Más de 2,6 millones de personas en Ecuador enfrentarán niveles críticos de inseguridad alimentaria aguda, según el análisis humanitario 2025-2026 respaldado por Naciones Unidas y la Clasificación Integrada de la Seguridad Alimentaria en Fases. La cifra equivale a casi una de cada seis personas en el país y refleja una situación que requiere asistencia urgente.
El informe advierte que la población afectada se encuentra en Fase 3 o superior, es decir, en condiciones de crisis o emergencia alimentaria. Este escenario está relacionado con la combinación de violencia, desplazamiento, pobreza, alza del costo de vida, eventos climáticos extremos y limitaciones en el acceso a servicios básicos.
¿Cuál es el significado de esta alerta?
La clasificación internacional divide la inseguridad alimentaria en cinco fases. En la Fase 3, denominada crisis, los hogares enfrentan dificultades graves para alimentarse y pueden verse obligados a reducir porciones, endeudarse o vender bienes para sobrevivir.
En la Fase 4, considerada emergencia, las familias registran brechas más severas en el consumo de alimentos y agotan sus mecanismos de respuesta. La Fase 5 corresponde a una situación de catástrofe o hambruna, que aún no se reporta de forma generalizada en Ecuador, pero que representa un riesgo si no se atienden los factores de deterioro.
Factores que agravan la situación
El informe identifica una crisis multidimensional. Uno de los factores principales es la violencia, que ha provocado desplazamientos internos y pérdida de medios de vida. Las familias que abandonan sus territorios dejan atrás cultivos, empleos, redes de apoyo e ingresos.
A esto se suma el aumento del costo de los alimentos y de la canasta básica. En hogares vulnerables, una parte elevada de los ingresos se destina únicamente a comida, sin que eso garantice una alimentación suficiente, variada y nutritiva.
Clima, pobreza y servicios básicos en Ecuador
Los fenómenos climáticos también inciden en la seguridad alimentaria. Inundaciones, lluvias intensas y daños en carreteras afectan cultivos, transporte de productos y actividades económicas, especialmente en zonas rurales.
La falta de agua segura y saneamiento adecuado agrava el problema. Sin estos servicios, aumentan los riesgos sanitarios y se dificulta la preparación segura de alimentos, lo que impacta con mayor fuerza en niños, adultos mayores y comunidades rurales.
Provincias con mayor impacto
Entre las provincias más afectadas constan Guayas, Pichincha, Manabí, Los Ríos y Esmeraldas, territorios donde coinciden vulnerabilidad económica, violencia urbana y fragilidad rural. En estos sectores, la pérdida de ingresos reduce la capacidad de los hogares para comprar alimentos.
El problema no se limita a la disponibilidad de productos en mercados o tiendas. La principal dificultad está en el acceso económico: muchas familias no cuentan con ingresos suficientes para adquirir una dieta adecuada.
Respuesta humanitaria
El informe plantea medidas como asistencia alimentaria, transferencias de efectivo, apoyo a la agricultura local, entrega de semillas y herramientas, fortalecimiento de la protección social y mejora del acceso a agua y saneamiento.
La advertencia central de la organización es que la inseguridad alimentaria no solo afecta la comida diaria en Ecuador. También incide en la nutrición infantil, la educación, la capacidad laboral y la estabilidad de las comunidades. Mientras más tarde llegue la respuesta, mayor será el costo social y económico para el país.

