas y riesgos para el 2026

Las proyecciones para el resto del año son sombrías. La variabilidad climática y la incertidumbre económica global, sumadas a la escalada de conflictos en Oriente Medio, amenazan con perturbar aún más los mercados agroalimentarios. Los países del Caribe y las islas del Pacífico son particularmente vulnerables debido a su alta dependencia de las importaciones de alimentos, lo que los expone directamente al aumento de los costos logísticos y de energía.

Además, el papel de los países del Golfo como exportadores de fertilizantes es fundamental. Cualquier interrupción en las rutas de transporte marítimo podría generar un efecto dominó en los precios de los insumos agrícolas a nivel mundial, encareciendo la producción de alimentos en países que ya se encuentran al borde del abismo financiero.

La ONU advierte que, sin una acción anticipatoria y un respeto estricto al derecho internacional, el hambre seguirá siendo utilizada como un arma de guerra silenciosa.

Finalmente, el organismo internacional y la Unión Europea hacen un llamado urgente a fortalecer las inversiones en sistemas agroalimentarios resilientes.

La solución estructural requiere más que ayuda de emergencia; demanda adaptación al cambio climático, creación de oportunidades económicas rurales y, sobre todo, un acceso humanitario seguro que permita romper el ciclo de malnutrición que hoy asfixia a millones de personas. (10).