Los amplios ventanales, la altura de los espacios y los detalles constructivos de una edificación con 95 años de historia captaron la atención de decenas de estudiantes de Arquitectura durante una visita guiada a uno de los inmuebles patrimoniales más representativos de Guayaquil. La actividad permitió que los universitarios observaran de cerca elementos arquitectónicos que forman parte de la memoria urbana de la ciudad y que hoy vuelven a cobrar protagonismo gracias a los procesos de recuperación impulsados por el Municipio.

Google PreferredCanal de WhatsApp

El recorrido se desarrolló en el edificio donde funcionó el colegio Ana Paredes de Alfaro, ubicado en la intersección de las calles Sucre y Chimborazo, en el centro de Guayaquil. Este inmueble, inaugurado en 1931 y ampliado en 1937, constituye uno de los referentes históricos de la arquitectura educativa de la ciudad. Durante décadas albergó a miles de estudiantes y se consolidó como un símbolo de formación académica para varias generaciones.

Durante la jornada, los alumnos dialogaron con técnicos de la Dirección de Patrimonio Cultural sobre los decorados, escaleras, pisos y otros componentes que caracterizan a esta construcción. Además, conocieron detalles sobre las intervenciones ejecutadas para preservar la infraestructura y evitar el deterioro que durante años afectó al inmueble.

Jonathan Martínez, estudiante de Arquitectura, destacó la importancia de este tipo de experiencias para complementar la formación universitaria. "Esto abre muchas puertas no solo para nuestra universidad, sino también para otras porque una cosa es verlo en clases y otra es sentirlo, apreciar los detalles y saber más de nuestra historia", expresó mientras recorría las instalaciones.

Un edificio que forma parte de la memoria de Guayaquil

La historia del inmueble está estrechamente ligada al desarrollo educativo de la ciudad. Según registros municipales, la denominada Escuela Modelo Municipal abrió sus puertas el 24 de mayo de 1931 y posteriormente fue ampliada para atender la creciente demanda estudiantil. Entre 1960 y 2016 acogió a distintas instituciones educativas, entre ellas el colegio Ana Paredes de Alfaro, convirtiéndose en un punto de referencia para generaciones de guayaquileños.

Sin embargo, el edificio atravesó un largo período de abandono después de que las actividades académicas fueran trasladadas a otro sector de la ciudad. El deterioro de la infraestructura, la acumulación de desechos y los problemas de seguridad provocaron preocupación entre residentes, comerciantes y antiguos estudiantes que observaban cómo uno de los inmuebles más emblemáticos del centro histórico perdía progresivamente su valor patrimonial.

Ante esta situación, el Municipio de Guayaquil inició en 2023 un proceso de recuperación integral. Las primeras acciones incluyeron limpieza, remoción de escombros, levantamientos topográficos y estudios técnicos destinados a determinar las futuras intervenciones en la estructura. Las autoridades municipales señalaron entonces que la meta consistía en rescatar la identidad histórica del inmueble y devolverle una función cultural para beneficio de la ciudadanía.

Tres años después, los avances son visibles. Durante 2026, el Municipio ejecutó trabajos de mantenimiento exterior, recuperación de fachadas y adecuaciones que permitieron devolverle parte de su antiguo esplendor. Estas acciones forman parte de un programa más amplio de preservación de edificios emblemáticos que busca fortalecer el patrimonio histórico de Guayaquil y promover su aprovechamiento cultural y educativo.

Aprendizaje fuera de las aulas

La visita guiada también permitió analizar las técnicas constructivas empleadas a inicios del siglo XX. El arquitecto Jorge Vega Verduga, docente de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Guayaquil, explicó a sus alumnos que el edificio refleja una etapa importante de transición tecnológica en la construcción ecuatoriana.

Según el académico, la estructura evidencia el uso de hormigón armado y elementos de hierro importado, materiales que comenzaron a utilizarse con mayor frecuencia en edificaciones destinadas al servicio público durante las primeras décadas del siglo pasado. Estos componentes permitieron desarrollar espacios más amplios, mejorar la ventilación natural y dotar a las construcciones de una mayor resistencia estructural.

"La academia necesita de socios estratégicos y qué más que el Municipio sea nuestro socio, nuestro colaborador y compañero. Una cosa es enseñar desde las aulas de la universidad y otra es hacerlo en escenarios reales", manifestó Vega durante el recorrido.

Precisamente, esa conexión entre teoría y práctica constituye uno de los principales objetivos de estas visitas. Los estudiantes no solo observan planos o fotografías históricas, sino que tienen la oportunidad de recorrer espacios auténticos, identificar materiales originales y comprender cómo evolucionó la arquitectura urbana de Guayaquil a lo largo de los años.

El patrimonio como herramienta de formación profesional

Especialistas en conservación patrimonial coinciden en que el contacto directo con edificaciones históricas fortalece la formación de los futuros arquitectos. Estas experiencias permiten desarrollar criterios de valoración, restauración y preservación que resultan fundamentales para quienes en el futuro participarán en proyectos de intervención urbana.

Además, el recorrido ayuda a comprender cómo la arquitectura responde a las necesidades sociales, climáticas y tecnológicas de cada época. En el caso del edificio Ana Paredes de Alfaro, destacan aspectos como la ventilación cruzada, la amplitud de los corredores y la organización espacial diseñada para optimizar las condiciones de aprendizaje en una ciudad caracterizada por sus altas temperaturas.

La Dirección de Patrimonio Cultural del Municipio ha impulsado diversas iniciativas orientadas a vincular a las universidades con los procesos de conservación histórica. En 2025, por ejemplo, estudiantes de la Universidad de Guayaquil participaron en exposiciones de maquetas y proyectos de rehabilitación de edificios patrimoniales, promoviendo propuestas que podrían contribuir a la recuperación de espacios emblemáticos de la ciudad.

Estas actividades buscan generar una nueva conciencia sobre la importancia del patrimonio arquitectónico, especialmente entre las generaciones más jóvenes. El objetivo es que los futuros profesionales comprendan que cada edificio histórico representa una parte fundamental de la identidad colectiva y constituye un recurso invaluable para el desarrollo cultural y turístico.

Guayaquil apuesta por la recuperación de su legado histórico

La recuperación del edificio donde funcionó el colegio Ana Paredes de Alfaro forma parte de una estrategia municipal más amplia orientada a revitalizar el centro de Guayaquil. En los últimos años, distintas edificaciones patrimoniales han sido intervenidas con trabajos de mantenimiento, restauración y mejoramiento de sus condiciones de uso.

Las autoridades consideran que la conservación de estos espacios no solo protege la memoria urbana, sino que también impulsa actividades culturales, académicas y turísticas capaces de dinamizar la economía local. Por ello, se analiza la posibilidad de que varios inmuebles recuperados funcionen como centros culturales, espacios expositivos y escenarios para actividades educativas.

Mientras tanto, las visitas guiadas continúan consolidándose como una herramienta para acercar a los estudiantes al patrimonio arquitectónico de la ciudad. Cada recorrido permite descubrir historias, técnicas constructivas y detalles que difícilmente pueden apreciarse únicamente en los libros o las aulas universitarias.