Este jueves 16 de abril se cumple una década del terremoto de 7,8 que sacudió Manabí y Esmeraldas. En Portoviejo, el choque entre Colón FC y Liga de Portoviejo se convirtió en tragedia cuando la tierra rugió a las 18:58.

A 32 minutos del pitazo inicial (19h30), el Estadio Reales Tamarindos vibraba de expectativa. Banderas verdes y blancos ondeaban en la General Sur, la hinchada de Mafia Verde cantaba y miles de almas se preparaban para un duelo cargado de rivalidad local.

Colón FC, recién ascendido, traía en sus filas a exjugadores universitarios como Kelvín Castro, Jackson Quiñónez y Víctor Valle. El ambiente era de fiesta manabita pura. Nadie imaginaba que la naturaleza estaba a punto de robarse el show y, con él, cientos de vidas.

El rugido que apagó las luces

Romeo Cedeño, líder de la barra Mafia Verde, lo vivió en primera fila desde la General Sur. "Era un llamado clásico que se iba a dar. Nosotros teníamos guindadas todas nuestras banderas y la gente estaba llegando. Recuerdo que la gente estaba arriba para empezar a cantar y cuando nos dimos cuenta que las luminarias se empezaron a prender y apagar... fue algo horrible. Eso se movió, y luego intentamos bajar y seguía el terremoto. La gente se caía al intentar bajar las gradas. Una vez abajo, la gente estaba en shock, vomitaba", relató con la voz aún entrecortada por el recuerdo.

Cedeño recuerda que mientras los hinchas de la General Sur salían del estadio, él se regresó solo a quitar las banderas que habían guindado  en esta localidad mientras la policía pedía evacuar. "Fue anecdótico que a pesar del terremoto, yo me regresé a sacar las banderas con las que apoyamos cada fin de semana a nuestro equipo, el ídolo de Manabí", menciona.

Tras salir del estadio, Cedeño recuerda que en ese instante vio cómo estaba derrumbado el edificio del Servicio de Rentas Internas, la Cooperativa de la Policía Nacional y otros inmuebles emblemáticos. El pánico era total. Lo que debía ser una noche de goles y cánticos se transformó en un momento de terror.

En la cabina y en la cancha, el mismo susto

En la cabina de transmisión de Radio Farra, el periodista Enrique Zambrano vivía un momento similar. Transmitían la previa del partido junto a otros colegas y ya anunciaban la alineación de Colón FC cuando la tierra empezó a moverse como olas. "Fue terrible. Al principio observaba cómo se movía la tierra. Nuestro compañero Jhon García empezó a orar en alta voz y eso me relajó un poco. Yo no me moví del asiento, mientras otros corrían. Esperamos hasta que paró todo y observamos la magnitud al frente del estadio. Estar en el estadio fue un lugar exacto para nosotros, porque felizmente no nos pasó nada más que un gran susto", recordó Zambrano.

En la cancha, el réferi cuencano Juan Pablo Bravo, junto a sus asistentes Fernando Zambrano, Édison Vásquez y Álvaro Márquez, ya había salido con los equipos 40 minutos antes del horario previsto. Unos 3.000 hinchas ocupaban las graderías. Cuando el sismo golpeó a las 18:58, jugadores y árbitros corrieron hacia el centro del campo. Algunos aficionados bajaron las gradas y se refugiaron en la cancha, buscando espacio abierto lejos de las estructuras que se tambaleaban.

Bravo, aún conmovido años después, sostiene que ese partido salvó miles de vidas: "A lo mejor esos hinchas se quedaban en sus casas y no quiero imaginarme cuántos hubiesen fallecido. Dios me dio una nueva oportunidad de vida. Esos momentos difíciles quedaron grabados en mi mente".

El equipo de prensa que nunca llegó al estadio

Un equipo de El Diario y Manavisión, integrado por Alexandra Mero, Julio Moreira, José Zambrano y Willian Castro, se dirigía a cubrir el encuentro. Solo alcanzaron a llegar a la esquina de la Av. Universitaria y calle César Chávez Cañarte cuando la tierra empezó a moverse. De repente, fue una locura: gente corriendo, arrodillándose en plena calle, hinchas que iban a ver a su equipo convertidos en sobrevivientes que buscaban dónde protegerse. El fútbol quedó suspendido indefinidamente. La fecha de la Serie B se canceló en todo el país.

Una década de cicatrices y resiliencia

Diez años después, el 16 de abril de 2016 sigue marcado a fuego en la memoria colectiva de Manabí y Esmeraldas. El terremoto de magnitud 7,8, con epicentro frente a las costas entre Pedernales y Cojimíes, dejó oficialmente 663 fallecidos, más de 6.000 heridos y decenas de miles de damnificados.

Portoviejo, Manta, Pedernales y otras ciudades quedaron en ruinas. Edificios icónicos se derrumbaron, carreteras se partieron y el dolor se extendió por toda la provincia.

Aquella noche, el fútbol no fue solo un deporte interrumpido. Fue un punto de encuentro que, paradójicamente, protegió a miles de hinchas. Mientras las réplicas seguían sacudiendo la región durante semanas, los manabitas demostraron una vez más su capacidad de levantarse. 

Hoy, al cumplirse la década, las heridas físicas han cicatrizado en muchos lugares, pero las emocionales persisten. Cada 16 de abril, las banderas verdes de Mafia Verde ondean con un significado distinto: no solo por el equipo, sino por la memoria de quienes ya no están y por la fuerza de un pueblo que, incluso en el peor momento, encontró en el fútbol un refugio que luego se convirtió en salvavidas.

El clásico entre Liga de Portoviejo y Colón FC se reprogramó para junio donde igualaron 1-1. Pero aquella tarde-noche del 16 de abril de 2016 se convirtió en el partido más importante de sus vidas: el partido por la supervivencia. Manabí sigue de pie, con la misma garra con la que sus equipos salen a la cancha.