Leonardo Favio decía que el cine era su verdadero hogar. Sin embargo, millones de personas lo conocieron primero por sus canciones. En América Latina, su voz sonaba en radios, fiestas y televisores.
Era el hombre que cantaba "Fuiste mía un verano", el que hablaba de amores sencillos y nostalgias profundas. Pero detrás de ese cantante romántico había algo más: un director obsesivo, un narrador apasionado que usó la música como un puente para poder seguir haciendo cine.
Su vida comenzó muy lejos del brillo de los escenarios. Nació en Mendoza en Argentina con el nombre de Fuad Jorge Jury Olivera. Su infancia estuvo marcada por la ausencia de su padre y por la pobreza. Durante años vivió en internados y hogares para menores.
Esos lugares, llenos de disciplina y silencios, dejaron una huella profunda en él. De hecho, muchos años después convertiría esos recuerdos en una de las películas más conmovedoras del cine argentino.
Antes de encontrar su camino, probó varios destinos. Quiso ser sacerdote cuando era adolescente. También pasó temporadas difíciles en Buenos Aires, donde llegó a mendigar en estaciones de tren para sobrevivir. Incluso intentó hacer carrera en la Armada Argentina, pero fue expulsado. Parecía una vida llena de caminos cerrados. Hasta que apareció el arte.
Su madre, Laura Favio, trabajaba en radioteatros y lo ayudó a conseguir pequeños papeles. Eran participaciones modestas, mal pagadas, pero para el joven Favio significaban una puerta abierta. En esos estudios de radio descubrió el poder de contar historias con la voz y las emociones.
Los primeros pasos en el cine
Poco a poco empezó a hacerse un lugar. Gracias a contactos familiares consiguió participar en radioteatros de Radio El Mundo y más tarde tuvo un pequeño papel en el cine. Ese fue el inicio de todo. De regreso en Buenos Aires conoció al director Leopoldo Torre Nilsson, quien se convertiría en una figura clave en su vida.
Torre Nilsson vio en él algo especial y le dio su primer papel importante en El secuestrador. A partir de ahí, la carrera de Favio como actor despegó. Trabajó con varios directores reconocidos y participó en numerosas películas durante los años sesenta.
Pero mientras actuaba, observaba atentamente los rodajes. Miraba cómo se movían las cámaras, cómo se construían las escenas y cómo una historia tomaba forma. Estaba aprendiendo a dirigir.
La música que lo convirtió en ídolo popular
En paralelo, la música comenzaba a aparecer en su vida. Desde niño tocaba la guitarra y cantaba en reuniones familiares. Un día se animó a presentarse en un pequeño escenario del Museo Escenográfico La Botica del Ángel. Aquella noche cambió su destino.
Un productor musical lo escuchó y le propuso grabar un disco. En ese momento, la música popular argentina estaba dominada por artistas como Sandro o Palito Ortega. Favio era diferente. Su estilo estaba más cerca de la canción francesa de Charles Aznavour: íntima, melancólica y cargada de emoción.
Su primer sencillo fue un fracaso. Pero poco después llegó la canción que lo cambiaría todo: "Fuiste mía un verano". La balada conectó inmediatamente con el público. El éxito fue enorme.
Vinieron otras canciones como "Ella ya me olvidó", "Mi tristeza es mía y nada más" o "Ding Dong, estas cosas del amor". Y también "La rubia del cabaret". Sus discos se escuchaban en toda América Latina y su fama crecía rápidamente. Incluso protagonizó películas inspiradas en sus propias canciones.
Pero mientras el público lo celebraba como cantante, Favio pensaba en otra cosa. Pensaba en el cine.
El director que dejó huella en el cine argentino
En 1965 dirigió Crónica de un niño solo, una película inspirada en su propia infancia en un reformatorio. La historia, dura y poética al mismo tiempo, impactó a la crítica y ganó premios internacionales. Muchos la consideran una de las mejores películas del cine argentino. Ese fue solo el comienzo.
Luego llegaron El romance del Aniceto y la Francisca, El dependiente, Juan Moreira y Nazareno Cruz y el lobo, que se convirtió en un fenómeno popular con millones de espectadores. Su cine mezclaba poesía, melodrama y cultura popular.
Sin embargo, la historia política de Argentina también marcó su vida. Tras el golpe militar de 1976, decidió exiliarse. Vivió en Colombia y México, donde continuó cantando y realizando giras. Durante ese tiempo, la música volvió a ser su sustento principal.
Pasaron diecisiete años antes de que regresara al cine. Lo hizo con una película sobre el famoso boxeador argentino José María Gatica. Fue un regreso destacado. Después realizaría el documental Perón, sinfonía del sentimiento y, años más tarde, el musical Aniceto.
Leonardo Favio falleció el 5 de noviembre de 2012 a causa de una neumonía fulminante. Sin embargo, su salud estaba seriamente deteriorada por varias afecciones crónicas previas.
Tenía razón en algo que solía decir con humor: fuera de Argentina, muchos lo recordarían primero como cantante. Pero dentro del mundo del cine su nombre permanece como el de un artista único. Un hombre que transformó una infancia difícil en poesía. Y un cineasta que decidió cantar para poder seguir filmando.

