Donald Trump, presidente de los Estados Unidos, instó este martes 31 de marzo de 2026 a sus aliados internacionales a tomar el control del Estrecho de Ormuz por cuenta propia. La solicitud surge en un contexto de parálisis en la principal vía de exportación de crudo del Golfo Pérsico, bloqueada por Teherán como represalia a la ofensiva militar iniciada por Washington e Israel el pasado 28 de febrero.

A través de su red social, Truth Social, el mandatario pidió a las naciones que no se han sumado a la coalición bélica contra Irán que actúen con "coraje" para reabrir el flujo comercial. "Lo más complicado ya está hecho. ¡Vayan por su petróleo!", afirmó Trump, sugiriendo que la capacidad operativa de Irán ha sido neutralizada y que la responsabilidad de asegurar el suministro de gas licuado y materias primas recae ahora en los países de la OTAN y de Asia.

Donald Trump enfrenta punto de fricción diplomática

La postura de la Casa Blanca se fundamenta en la premisa de que Estados Unidos posee una menor dependencia directa del crudo proveniente de Medio Oriente en comparación con sus aliados. No obstante, el mercado interno estadounidense ya refleja las consecuencias de la inestabilidad global.

Este martes, el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos superó la barrera de los 4 dólares por galón (3,78 litros), un nivel que no se registraba desde agosto de 2022. Según datos proporcionados por la asociación automovilística AAA, el promedio nacional se situó este lunes en 4,01 dólares. Esta cifra representa un incremento superior al 30% desde el inicio de las operaciones militares hace un mes.

El alza sostenida en los combustibles fósiles contradice la narrativa de invulnerabilidad económica frente al conflicto, presionando la inflación y el consumo doméstico en territorio norteamericano. El despliegue militar contra Irán, ejecutado sin consulta previa con los socios estratégicos de Washington, ha generado un punto de fricción diplomática.

EE.UU. asegura que Irán ha sido aniquilado

Al desentenderse del desbloqueo del Estrecho de Ormuz, Trump trasladó la presión logística y militar a potencias europeas y asiáticas, cuyas economías dependen críticamente de la seguridad en las rutas marítimas del Golfo. Mientras el gobierno estadounidense insiste en que "Irán ya ha sido esencialmente aniquilado", la comunidad internacional observa con preocupación el cierre de una vía por la que transita el 20% del consumo mundial de petróleo.

La negativa de Estados Unidos a liderar la reapertura del estrecho marca un giro en su política exterior, priorizando la acción unilateral y exigiendo a sus aliados una participación activa en la gestión de la crisis energética derivada de la guerra.