La carrera espacial del Ecuador está a punto de alcanzar una altura sin precedentes. En 2026, el cielo dejará de ser el límite para el ingeniero aeroespacial y también piloto comercial, Juan Salinas, quien tras 25 años de preparación en la industria aeronáutica estadounidense, ha sido seleccionado para una misión que pondrá la bandera tricolor más allá de la atmósfera terrestre. En diálogo para Manavisión Plus, Salinas relató cómo un sueño que nació en los aeropuertos de Estados Unidos se transformó en una misión científica y humana que busca certificar productos nacionales para el futuro turismo espacial.
-Ingeniero Salinas,¿cómo se gesta esta oportunidad histórica para que el primer ecuatoriano viaje al espacio exterior?
Han sido 25 años de esfuerzo y preparación. Desde que vine a los Estados Unidos comencé a trabajar en el aeropuerto, en aeronaves; después tuve la oportunidad de estudiar ingeniería aeroespacial y formarme como piloto comercial. Eventualmente, trabajé alrededor de 15 años en la industria de ingeniería en vuelos de prueba con varias empresas aeroespaciales de los Estados Unidos. Hace un par de años, más o menos, tuve la oportunidad de hacer un acercamiento con la NASA, trabajando en campamentos de verano para niños y también realizando vuelos de acrobacia a aspirantes de astronautas. Ese acercamiento me permitió hacer la postulación con la empresa aeroespacial y resultar seleccionado.
-Sabemos que hay una misión técnica que cumplir. ¿Cómo será ese viaje y qué experimento llevará a cabo a 100 kilómetros de altura?
Es un vuelo privado que despega desde Texas, Estados Unidos. Iremos en una cápsula seis personas y vamos a pasar los 100 kilómetros, que es la línea de Kármán. Estaremos en ingravidez alrededor de 15 minutos, tiempo en el cual se me permite realizar un experimento: voy a llevar una rosa ecuatoriana para certificar y observar cómo se comporta en el antes y el después ante la hidratación, exposición, radiación y gravedad cero. Una vez que pasamos la ingravidez, la cápsula vuelve a entrar en la atmósfera, abre tres paracaídas y aterrizamos en tierra.
-¿Cuál es la finalidad real de certificar una rosa ecuatoriana en el espacio exterior?
Tengo un apego bastante grande con las flores porque tengo una empresa de ese sector aquí en Estados Unidos. En los próximos 10 a 15 años se viene un "boom" de certificaciones de productos para el espacio. Hace unos meses conocí a una chica de la India que certificó el primer maquillaje espacial. En una década vamos a tener hoteles allá arriba, habrá turismo espacial y gente viviendo ahí. Se van a necesitar todos los productos que tenemos aquí, pero certificados. Y un hotel o una casa nunca están completos si no tienen una rosa.
-Sobre la logística del equipo, ¿quiénes lo acompañarán y en qué fecha exacta se realizará el despegue?
Todavía no conocemos los nombres de las otras personas; somos seis en la cápsula. Aproximadamente tres meses antes de la misión sabré el nombre del equipo, la fecha exacta y los acompañantes. De despegue a aterrizaje son solo 30 minutos, pero al pasar la línea de Kármán uno ya es considerado internacionalmente como un astronauta comercial. Estimamos que será en el tercer trimestre de 2026, pero debo ser cauto con la confirmación de la fecha.
-Este es un paso gigante para el país. ¿Cómo proyecta usted el impacto para las futuras generaciones del Ecuador?
Lo que quiero con esta primera misión es abrir las puertas. Quiero poner el nombre de Ecuador en la lista de países que han ido al espacio. Si Dios me da la oportunidad de hacer más misiones, en buena hora; y si no, quiero impulsar misiones para que vayan más ecuatorianos.
-Hay niños y jóvenes que hoy lo ven como un referente. ¿Qué tan difícil es llegar a ser astronauta?
Ningún sueño es muy grande. Si yo lo estoy logrando, todos pueden hacerlo. Yo llegué a este país sin saber el idioma, con 600 dólares en el bolsillo y crecí solo; soy independiente desde los 18 años. Si yo pude con trabajo duro, esfuerzo, perseverancia, disciplina y siempre de la mano de Dios, todos pueden.
-Usted mantuvo una reunión con el presidente Daniel Noboa. ¿Se concretó algún apoyo para fomentar las ciencias espaciales en el país?
El presidente se mostró muy abierto y carismático; le encantó la idea. El objetivo ahora es que, con la visibilidad de esta misión, podamos obtener ayuda del gobierno y de la empresa privada para crear organizaciones que otorguen becas a niños y jóvenes que quieran estudiar ciencias exactas y del espacio.
-Lo hemos visto realizar acrobacias aéreas. ¿Esa destreza física es parte de su entrenamiento para tolerar las fuerzas de gravedad?
Exactamente. Me formé con Patty Wagstaff, una leyenda de la aviación aquí. En los últimos cinco años he volado acrobacias y también he llevado a aspirantes a astronautas a medir su capacidad y tolerancia a las fuerzas G. Es una preparación fundamental para lo que viene.
-Juan, usted trabajó casi una década en Boeing. ¿Cómo influyó esa experiencia en lo que vive hoy?
Marcó mis inicios en ingeniería y vuelos de prueba. Diseñé partes de aviones y fui embajador de Boeing en Asia por cuatro años, viajando a más de 60 países entrenando a aerolíneas, ingenieros y pilotos. Fue la experiencia que me permitió hacer lo que estoy haciendo ahora.
-Finalmente, ¿siente el respaldo de los 18 millones de ecuatorianos en este reto?
Definitivamente sí. En mi último viaje recibí mucho cariño de la gente, las empresas y los medios. Me siento muy contento y agradecido. El día que Juan Salinas vaya al espacio, vamos a ser 18 millones de ecuatorianos allá arriba.
