El panorama legislativo y ambiental del Ecuador se encuentra en un punto de ebullición tras la ratificación de las reformas a la Ley Minera por parte de la Asamblea Nacional. En una entrevista de Manavisión Plus, Yaku Pérez, reconocido líder indígena, ambientalista y defensor del agua, desglosó las implicaciones técnicas y políticas de una ley que, según su visión, prioriza los intereses de las multinacionales sobre la biodiversidad y los derechos humanos.
-Hemos escuchado de manera permanente su posición en torno a la Ley Minera, ya ratificada por la Asamblea Nacional. ¿Puede haber algo positivo en este cambio de reglas para la minería del país?
Desventajosamente tengo que decirle al país que es una ley ecocida, porque elimina para las fases de prospección, exploración inicial y exploración avanzada el licenciamiento ambiental. ¿Por qué es necesario el licenciamiento ambiental? Porque a través de esto se requieren estudios de impactos ambientales, que es la línea base para ver qué tenemos de flora, fauna, agua, biodiversidad, bosques o manglares; es un diagnóstico, una radiografía. Además, las regalías que con la ley vigente eran del 5%, ahora bajan al 3%. Se dice que se requieren recursos para el país, pero se permite que las multinacionales se lleven el 97% de regalías. Se llevan el lomo fino y nos dejan el hueso contaminado.
-El Gobierno sostiene lo contrario; afirma que esta ley busca fortalecer el desempeño operativo del sector energético para generar divisas. ¿Cómo lee usted esta postura oficial?
Mire, quiero contextualizar. Este rato la geopolítica mundial está basada en el control de los recursos naturales. Las tres grandes superpotencias —Rusia, China y Estados Unidos— buscan el control del petróleo, de la minería y de las tierras raras. Acá no necesitan de bombardear, no necesitan de misiles supersónicos; necesitan de leyes. Estas se compaginan perfectamente con el gobierno de Noboa, que es pro-imperialismo.
También el presidente Noboa tiene familia con acciones mineras. Recordemos el proyecto Las Pampas, Palo Quemado, o el proyecto Unipamba, donde el grupo Nobis de Isabel Noboa tiene el 10% de las acciones de la multinacional Adventus. Todo esto se va alineando; el gobierno va a estar feliz porque le beneficia en su plan de negocios, pero a los ecuatorianos nos perjudica.
-Usted menciona que la afectación no es solo para los pueblos indígenas, sino una preocupación nacional. ¿Qué ejemplos concretos de riesgo observa?
Si hacen minería en Quimsacocha, los 650 mil habitantes de Cuenca van a secarse; va a quedar desolado, va a ser un desierto. Si se hace minería en el Domo, en Las Naves (provincia de Bolívar), ahí nacen las aguas para el río Babahoyo, que es afluente del Guayas. Todas las plantaciones de cacao, banano, café y las camaroneras van a contaminarse. Ni los chinos ni los europeos van a recibir nuestros productos porque no pasarán las normas ISO al encontrar rastros de cadmio, mercurio y cianuro. Se perjudican todos los ecuatorianos y no habrá divisas.
-En este contexto, llama la atención la figura de los "clústeres mineros" que menciona la ley. ¿Qué implican realmente?
Es una ley neocolonizadora. Los territorios de las comunas y nacionalidades van a ser despojados para entregarlos como clústeres mineros, que es crear un estado dentro de otro estado. Funcionan con normas propias, autónomas por el imperio minero; no pueden ingresar ni las parroquias, ni los municipios, ni las prefecturas. Y quienes van a custodiar no es la guardia privada, sino las Fuerzas Armadas. Se desvirtúa lo que dice la Constitución para que los militares cuiden a las empresas mineras. Es una ley vende patria.
-Cambiando un poco de frente, hablemos de la política nacional. Usted menciona la necesidad de una 'tercera vía' ante la polarización. ¿Por qué ese mensaje no termina de calar en la ciudadanía?
Porque los egos son más grandes que el tamaño de la catedral. Los egos de los dirigentes y dueños de los partidos privilegian los intereses personales y gremiales, y no hay una confluencia amplia. Debería unirnos la lucha sin cuartel contra la corrupción, contra las economías criminales y contra la pobreza. Lastimosamente, desde el 2021, cuando teníamos esa enorme esperanza, fue frustrada por el fraude electoral que nos hizo el expresidente Lasso y compañía. Pero no hay que perder la esperanza; las utopías son para hacerlas realidad.
-Finalmente, ¿cómo ve el panorama en la Asamblea Nacional y el futuro del bloque de gobierno (ADN)?
ADN está cayendo. La caída no es estrepitosa, pero la tendencia va en caída. El presidente Noboa estuvo con el 75% de aprobación y este rato está con el 36%. Es como la ley de la gravedad: todo lo que sube, cae. Estoy seguro de que en los próximos meses la Asamblea va a sufrir una reconfiguración donde ADN se va a quedar en la orfandad. Nos han puesto a escoger entre la derecha de Noboa y el populismo de Correa; por eso urge una tercera vía que sea respetuosa de los derechos humanos y de la naturaleza, y que tenga tolerancia a los medios de comunicación que hoy son perseguidos por tener pensamiento crítico.
