La ansiedad se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la salud mental contemporánea. En un contexto marcado por la prisa, la autoexigencia y la hiperconectividad, cada vez más personas experimentan síntomas físicos y emocionales que dificultan su vida diaria, muchas veces sin identificar con claridad qué les ocurre.

El psiquiatra Alejandro Martínez Rico, autor del libro Ansiedad, ¡déjame en paz!, compara este trastorno con un sistema de alarma mal calibrado. Según explica, la ansiedad cumple una función protectora cuando actúa de forma puntual, pero se vuelve problemática cuando se instala de manera constante y sin una amenaza real.

Cuando la alerta nunca se apaga

De acuerdo con el especialista, la ansiedad surge cuando el estrés deja de ser útil y se vuelve crónico. En ese punto, la mente pierde la capacidad de distinguir entre un peligro real y uno imaginario, manteniendo al cuerpo en un estado permanente de alerta.

Esta condición puede manifestarse de múltiples formas: mareos, náuseas, acúfenos, dolores de cabeza, dificultad para concentrarse, olvidos frecuentes o la sensación de no encontrar las palabras adecuadas.

"Es una enfermedad de muchas caras y puede intensificar o desencadenar otros problemas físicos", advierte el psiquiatra.

Estrés y ansiedad no son lo mismo

Aunque suelen confundirse, el estrés y la ansiedad no cumplen la misma función. El estrés, en niveles moderados, es necesario para rendir y activarnos. El problema aparece cuando esa activación se prolonga en el tiempo y se transforma en ansiedad patológica.

Martínez Rico subraya que no es normal vivir con niveles elevados de estrés de forma permanente. Identificar emociones, revisar los diálogos internos y reconocer patrones como el perfeccionismo extremo, la autoexigencia o la dificultad para delegar son pasos clave para evitar que el estrés derive en un bloqueo emocional.

El peligro de la rumiación mental

Uno de los grandes aliados de la ansiedad es el sobrepensar. La rumiación, caracterizada por pensamientos repetitivos y negativos, alimenta el malestar y agota mentalmente. Según el especialista, muchas personas se han vuelto "adictas" a este hábito, sin notar el impacto que tiene en su bienestar.

Como estrategia, recomienda reservar un tiempo concreto del día para preocuparse, escribir aquello que inquieta y, fuera de ese espacio, entrenar a la mente para soltar los pensamientos invasivos y centrarse en el presente.

El costo físico y emocional de la ansiedad

La ansiedad sostenida en el tiempo no solo afecta al estado de ánimo. El aumento crónico del cortisol, la hormona del estrés, puede elevar hasta en un 43 % el riesgo de infarto y multiplicar la probabilidad de desarrollar depresión.

Para el psiquiatra, cuando el cuerpo ya no puede sostener ese ritmo, termina forzando una pausa a través del cansancio extremo, la tristeza o la falta de motivación. Por ello, insiste en la necesidad de frenar antes de que el impacto sea mayor.

La respiración como herramienta clave

Entre las técnicas más eficaces para regular la ansiedad destaca la respiración diafragmática, una de las más utilizadas en consulta y con mayor respaldo científico. Consiste en respirar de forma consciente, inflando el abdomen al inhalar por la nariz y soltando el aire lentamente por la boca.

Este tipo de respiración actúa como un "botón de calma" para el sistema nervioso y puede reducir de forma notable el estrés en pocos minutos, especialmente si se practica con regularidad.