El éxito en la música internacional se alcanza con constancia, disciplina y la convicción de que el talento ecuatoriano puede competir al más alto nivel, afirma el guitarrista y productor Antonio Vergara, primer ecuatoriano nominado al Grammy y miembro del Salón de la Fama del Blues, quien compartió en Manavisión Plus cómo consolidó su carrera produciendo toda su obra desde Ecuador.
- ¿Qué pasó por tu mente al recibir la noticia de esta nominación al Grammy de Estados Unidos y consideras que el Ecuador ya estaba preparado para competir en este nivel?
Si las cosas pasaron es porque definitivamente estábamos preparados. Fue muy emocionante y maravilloso que, luego de 67 ediciones de los Grammy, tengamos finalmente a través de este servidor un representante como artista principal.
Uno se prepara para todo, incluso para los logros, pero hay que ser muy constante. Si tú compras la lotería es para ganarla; si uno hace un álbum es para llegar muy lejos. Y bueno, en esta ocasión sucedió. Todo lo que hemos logrado ha sido hecho y creado aquí en Ecuador.
- ¿Alcanzar el Grammy, representa la meta final para Antonio Vergara o es apenas el inicio de nuevos proyectos?
Siempre será un paso más y un ladrillo más en la pared que uno va creando; ese muro maravilloso que uno va construyendo de forma constante. Porque si dijéramos que "ya lo hice, ya se logró", ahí quedaría todo y no habría motivación para seguir creando ni seguir haciendo música. Ante todo, la música es lo primero.
- ¿Qué significado tiene para ti ser el primer iberoamericano en ingresar al Salón de la Fama del Blues?
Como todo joven muchos años atrás, cuando empecé con la guitarra uno inicia tocando canciones de otras personas o los acordes básicos. Sin embargo, en su momento yo quise empezar a decir algo más con el instrumento, a generar melodías propias, y ahí es donde entra el blues en mi vida y en la de la gente que quiere hacer música de ese tipo.
El género llegó, me atravesó y, bueno, hice caso a las señales; definitivamente fue el camino para lograr todo esto. Después de lo que sucedió con la nominación al Grammy en la categoría de Mejor Álbum de Blues Contemporáneo, la gente del Salón de la Fama del Blues hizo una revisión de mi trayectoria y mi carrera, y me otorgaron esa inducción. Lo recibo con muchísima humildad y, a la vez, con una gran responsabilidad.
- ¿A qué edad descubriste que el blues, pese a su alta exigencia técnica, era tu verdadera pasión?
Tal vez entre los 17 y 19 años; era muy joven realmente. Es que yo desde muy chico ya quise hacer música y, más que nada, quería que fuera música propia; ahí radicó la diferencia. Siempre me tomé esto muy en serio. Desde niño tuve contacto con estudios de grabación y demás; primero como un visitante sorprendido y emocionado, luego formando parte del proceso y, al final, logrando tener el mío propio para crear y realizar trabajos para todo el mundo desde aquí.
- ¿Cuál ha sido el desafío más grande que has tenido que superar para sostenerte en este nivel competitivo?
El desafío, en mi caso, es conmigo mismo. En cada álbum que he trabajado y creado como artista, siempre me he propuesto que sea mejor que el anterior; allí es donde empieza esa autoexigencia que lo lleva a uno más y más lejos. Es complicado y es difícil, pero la meta es maravillosa y siempre está para ti. Lo ideal es simplemente ser constante, seguir y no detenerse.
Mira, el álbum con el que logré la nominación al Grammy fue mi disco número 12, imagínate todo el trayecto previo; creo que ahí está resumido todo. Y actualmente ya voy por el disco 14.
- Un aspecto clave que destacas es que toda tu obra se produce desde Ecuador. ¿Cuenta el país con la infraestructura técnica y el personal calificado para competir globalmente?
El testimonio que estoy compartiendo es la prueba irrefutable de que sí. Yo vivo diciendo que sí hay industria aquí en Ecuador, sí hay los equipos y hay las personas capacitadas. En mi caso, tuve la suerte de estudiar en su momento sonido y producción musical. Durante muchos años impartí clases en universidades precisamente en esa área, y ahora sigo motivando y formando a profesionales, por ejemplo, en una maestría en pedagogía musical.
Siempre les digo, la infraestructura está, la cuestión es creerlo y hacerlo. Es más, antes de la nominación al Grammy americano como artista, el año anterior logré una nominación como ingeniero de mezcla y masterización de un álbum de música tejana, y todo fue hecho en mi estudio.
Ahí viene lo irónico pero a la vez hermoso, gente de Estados Unidos me manda sus trabajos para que yo los mezcle y los masterice aquí en Ecuador. Definitivamente se puede tener alta calidad en el país, yo doy fe de aquello; confirmado, se puede hacer.
- Paralelamente a los escenarios, mantienes una sólida carrera académica. ¿Cómo logras equilibrar la docencia con las exigencias de tu faceta artística?
Mi vida está atravesada por un eje maravilloso de dos grandes directrices, primero, toda la línea artística musical que viene por mi herencia materna; y segundo, toda la parte de docencia que proviene de la línea paterna. En ese, como yo lo llamo, maravilloso caos me ha tocado vivir y lo disfruto plenamente.
He podido impartir clases tanto de forma virtual como presencial, y no solamente de música. Tengo un doctorado en educación, un doctorado en ciencias sociales y un posdoctorado en política educativa. Me ha tocado dictar cátedra en educación y pedagogía musical, lo cual es muy gratificante.
Especialmente con los estudiantes en línea; ellos asumen el aprendizaje con innovación, sin la obligatoriedad de la presencialidad, impulsados únicamente por el deseo de aportar al desarrollo de sus respectivos países.
- Tras la consolidación de tu duodécimo álbum y los reconocimientos internacionales, ¿cuál es el siguiente paso concreto en la planificación de Antonio Vergara?
Luego de haber logrado esta nominación, ahora falta la estatua. Así que no nos detendremos hasta traerla acá al Ecuador y reencontrarnos en este espacio cuando llegue esa oportunidad para mostrársela a todo el mundo; ese trofeo debe quedar aquí bajo custodia perpetua del país.
Para ello ya hay trabajo previsto, a finales de mayo publiqué mi décimo cuarto álbum en español, y a fines de agosto voy a lanzar dos álbumes más en inglés para mantener esa línea internacional. Yo soy muy inquieto en la creación musical; si llegan las canciones, hay que grabarlas y editarlas.
- Si bien la calidad técnica existe, ¿qué le hace falta al entorno cultural ecuatoriano para que el talento y la producción local adquieran mayor visibilidad y respaldo por parte del público?
La gente tiene que creérsela primero; creer firmemente que se puede. La música es una profesión en la que quienes la ejercen deben tener el ego muy fuerte; y ojo, hablo del ego bueno, no de ser pretencioso, sino de poseer la seguridad interna para seguir adelante. Si la gente empieza a creerlo, lo va a lograr; lo reitero como un testimonio de vida, yo lo creí y lo hice.
El talento en Ecuador es muchísimo, pero hay que pulirlo, mejorarlo y proyectarlo. Es excelente cuando las personas se sienten identificadas con los elementos patrios, como el himno nacional, que está diseñado para motivar.
Si allí empieza el orgullo, que continúe en el arte. La clave es no detenerse, ser necios en el buen sentido de la palabra y trabajar hasta alcanzar los objetivos. La meta siempre está ahí; si uno no llega, estará disponible para otro, y no hay nada más frustrante que ver a alguien más alcanzar un camino que estaba diseñado para ti.
