Leonardo DiCaprio y Paul Thomas Anderson se encontraron en Londres para analizar no solo el recorrido de Una batalla tras otra, sino también el complejo momento que vive la industria cinematográfica a nivel global. Según recogió The Sunday Times, ambos coincidieron en que el sector atraviesa una transformación acelerada, impulsada por las plataformas de streaming y las crecientes dificultades para sostener producciones originales en las salas de cine tradicionales.
La conversación se dio en un contexto de cambios profundos, donde incluso películas con presupuestos elevados y nombres consagrados enfrentan desafíos para recuperar su inversión y mantenerse en cartelera más allá de unas pocas semanas.
La infancia de DiCaprio y el cine como refugio
Durante el diálogo, DiCaprio hizo un repaso íntimo de su infancia en Los Ángeles, marcada por dificultades económicas y una vida familiar bohemia. “Mis padres eran bohemios en toda la extensión de la palabra y pasé mi infancia en barrios extremos”, recordó el actor, quien encontró en el cine una vía de escape.
Relató que solía refugiarse en el Vista Theatre, un espacio que describió como “una tienda de discos llena de magia”, donde descubrió su deseo de formar parte de la gran pantalla. Para DiCaprio, el cine sigue siendo “la gran forma de arte moderno”, una experiencia colectiva que hoy, a sus 51 años, teme que pierda centralidad.
¿El fin de las salas como eje cultural?
Ese vínculo emocional explica su preocupación actual. El actor advirtió que el cine atraviesa una transición “a la velocidad del rayo”. Y se preguntó si las salas lograrán sostener su lugar como eje de la experiencia cinematográfica o si terminarán convertidas en espacios de nicho.
DiCaprio fue claro al señalar que los documentales ya casi han desaparecido de los cines y que los dramas cuentan con una ventana cada vez más corta, ya que el público prefiere esperar su llegada a las plataformas digitales.
La presión del streaming y el riesgo para el cine de autor
Paul Thomas Anderson, director de There Will Be Blood (Habrá Sangre) y Licorice Pizza (Pizza de regaliz), profundizó en el impacto de Netflix y su director ejecutivo, Ted Sarandos. Según Anderson, la presión para desplazar al público de las salas y priorizar el modelo de suscripción digital representa una amenaza mayor que la televisión, el VHS o incluso la piratería.
“Es un combate cuerpo a cuerpo”, afirmó el cineasta, al referirse a la lucha por sostener el cine de autor dentro del actual modelo de negocios, cada vez más dominado por algoritmos y métricas de consumo rápido.
Una taquilla millonaria que no alcanza
Una batalla tras otra ejemplifica esa tensión. La película contó con un presupuesto estimado de 175 millones de dólares y recaudó 204,7 millones en taquilla mundial. Aunque la cifra es elevada, resultó insuficiente frente a los costos totales de producción y distribución. Esto evidencia lo difícil que es hoy sostener proyectos ambiciosos sin el respaldo directo del streaming.
Ante este panorama, DiCaprio expresó su inquietud por el futuro de las propuestas originales. “Solo espero que suficientes personas, que sean verdaderos visionarios, tengan la oportunidad de hacer cosas únicas en el futuro”, señaló.
Un proceso creativo poco convencional
Anderson destacó el rigor con el que DiCaprio elige sus proyectos y su compromiso durante los rodajes. “Tiene el compromiso de no hacer cualquier película”, afirmó, subrayando una ética de trabajo que se reflejó en cada etapa de la filmación.
Ese enfoque se reforzó con decisiones poco habituales para una producción de esta escala, como la proyección diaria del material grabado al elenco. Para DiCaprio, esta dinámica contrastó con sus inicios, cuando apenas recibía cintas VHS en su camarín para revisar su trabajo en soledad. En esta ocasión, el proceso fue colectivo y altamente involucrado.
Política, migración y debate crítico
La película también aborda temas sociales sensibles como el autoritarismo y la migración, especialmente durante su rodaje en El Paso, Texas, una ciudad fronteriza. “Nuestra película tiene agentes de migración buscándome y estamos literalmente en una ciudad fronteriza donde esa amenaza es real”, relató DiCaprio.
El actor aclaró que nunca consideró alejarse del proyecto por su trasfondo político y negó que la cinta responda a una agenda ideológica específica. Anderson, por su parte, subrayó que la intención fue aportar una mirada optimista, más que provocadora.
Controversias y reconocimiento
La recepción crítica no estuvo exenta de debate, especialmente por la “representación hipersexualizada” de mujeres negras en pantalla. Anderson reconoció la discusión, aunque destacó que la Asociación de Críticos de Cine Afroamericanos ubicó a Una batalla tras otra como la segunda mejor película del año.
“Tiendo a escuchar solo las críticas demasiado entusiastas”, confesó el director, aunque aseguró estar abierto a escuchar objeciones fundamentadas y a sostener diálogos respetuosos sobre su obra.

